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Groenlandia o cuando Trump es sincero… aun sin querer

17 de agosto, 2019 · Actualidad> Europa> Ártico

Nuuk, capital de Groenlandia.

Trump pone a trabajar a su equipo en una idea aparentemente atrevida: comprar Groenlandia. La prensa del mundo responde con ironía haciéndose eco del impostado orgullo nacionalista danés. Pero tras los fingidos escándalos y las bromas cínicas, la verdad sobre Groenlandia es mucho más reveladora del capitalismo actual que lo que unos y otros quisieran mostrar.

Un infierno de desesperación

Bloque de apartamentos obreros en Groenlandia.

En Groenlandia viven poco más de 50.000 habitantes pero acarrean despesperanza para millones. La mayor parte de los adultos viven de las ayudas sociales danesas. El paro, el alcoholismo y la ausencia de perspectivas vitales han llevado a uno de cada cinco groenlandeses a intentar sucidarse alguna vez.

El nacionalismo como respuesta

Concentración nacionalista groenlandesa.

No es una maldición climática, cultural, ni genética. La tasa de suicidios empezó a subir en los 70, cuando la isla dejó de ser considerada colonia y se integró plenamente al estado danés. La pequeña burguesía local, ligada al negocio pesquero, perdió entonces los mercados norteamericanos, el paro creció y con él la pura y simple destrucción de una forma de vida que nunca había dejado de ser precaria.

La clase dirigente local supo sin embargo cabalgar la descomposión de la sociedad isleña llevando el agua a su molino. Comenzó un movimiento separatista que consiguió su éxito histórico con el referendum de 2008. Groenlandia, es decir, su pequeña clase dirigente, hacía suyos los recursos pesqueros, la minería y el petróleo y se reservaba el derecho a una independencia posterior.

La imposibilidad de desarrollo nacional independiente

Kvanefjeld uno de los mayores yacimientos de tierras raras.

¿Cómo no iba a ser viable Groenlandia? ¿Cómo no iba a desarrollarse estando asentada sobre todo tipo de recursos naturales inmediatamente convertibles en capital en el mercado mundial? La independencia económica groenlandesa auguraba una pronta independencia total… pero no fue así. La propia burguesía local se dio cuenta pronto.

El Ártico está lejos de quedar al margen del imperialismo. Aun si no tuviera recursos, sería la ruta comercial de más crecimiento y pronto la más importante para unir China y Rusia. En consecuencia, a la permanente tensión naval entre la OTAN y Rusia, hay que sumar ahora la presión de los submarinos chinos.

Para China además, el Ártico no es solo una ruta. Es un objetivo de su expansión regional. Y en concreto, Groenlandia, un semi-estado débil al que lleva «opando» varios años con la complicidad de una parte de la burguesía local. Otra, la que sigue más ligada a Dinamarca y está cada vez más consolidada en el gobierno, hace a la vieja metrópoli presente a través de incansables ejercicios de guerra total contra Rusia y China. Trump quiere Groenlandia para frenar la expansión china y rusa en el Ártico, además de para suplir la dependencia de tierras raras, uranio, etc.

No, Groenlandia dista mucho de ser un pequeño y bucólico país de hielos eternos y ancestrales tradiciones nórdicas e inuit. Groenlandia es un infierno de descomposición social en medio de uno de los principales campos de batalla imperialistas. Alcanzar un desarrollo nacional independiente allí es una utopía irrealizable… como en cualquier otro lugar del mundo.

Trump y la inconfesable verdad de la nación

Cómo EEUU ganó su territorio actual

Dicen en la prensa que Trump es el presidente más mentiroso de la historia de EEUU, pero para ser honestos, si su brutalidad escandaliza a la progresía de todo el mundo es por su sinceridad: cada cierto tiempo expresa sin eufemismos, la forma de pensar de la clase dominante sin reparar en las contradicciones más flagrantes. Es ofensivo, claro. Pero el problema no es lo que se dice, sino la realidad que se transparenta en cada «barbaridad» presidencial. Y en este caso lo que se transparentaba era nada más y nada menos que… el significado real de la nación para la burguesía. Por eso, tras las bromas iniciales salieron rápidamente al quite no pocos opinadores en EEUU diciendo que la concepción del presidente estada «anticuada» y que confundía la estrategia nacional con la lógica inmobiliaria.

¿Por qué acusarle de «anticuado»? Porque a fin de cuentas, EEUU ganó mediante compras todo el territorio que no conquistó a otros estados. Comprar Groenlandia tampoco es ninguna originalidad, en 1867 lo intentó por primera vez y en 1947 Truman lo intentó de nuevo. Se podría decir que la compra de Groenlandia es un empeño de la largo aliento del expansionismo estadounidense. No se puede negar e invisibilizar con una broma. Así que hay que los propagandistas tienen que conformarse con negar que forme parte de la realidad actual. EEUU compró territorios «antes», ahora… está anticuado, «hay otras formas», etc. Vamos, que EEUU fue expansionista en una época, imperialista en otra, pero ahora… ¡¡qué va!!

Y lo que es más importante, la brutal sinceridad Trump proponiendo la compra de Groenlandia duele a los ideólogos del sistema porque no pueden aceptar que se diga abiertamente que el «sagrado territorio nacional» no es para la clase dominante otra cosa que «su finca» colectiva, un corralito donde explota a placer a los residentes. Una simple parcela que puede ampliarse o reducirse con compra-ventas o acuerdos y traspasarse «con los trabajadores dentro». Vaya alguien a pensar que lo de la unión mística de territorio y cultura era un cuento desde el principio, que la nación no es sino la burguesía dirigiendo de modo efectivo, es decir, dominando al conjunto social de ese gran cortijo que explota sádicamente.

Tuits

Groenlandia dista mucho de ser un pequeño, pacífico y bucólico país de hielos eternos y ancestrales tradiciones nórdicas e inuit. Su realidad revela las claves del capitalismo actual
El paro, el alcoholismo y la ausencia de perspectivas vitales han llevado a uno de cada cinco groenlandeses a intentar sucidarse alguna vez.
La pequeña burguesía groenlandesa cabalgó con éxito la descomposición y la crisis desde los 70 para llevar el agua su molino a través del nacionalismo
Groenlandia es un infierno de descomposición social en medio de uno de los principales campos de batalla imperialistas. Alcanzar hoy un desarrollo nacional independiente es una utopía irrealizable
Trump quiere Groenlandia para frenar la expansión china y rusa en el Ártico, además de para suplir la dependencia de tierras raras, acceder a petróleo, uranio, etc.
La brutal sinceridad Trump proponiendo una compra les duele porque no pueden aceptar que se diga abiertamente que el «sagrado territorio nacional» no es otra cosa que la finca de la clase dominante
La «compra» deja en evidencia que la unión mística de territorio y cultura era un cuento desde el principio, que la nación no es sino la burguesía dirigiendo ese gran cortijo que explota sádicamente