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Francia: huelga de ferroviarios supera a los sindicatos

5 de noviembre, 2019 · Actualidad> Europa> Francia

Desde el 21 de octubre, los trabajadores del centro de mantenimiento ferroviario de Châtillon, verdadero centro neurálgico de las redes de tren de alta velocidad del oeste francés, se han declarado en huelga sin preaviso al margen de los sindicatos. Se levantan contra las pésimas condiciones laborales y el control sindical que llevó a la desastrosa huelga de 2018.

Comunicado de los huelguistas del Technicentre de Châtillon

Nosotros, agentes en huelga del Technicentre [centro de mantenimiento, TATL] de Châtillon, en la red de TGV del Atlántico, hemos dejado de trabajar masivamente desde el lunes 21 de octubre por la noche, sin consultar a los sindicatos ni estar encuadrados por ellos. La Dirección considera que nuestra huelga es ilegítima porque no estaríamos dentro del plazo de 48 horas para el servicio mínimo, pero era la única manera de hacer oír nuestra voz. ¿Acaso respeta nuestra propia Dirección el servicio diario que se presta a los viajeros?

Nuestra rabia es real y profunda, estamos decididos a luchar hasta el final de nuestras reivindicaciones, por respeto y dignidad. Ya no podemos aceptar trabajar con salarios cercanos al salario mínimo y congelados durante 5 años, sin personal suficiente y con agentes que renuncian cada vez más. Nos avergüenza ver cómo la SNCF juega con la seguridad o la comodidad de los pasajeros, por razones de flexibilidad y rentabilidad. Respetaremos los plazos de preaviso [de huelga] cuando la propia Dirección respete a los empleados, pero también a los pasajeros que pagan cada vez más por los trenes, con cada vez menos servicio, asientos anticuados, vagones a veces con váteres clausurados, puertas bloqueadas, o incluso aire acondicionado fuera de servicio durante las olas de calor.

Pedimos poder ejercer nuestra profesión con respeto y dignidad, esto no es posible con bellas palabras y discursos, sino con la mejora de nuestras condiciones de trabajo. ¡Estamos hartos de reorganizaciones, de bajos salarios, de los recortes de empleo y falta de personal!

Llamamos a todos los trabajadores ferroviarios a que levanten la cabeza con nosotros, porque la situación actual en Châtillon es de hecho un reflejo de una política nacional. La Dirección no tiene reparos en hacernos cargar con la culpa de su política, al igual que con el «derecho de retiro» en contra del «EAS» y de la seguridad de los usuarios.

Durante demasiado tiempo hemos permitido que esto ocurriera sin decir nada, pero hoy en el TATL decimos que hay que poner fin a esta política de la empresa. ¡No venderemos nuestra dignidad, nuestra seguridad ni nuestra salud!

Los ferroviarios del TATL, Paris el 27 de octubre de 2019.

Además de este comunicado, escuchemos lo que tienen que decir los propios trabajadores en huelga (transcrito y traducido al español bajo el vídeo):

Para empezar, nos han atacado las 140 horas de descanso que querían quitarnos. Tenemos unas condiciones de vida muy complicadas, nos encontramos sin suficientes efectivos pero el trabajo sale a la hora, hay mucho profesionalismo en lo que hacemos. Las condiciones de trabajo son ya muy muy complicadas.


Aquí sólo te contratan si has conseguido al menos el bachillerato y empiezas por debajo del salario mínimo. Trabajo los fines de semana, los días festivos, las noches. Querían aumentar nuestras noches de trabajo de 70-90 (por año) a 124, es decir, la mitad del año no duermo con mi mujer. Nos hemos detenido sin respetar los plazos… ¿Por qué deberíamos respetarlos a ellos si ellos no nos respetan?


Es necesario que todos sepan algo hoy, en la SNCF no somos los únicos en esta situación y que, desgraciadamente, la mala situación no se encuentra sólo en los Technicentres, sino en la SNCF como un todo. Lo que hemos hecho espero que sirva para todos los colegas que sufren esto. A ellos les decimos: os podéis defender, y les hemos demostrado cómo lo hacíamos. Hemos sido solidarios y hemos estado juntos de principio a final. Y eso es algo que la dirección nos quiere hacer pagar.

¿Cómo se ha llegado hasta aquí? La SNCF se encuentra no sólo bajo un desmantelamiento a gran escala por el estado francés, sino que siempre ha sido uno de los buques insignia del sindicalismo francés. Sus trabajadores se encuentran, más que encuadrados, constreñidos en toda una camisa de fuerza sindical con varias capas, diseñada para disipar cualquier lucha de clases dirigida hacia posiciones fuera del control estatal ejercido por los sindicatos. De ahí la sorpresa de los medios ante la huelga de Châtillon.

Hay algo que no funciona en la SNCF. En el plazo de una semana, la compañía ferroviaria ha sufrido dos movimientos sociales bajo formas inéditas: un derecho de retirada masivo y una huelga sin aviso previo. Lo nunca visto por los sindicatos desde al menos 1986. Sin avisar, los ferroviarios han dejado de trabajar, «posé le sac», según la jerga ferroviaria francesa. ¡Una verdadera ruptura! Desde 2004, para evitar las huelgas intempestivas que afectan a los pasajeros, un cuadro legislativo fue instaurado para convertir el diálogo social en la regla. Señal de un hastío profundo en el seno de la empresa, este contrato social ha recibido dos navajazos sucesivos.

Los trabajadores se han alzado contra las medidas de contención, el supuesto «contrato social» que negociaron los sindicatos con el estado para atar a los empleados a la ganancia de la empresa estatal.

Jugarretas de la empresa y los sindicatos

La última lucha de los trabajadores anterior a esta nueva conflagración ocurrió en la primera mitad de 2018. Por aquél entonces, el sindicato más «radical» dentro de la SNCF (SUD-rail) consiguió arrastrar a la CGT y a los otros sindicatos a formar un «comité intersindical» que tomase el control y ahogase cualquier intento de los trabajadores de organizarse por sí mismos. A golpe de «huelgas rotativas» en lugar de huelgas continuas y de negociaciones con la SNCF, el «comité intersindical» consiguió ahogar las peticiones de los trabajadores y obtener un acuerdo con el gobierno… a cambio de mejorar los beneficios de la empresa.

Los efectos no se hicieron esperar. Para empezar, despidos masivos de personal. Entre los despedidos se encontraban sindicalistas de la propia SUD-rail, incrédulos ante los resultados de su propia jugarreta:

Líneas ferroviarias abandonadas, trenes yaciendo en cementerios de locomotoras, paso de un mínimo de dos a un sólo operario por convoy… Y es ésta última medida la que ha vuelto a encender la mecha de la combatividad de los trabajadores de la SNCF. El 16 de octubre de 2019, un tren de pasajeros arrolló a un camión en un paso a nivel de las Ardenas, descarrilando acto seguido. En ese tren sólo iba un operario, el conductor, quien se vio obligado a salir herido del tren y avisar por la cabina de comunicaciones para que detuvieran la circulación de trenes. EL 18 de octubre, centenares de ferroviarios usaban su «droit de retrait» para dejar sus puestos en señal de protesta por la peligrosidad del sistema de operario único. El «droit de retrait» permite a los ferroviarios interrumpir su trabajo sin un preaviso de 48 horas si consideran que se encuentran en situación de peligro.

El estado respondió encolerizado, con el primer ministro francés llamando a perseguir legalmente a los ferroviarios. Los ferroviarios no solo no se achantan sino que desde la compañía belga SNCB hasta la propia inspección de trabajo francesa considera que el sistema de operario único es un verdadero peligro… La cólera de los trabajadores ha ido en aumento por las condiciones inhumanas y el trato de estado y sindicatos, cólera que se está cristalizando hoy en día en huelgas como las de Châtillon que se saltan los controles sindicatos y desgarran la camisa de fuerza sindical.

Para intentar frenar el movimiento, el estado ha mentido difundiendo en los medios que los trabajadores de Châtillon querían cobrar los días de huelga, algo que nunca han pedido pero que podría inflamar a la opinión pública. Los sindicatos por su parte intentan ahogar el movimiento iniciado por los trabajadores de Châtillon llamando a una huelga bajo control y condiciones sindicales. Todo esto iniciado por el mismo sindicato SUD-rail, los enterradores que acabaron con el movimiento de 2018.

La huelga se extiende, los sindicatos y el estado siguen intentando encuadrar al movimiento

El lunes 4 de noviembre la huelga se extendió a los Technicentres de Landy y TSEE… Sin embargo aún no está claro si esta extensión ocurre bajo control sindical o no.

🎙Ils sont chaud les cheminots du Landy❗️Soutien total, la direction doit entendre les revendications des cheminots du Landy‼️

Posted by SUD Rail Paris Nord on Monday, November 4, 2019

Mientras tanto, el estado declaró abiertamente sus objetivos. El presidente Farandou de la SNCF insiste sobre la «competitividad»:

Las reorganizaciones, los cambios de organigrama, de relaciones jerárquicas, de responsabilidades han sido demasiado frecuentes estos últimos años. Para cada nuevo proyecto, pediré a los gerentes que se pregunten dos cosas. ¿Es bueno para el cliente, es bueno para la competitividad de la empresa?

El dirigente del segundo sindicato de la SNCF replica alabando al presidente en unas declaraciones a Libération:

Farandou juega el papel de presidente que calma el juego y evitar lanzar inflamar la situación. Quiere romper con los métodos del pasado reuniendo a las organizaciones sindicales para encontrar una puerta de salida.

La eterna trampa sindical

Exigirle «carga de trabajo» al capital es aceptar que nuestro bienestar depende de él y que luchar no tiene sentido porque no hay intereses de los trabajadores distintos de los del capital.

El juego entre sindicatos y estado para encuadrar a los trabajadores acorralándoles en una posición imposible ya ha empezado. La prioridad de la unión sindicatos-estado será ahogar al movimiento de Châtillon llevándolo al puerto, seguro para ellos, de la esclavitud de las necesidades humanas a la rentabilidad de la empresa.

Es el «sentido común» del «solo con beneficios la empresa puede satisfacer las necesidades de los trabajadores», inevitablemente seguido de la «justicia social», traducido: un «reparto» de esos beneficios que sea «justo» con el capital, es decir, que asegure una rentabilidad equivalente a la media de los otros destinos alternativos de inversión.

¿Dónde está la trampa?

Participación de los salarios en la renta española desde 1978 (incluyendo participaciones de beneficios disfrazadas de salarios). La participación del trabajo solo crece cuando el capital sufre un crack y aun no han tenido tiempo de atacar aun más a los salarios.

La explotación de los trabajadores no es la suma de «explotaciones» empresa a empresa. El capitalismo es un sistema de explotación de una clase por otra. Desde el punto de vista del capital el «tejido empresarial» es un sistema de vasos comunicantes por el que se mueve el capital. Un sistema que iguala los resultados de cada aplicación de inversión en función de su participación en el total del capital nacional dada una productividad media, premiando las «mejoras» en la explotación como desviaciones sobre la media y castigando las desviaciones por debajo.

Por eso, afirmar que sin beneficios no se pueden satisfacer las reivindicaciones de los trabajadores es lo mismo que decir que la empresa «no puede» perder posiciones en la ordenación relativa del capital total. Decir que la «inflexibilidad» de los trabajadores «condena al cierre» es lo mismo que decir, que el capital nacional está dispuesto a cortarse un tentáculo antes que perder rentabilidad global.

La huelga de masas de 1968 en Nantes

La diferencia entre una lucha de clase en el ámbito de la empresa y una lucha como clase, es que la primera, encerrada en los muros de la empresa cuestiona la rentabilidad de una aplicación del capital y solo potencialmente al capital en su conjunto, mientras que la segunda, la lucha en tanto que clase que se extiende más allá de las empresas para presentar un frente único de necesidades humanas, cuestiona al capital en su conjunto al punto en que no puede optar por sacrificar ninguna aplicación particular.

¿Cómo se sale de la trampa?

Delegados del soviet de Shush, Irán, dirigiéndose a la asamblea en la calle el pasado noviembre.

Hoy más que nunca, entender la lucha de clases como una lucha limitada a la empresa o incluso al sector es meterse en la trampa sindical de motu propio. La forma de salir es extender las luchas. Pero las luchas no se extienden mediante el idealismo de las formas, sino por la materialidad de sus contenidos, contenidos que se expresan en consignas y reivindicaciones. Por eso los comunistas debemos no solo llamar a la unificación y la extensión de la huelga, sino a darle un sentido político aportando consignas que permitan articular esa extensión no solo en SNCF sino más allá, poniendo coto a la lógica sindical de supeditación. Para empezar: ¡Despedidos y precarios para dentro de nuevo! ¡Menos horas de trabajo y más paga!


Actualización

Viernes 8 de noviembre

La dirección de la empresa finalmente se echó atrás el jueves por la tarde ante la determinación de los huelguistas y la incapacidad de los sindicatos para devolverlos al redil y «representarlos» una vez los trabajadores estaban organizados en asambleas abiertas y soberanas que votaban a mano alzada no había marcha atrás posible: las divisiones artificiales, los «pactos» con la empresa, el «sentido común» que imponía la necesidad del dividendo sobre las necesidades humanas genéricas de los trabajadores, cayeron como naipes. Es la primera victoria de los ferroviarios franceses en décadas. Y lo que queda no es solo una una plantilla que, liberada por primera vez en mucho tiempo de la policía sindical, disfruta de los lazos creados en la lucha, sino un ejemplo del camino a seguir por todos los trabajadores.

La experiencia de esta semana marca el contraste de la alternativa histórica tal y como se presenta en este momento a los trabajadores. Por un lado intentar defendernos y defender nuestras necesidades en el seno de luchas «populares», sometidas a la dirección de una pequeña burguesía sin proyecto histórico. Siria en su día, Líbano, Irak y Bolivia hoy, muestran que ese camino solo puede pudrir la situación y acabar integrando la lucha, como vimos en Bolivia, en el conflicto inter-imperialista, es decir, encarrilarla hacia un horizonte de guerra.

La otra opción, la única conducente, es luchar como trabajadores superando, en primer lugar, el cerco sindical, que es lo que hemos visto en los ferroviarios franceses. Sin eso, como vimos en Chubut, es estéril esperar nada ni siquiera de las extensiones que nos propongan los sindicatos, extensiones que serán siempre en falso.

En «De la derrota como «pueblo» a la victoria como trabajadores»

Tuits

Después del desastre de 2018, los trabajadores propusieron declarar huelga en la red de TGV y sin preaviso como el paso siguiente. Los trabajadores de Châtillon han ido a la huelga haciendo exactamente eso y a parte de los sindicatos
El estado ha mentido a los medios sobre las reivindicaciones de los trabajadores de SNCF. Los sindicatos por su parte intentan ahogar el movimiento de los trabajadores de Châtillon llamando a huelga bajo control y condiciones sindicales.
La SNCF es uno de los buques insignia del sindicalismo francés. Sus trabajadores se encuentran dentro de una camisa de fuerza sindical, diseñada para disipar la lucha de clase. De ahí la sorpresa ante la huelga de Châtillon.
El estado declara abiertamente sus objetivos. El presidente de la SNCF insiste sobre la «competitividad», mientras el dirigente del segundo sindicato de la empresa replica alabándolo.
La explotación de los trabajadores no es la suma de «explotaciones» empresa a empresa. El capitalismo es un sistema de explotación de una clase por otra. La forma de salir de la trampa es extender las luchas al margen de los sindicatos.
Llamemos no sólo a la unificación y la extensión de la huelga, sino a darle un sentido político con consignas que permitan articular esa extensión más allá. ¡Despedidos y precarios para dentro de nuevo! ¡Menos horas de trabajo y más paga!