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Éste no es el primer fin del mundo

18 de diciembre, 2019 · Marxismo> Crítica de la ideología

¿Emergencia climática? ¿Extinción de la especie? Nada nuevo. Desde principios del siglo XIX, alarmas apocalípticas de todo tipo han generado «movimientos», debates parlamentarios, congresos, reformas legales y hasta cambiado la forma del transporte o restringido el matrimonio para determinadas personas. Nunca acertaron en sus predicciones.

Tipología del Apocalipsis

Malthus, padre teórico de la moral burguesa.

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Apocalipsis malthusiano. El modelo clásico elaborado por Malthus en 1798. Es un apocalipsis por sub-consumo al crecer la población más rápido que algún recurso básico para mantenerla con vida. El modelo se incorporó a los argumentos del autor en 1814 para discutir el efecto de las leyes sobre cereales («corn laws»). Según Malthus, en contra del criterio del resto de economistas de renombre de su época, la apertura del mercado de granos al comercio exterior, desbocaría la población y traería la ruina y pobreza… Cosa que no ocurrió. Naturalmente, la principal utilidad política de los delirios malthusianos era el sometimiento de la clase obrera, que sus predicciones se cumpliesen o no, era lo de menos.

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Apocalipsis por «sobre-consumo». En 1894 el mismísimo «The Times» alertó que, de seguir creciendo el número de carruajes, la ciudad de Londres perecería envenenada por los excrementos de sus propios caballos de tiro. La alarma consecuente dio pie a un primer congreso mundial de urbanismo y allanó el camino a las inversiones públicas que adaptaron las ciudades al automóvil.

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Apocalipsis por promiscuidad. En cuanto las migraciones masivas empezaron a crear un proletariado de base cosmopolita, miles de médicos, políticos y moralistas de la pequeña burguesía de la época se lanzaron a pronosticar la «degeneración de la especie». Arrancaba así la «Eugenesia» como movimiento socio-político. Los eugenistas propusieron reformas legales basadas en un supuesto «consenso científico» que acabaron en las leyes de Nuremberg.

Al final todos estos apocalipsis y alguno más que podamos encontrar, más allá del tufillo irremediablemente puritano y culpógeno que destilan, se resuelven en constricción moral, control poblacional centrado en los trabajadores migrantes y transferencias masivas de rentas de los trabajadores al capital para que este, a través del estado, reduzca los riesgos de un cambio tecnológico en el transporte y la ordenación urbana. Nada tan distinto a lo que estamos viendo hoy.

El patrón malthusiano: la alarma de recurso escaso

Jevons predice un crecimiento exponencial de la demanda de carbón hasta el año 2000

Quisiera señalar a la atención de quienes piensan que el fracaso del carbón es una noción absurda y que, tal vez, añadirían que el petróleo puede sustituir al carbón cuando sea necesario, los resultados de una investigación emprendida recientemente por el Sr. Hunt sobre un aumento de la oferta de carbón de caña. Diez años de la supuesta producción agotarían el canal del Norte de Gales, y dos autoridades, el Sr. Binney y el Sr. J. J. Landale, están de acuerdo en que el carbón para la extracción de petróleo de Boghead no durará muchos años.

Es evidente, en definitiva, que la repentina demanda de fabricación de petróleo, sumada a la creciente y constante demanda de las plantas de gas, agotará los peculiares y más finos yacimientos de petróleo y carbón para la producción de gas en un período muy breve.

William Stanley Jevons, The Coal Question 1866

Jevons entró en la escena pública con un texto que sabía que iba a ser altamente polémico, de hecho y según sus propias palabras lo escribió para ganarse un dinero más que por necesidad intelectual. Sin embargo, Jevons seguiría insistiendo en que la escasez de carbón y la superpoblación traerían la ruina al Reino Unido. La portada de su libro muestra curvas donde se prevé una demanda exponencialmente creciente de carbón que llega a una asíntota hacia el infinito cerca del año 2000. El libro fue tremendamente popular y generó encendidos debates en el parlamento, aunque hoy resulten evidentes los enormes errores de apreciación de Jevons. Para Jevons, el petróleo nunca sería capaz de sustituir al carbón, aunque eso fue exactamente lo que acabó pasando. En una curiosa desviación del dogma económico y por razones no especificadas, la subida de precios del carbón no estimularía el desarrollo de nuevas técnicas y fuentes de energía para continuar la acumulación del capital.

Cuando Jevons publica su libro en 1866, ya hay varias docenas de refinerías de petróleo en funcionamiento en la ciudad estadounidense de Pittsburgh. Inicialmente comercializado en EEUU como un «elixir mágico» destilado del petróleo para curar todas las enfermedades, el queroseno encuentra una gran demanda interna y externa como fuente de iluminación y energía mucho más limpia que el carbón. Grandes buques navegan corriente abajo cargados con los productos de Pittsburgh, atrayendo a cada vez mas capitales. Carnegie invierte sumas colosales derivadas de sus refinerías en la industria local del acero y se funda Standard Oil poco después. Ya durante la guerra civil estadounidense, Europa consumía hasta el 70% de la producción nacional. Los capitales invertidos en la producción y refinado de petróleo habían ganado la jugada de largo desde el momento en que la pequeña burguesía anglosajona organiza una campaña para reducir la contaminación urbana eliminando el uso extensivo del carbón a principios del siglo XX.

Cartel de nitratos de Chile como los que hasta hace poco abundaban todavía en los pueblos españoles.

Jevons murió ahogado durante uno de sus descansos balnearios en 1882. Por aquél entonces las preocupaciones apocalípticas habían cambiado de foco. Será otro químico inglés el que dé la alarma malthusiana, el rocambolesco William Crookes, presidente de la asociación química británica. En 1898 Crookes se reúne como presidente con el pleno de la sociedad química y anuncia que buena parte de la población británica estará sufriendo hambruna en 1930 debido a la falta de fertilizantes para la agricultura mundial. El Reino Unido se había apropiado de las minas de salitre de Chile, pero según él pronto se iban a quedar sin nitratos si continuaba creciendo la población mundial:

La fijación del nitrógeno es vital para el progreso de la humanidad civilizada […] Consideraciones como esta determinarán finalmente la capacidad y las vías del comercio, quizás el destino de continentes enteros. Debemos desarrollar y guíar las energías latentes de la Naturaleza, debemos usar sus más profundos talleres.

William Crookes, 1898

Esto volvió a estimular la ansiedad y el nerviosismo en el Reino Unido, iniciando una carrera para «evitar el desastre». Pero el principal afectado a finales del siglo XIX y principios del XX no fue el Reino Unido, sino Alemania. El capitalismo se retorcía y los preparativos de una guerra mundial se acercaban, pero los británicos controlaban la llave del grifo de los nitratos mundiales. La fijación de nitrógeno es un proceso básico para el ecosistema, todas nuestras proteínas requieren estructuralmente nitrógeno y no hay planta ni animal que pueda pasar sin él. Sin embargo, las plantas en sí no pueden fijar nitrógeno, sólo algunas legumbres pueden hacerlo indirectamente alojando a bacterias que sí poseen la compleja maquinaria para convertir el nitrógeno -razón por la cual se rotan los campos con leguminosas. Somos absolutamente incapaces de imitar a escala industrial este proceso, por lo cual encontrar una solución viable se convirtió en prioridad estratégica del capital alemán. Hacía falta encontrar una manera de combinar nitrógeno con hidrógeno gaseosos para dar amoníaco (que podía ser convertido fácilmente en nitratos). Era algo que nunca se había intentado, combinar dos gases a alta presión y temperatura para superar la barrera energética sin dañar las instalaciones no era broma. Pero los alemanes lo consiguieron, Haber y Bosch diseñaron el proceso que usamos hoy en día para fertilizar el mundo entero, se calcula que la agricultura mundial no hubiese podido sostener más de 4000 millones de personas sin el proceso Haber-Bosch.

Dos lecciones prácticas sobre el malthusianismo

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Cada vez que los malthusianos anuncian que la sociedad es «adicta» a un recurso escaso, la técnica les desbarataba las predicciones apocalítpticas. Ya fuese el «peak coal», «peak nitrate» o «peak oil», anunciado en vano casi una docena de veces desde 1956, no hay manera, las predicciones nunca se cumplen.

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Las verdaderas razones por las que el capital alemán necesitaba los nitratos se harían obvias a partir de 1914, cuando el proceso Haber-Bosch fue usado para fabricar cantidades inmensas de explosivos y armas químicas. El propio Bosch había sido uno de los fundadores de la misma IG Farben que fabricaría luego el «Zyklon B» para el genocidio…

Bajo el capitalismo decadente, por cada paso hacia la abundancia, se dan dos para aumentar la explotación y otro para preparar la masacre del proletariado mundial.