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Guaidó: tercer intento

30 de abril, 2019 · Actualidad> Centroamérica y Caribe> Venezuela

Guaidó y López en Altamira esta mañana.

Juan Guidó repite jugada. No es la primera ni la segunda vez que sigue el mismo modelo infructuoso. ¿Por qué iba a salir bien ésta vez? ¿Qué pretenden la oposición venezolana y sus aliados?

Guaidó esta mañana con Leopoldo López.

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Guaidó parece desconocer otro guión: empieza el día con un golpe de efecto -la liberación de Leopoldo López-, proclama via twitter que el ejército le está siguiendo a la insurrección, llama a la gente a tomar las calles en masa, EEUU le da apoyo diplomático y político… y a la hora de la verdad la cúpula militar cierra filas con Maduro, los cuatro mandos que siguen a Guaidó son incapaces de mantener incluso a sus oficiales y el «momento definitivo» se desinfla a lo largo del día, no sin haber puesto en peligro a miles de personas usadas de carne de cañón.

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La clave es que Guaidó, López y la oposición dependen para imponerse de la fuerza militar. Y la del ejército venezolano no parece estar por la labor de abrir la ventana a una guerra entre facciones de la burguesía local -opositora y chavista- que se proyectaría inmediatamente en guerra imperialista. Así que su única opción real está fuera. No desde luego en Europa a pesar de los entusiasmos de Tajani. Europa no quiere quedar fuera desde luego, pero tampoco va a arriesgar en una apuesta tan poco fiable y cuyos beneficiarios últimos -Brasil y EEUU- le son adversos. La «solución» que la oposición busca, representando su fracaso una vez más, es una intervención militar auspiciada por el «Grupo de Lima», es decir, básicamente por Brasil y Colombia y con apoyo de EEUU.

Comparativa del ejército brasileño con el venezolano y el colombiano.

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Único problema… una intervención militar, con el ejército venezolano unido, no es asequible para Colombia. Solo una combinación con Brasil con apoyo estratégico de EEUU sería militarmente viable. Pero la burguesía brasileña está dividida: Bolsonaro prioriza la alianza con EEUU para convertir a Brasil en el «virrey» del imperialismo estadounidense en América del Sur y tener manos libres para centralizar las redes comerciales y financieras del continente; por contra, la vieja burguesía industrial y financiera y los sectores centrales del estado -encabezados por el Ejército y el Vicepresidente Mourao- creen que pueden obtener lo mismo convirtiéndose en el árbitro regional entre China y EEUU jugando con ambos lados a la vez. Una intervención en Venezuela consagraría la estrategia pro-EEUU y cancelaría la opción «neutralista» al afectar directamente al capital chino.

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Guaidó y su entorno no esperaban realmente que el jefe del estado mayor cambiara de bando hoy. Lo que esperaban era un movimiento en falso del gobierno, imágenes de represión brutal e indiscriminada que permitieran crear una urgencia real, la imagen de matanzas y combates en las calles, tal vez alimentada por algún grupo paramilitar formado con exiliados. De momento no ha ocurrido, aunque la barbarie gubernamental haya enseñado sus garras en las calles de Caracas.

Ninguna lucha bajo una bandera nacional llevará a nada que no sea más guerra, miseria y desomposición. La nación y el nacionalismo son la primera cárcel de la que hay que salir.

Ante la repetición de este cuadro impúdico en el que las dos facciones principales de la burguesía venezolana llaman a la población a convertirse en carne de cañón, tenemos que repetir una vez más un llamado a los trabajadores a escupir el veneno nacionalista que ambas mafias supuran.

El enemigo principal de los trabajadores en Venezuela, y en todo el mundo es la nación, es decir la dirección de la sociedad por una burguesía que, como el sistema que defiende, no tiene pudor ya en mostrar su naturaleza anti-humana y genocida. Ni con el gobierno ni con la oposición hay futuro alguno, ni para los trabajadores ni para nadie. Sin embargo, y por desgracia, hoy en día la clase trabajadora y las masas populares venezolanas son prisioneras del nacionalismo. Y con los trabajadores encuadrados en masa por unos o por otros, sin expresiones políticas ni luchas independientes como las que hemos visto este mismo año en México o Irán, ambas facciones de la burguesía venezolana ven las puertas abiertas para dar rienda suelta a sus luchas internas y a las matanzas en la confianza de que serán los trabajadores y los pobres los que pongan el cuerpo para defender sus intereses criminales. Si los trabajadores no afirman su independencia de ambos bandos, no hay otro horizonte que el choque imperialista incluso hasta el punto de comenzar una guerra.

Resumen en tuits

Las dos facciones principales de la burguesía venezolana llaman a la población a convertirse en carne de cañón en nombre de la patria. Llamamos a los trabajadores a escupir el veneno nacionalista que ambas mafias supuran.
Los mandos que siguen a Guaidó son incapaces de mantener incluso a sus oficiales y el «momento definitivo» se desinfla no sin haber puesto en peligro a miles de personas usadas de carne de cañón.
La «solución» que la oposición busca es una intervención militar auspiciada por el «Grupo de Lima», es decir, por los ejércitos de Brasil y Colombia con apoyo de EEUU.
Solo una combinación con Brasil con apoyo estratégico de EEUU sería militarmente viable. Pero la burguesía brasileña está dividida: Bolsonaro prioriza la alianza con EEUU, los militares quieren surfear entre China y EEUU
La oposición esperabaun movimiento en falso del gobierno. No ha ocurrido, aunque la barbarie gubernamental haya enseñado sus garras en las calles de Caracas.
La burguesía venezolana, chavista y opositora, ve las puertas abiertas a las matanzas en la confianza de que serán los trabajadores y los pobres, capturados por el nacionalismo, los que pongan el cuerpo para defender sus intereses criminales
Si los trabajadores no afirman su independencia de ambos bandos, no hay otro horizonte que el choque imperialista incluso hasta el punto de comenzar una guerra.