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Europa: la guerra bajo la alfombra

2 de julio, 2019 · Actualidad> Europa> Unión Europea

Ursula von der Leyen y Angela Merkel

El último momento de las trabajosas negociaciones para la elección de los altos cargos de la UE apunta a Ursula von der Leyen, la medrosa ministra de Defensa alemana, como presidenta de la Comisión Europea en sustitución de Juncker. ¿Qué pudo llevar a «comisionable» un personaje tan decadente como la aristocracia de la que proviene?

La UE está hecha trizas. El cisma entre Francia y Alemania alimenta el caos más allá de lo que era imaginable hace unos meses nada más, cuando ya era preocupante y comenzó a perfilarse una Alemania cada vez más sola azuzada permanentemente por una Francia más y más beligerante. Y es que aunque hoy todos los medios del mundo reportaron el show de apertura del Parlamento europeo, con el partido del Brexit escuchando el himno de espaldas y el independentismo catalán metiendo bulla en la plaza, ni unos ni otros son ya las fuerzas centrífugas dominantes.

Los diputados del Partido del Brexit dan la espalda a la presidencia durante el canto del himno europeo.

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Si los países del grupo de Visegrado fueron los primeros en poner en jaque los acuerdos para sustituir a Juncker a la cabeza de la comisión en la UE, ha quedado claro pronto que Merkel no iba a obtener apoyos para Timmermans ni siquiera en su partido. La vieja y enferma canciller es hoy ya un rival a derribar sin costo.

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En primer lugar, porque podemos hablar ya de un «bloque pro-EEUU» dentro de la UE más allá de Visegrado. Empezando por Italia, cada vez más resentida por las imposiciones de Bruselas. Pero por supuesto, incluyendo a la Gran Bretaña de Brexit, un terreno de batalla, centrado ahora en la elección por los conservadores del primer ministro en el que la implicación de los «servicios» de varios países es cada vez más evidente y las opciones cada vez más violentas.

Los primeros ministros y presidentes del grupo de Visegrado en Budapest.

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Por si la tensión fuera poca… EEUU, cuyas guerras arancelarias son más sofisticadas y sutiles de lo que pondera la prensa, ataca hoy mismo aceitunas (Italia), whisky (Gran Bretaña) y quesos (Francia y Holanda). 3500 millones «simbólicos» que dejan claro que no hay componendas intra-europeas aceptables y que EEUU va a seguir presionando hasta decantar bandos. En la misma Alemania no faltan voces que buscan, desesperadas, un posible amistarse con EEUU sobre la base de la común rivalidad con China… comenzando por la delfín oficial de Merkel.

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Pero si algo ha caracterizado al imperialismo alemán siempre es su miopía e inmediatismo, su incapacidad para repartir juego limitada por un nacionalismo victimista cada vez más contraproducente a sus propios intereses. Mientras el Parlamento alemán discute el fin de la austeridad y desecha los argumentos que hace nada alimentaban las peores peroratas racistas en su voluntad de ejemplarizar a Grecia y los países del Mediterráneo, la cancillería alemana normaliza relaciones con el gobierno de Maduro dinamitando unilateralmente el marco europeo que ella misma trató de imponer.

Las reuniones europeas «en la cima», ya no son lo que eran.

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Y al final, visible o invisible, siempre: Francia. La burguesía francesa se ha sentido saboteada y engañada por Merkel y la culpa de sus dificultades para mantener el control social, su presencia global y hasta las infraestructuras básicas en pie. El resultado es un Macron «a la contra» que ahora dice que Francia dice «no está preparada» para ratificar el acuerdo con Mercosur y que desde el principio está haciendo lo que puede para dinamitar el arranque del nuevo curso institucional europeo tal y como lo diseñó Merkel. Las amenazas nada veladas de Merkel y el uso de expresiones como «baño de sangre» muestran que estamos ya mucho más allá de un «disgusto»: la oposición Francia-Alemania es tan definitoria de la UE hoy como lo era el «eje» hasta hace unos meses.

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Las consecuencias

El protagonismo de las fuerzas centrífugas de la UE ha pasado de los movimientos de rebelión de la pequeña burguesía a las batallas por la orientación imperialista entre estados. Las consecuencias son, literalmente, sangrantes: empezando por Libia. Pero como se ve hoy mismo, no van a quedar ahí si, como es previsible, el encono prosigue. Si Francia sabotea el acuerdo de asociación con Mercosur dejaría al último contenedor sudamericano sin «sentido». El estallido europeo -ahora o más adelante- no hará más que multiplicar las tendencias hacia la guerra en todo el mundo y de manera inmediata.

Actualización

Se confirma que Ursula von der Leyen presidirá la comisión, Lagarde el BCE, Borrell será Mr. Pesc y Charles Michel será el próximo presidente del Consejo Europeo sustituyendo a Tusk. Merkel coloca a una de sus ministras en el mayor puesto de la UE, pero Macron pone una estrella francesa en el BCE y a dos francófilos muy cercanos en los otros dos puestos clave.

Lee el artículo donde comentamos el reparto final de cargos en la propuesta del Consejo

Resumen en tuits

La UE está hecha trizas. El cisma entre Francia y Alemania alimenta el caos. Alemania está cada vez más sola y azuzada permanentemente por una Francia más y más beligerante
El protagonismo de las fuerzas centrífugas de la UE ha pasado de los movimientos de rebelión de la pequeña burguesía a las batallas por la orientación imperialista entre estados
Estamos ya mucho más allá de un «disgusto»: la oposición Francia-Alemania es tan definitoria de la UE hoy como lo era el «eje» hasta hace unos meses
Las consecuencias del cisma europeo son sangrantes: empezando por Libia pero apuntando ya, inmediatamente, a Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay), Europa del Este y Oriente Medio
Podemos hablar ya de un «bloque pro-EEUU» dentro de la UE más allá de Visegrado. Empezando por Italia, cada vez más resentida por las imposiciones de Bruselas
Si algo ha caracterizado al imperialismo alemán siempre es su miopía e inmediatismo, su incapacidad para repartir juego limitada por un nacionalismo victimista cada vez más contraproducente a sus intereses
Europa se está convirtiendo no solo en terreno de combate entre los imperialismos de EEUU y China, sino en un multiplicador de las tendencias hacia la guerra a nivel global