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España, Francia, Italia… empiezan a saltar las costuras del aparato político

5 de mayo, 2020 · Actualidad> Europa> Unión Europea

La líder neofascista Meloni protesta contra el confinamiento.

Empiezan a saltar las costuras del aparato político. El Senado francés rechaza el plan de «desescalada» de Macron. En España los socios independentistas del gobierno Sánchez le abandonan poniendo en jaque la renovación del «Estado de alarma». Ni hablemos de Italia donde se está radicalizando pequeña burgesía al punto de poner el liderazgo de Salvini en cuestión a favor del de Meloni, la neofascista partidaria de la apertura inmediata de todas las empresas y el comercio. No llegará la sangre al río. Pero es una primera señal de algo importante.

No llegará la sangre al río porque el voto del Senado francés es meramente testimonial y porque el PP, partido sistémico, por mucho que deteste a Sánchez, no puede hacer otra cosa que apoyarle aunque sea a cambio de un programa más simbólico que otra cosa. Pero la señal está ahí. A la «unión sagrada antivírica» le está costando cada vez más contener a sus fuerzas centrífugas incluso dentro de los bloques de gobierno.

No es que la eclosión de luchas de trabajadores, revitalizada en Italia esta semana con el desconfinamiento, esté arrastrando a la pequeña burguesía hacia el descontento. Al revés, la pequeña burguesía se está radicalizando en un sentido opuesto y abiertamente antisocial: quiere una «desescalada» aun más rápida. «El negocio sufre, húndase el mundo», parece su lema.

A esas prisas de base y a la tendencia permanente hacia el pensamiento mágico propio de esa clase -«necesitamos reabrir cuanto antes, abramos que no será tan grave»- hay que añadir el peso de la ideología. Mientras la burocracia se ha hecho «keynesiana» y centralista de la noche a la mañana con convicción proporcional a las necesidades del capital nacional, la pequeña burguesía ante la inseguridad se reafirma en sus viejas fórmulas.

Es obvio en los nacionalistas regionales. Pero en el caso del nacionalismo ultra representado por Vox en España, la cosa llega abiertamente a tiro en el pié del capital nacional. Están tan apegados a la superstición moralizante «neoliberal», ampliamente usada por Rajoy en la última gran recesión, que en plena batalla europea, toman partido contra el estado y el capital español apoyando la postura holandesa. Ni los mensajes de Ana Patricia Botín y otras tantas figuras de la burguesía española les han movido un ápice.

La fractura de la UE, agravada hoy mismo por la decisión del Tribunal Constitucional alemán de declarar «parcialmente inconstitucional» las políticas de compras masivas del Banco Central Europeo durante la última gran recesión, amenaza con estallarle en la cara… a cada burguesía nacional europea. No solo como una escalada del diferencial comercial y político de Alemania en la UE, sino con un nuevo episodio de revuelta pequeñoburguesa.

Campamento de jornaleros en Italia

Ni una cosa ni la otra son buenas noticias para los trabajadores. La salida del manual del capitalismo de estado para los países que «quedan atrás», como Italia, España, Irlanda, Portugal o Grecia, pero también Polonia o Chequia, es una devaluación, que ya de por sí significaría un ataque a la capacidad de compra de los salarios, moderada de momento, por los bajos precios del petróleo. Pero en el marco del euro, de un euro además reforzadamente deflacionario y con un capital alemán ganando espacio a sus rivales dentro de las fronteras UE, las devaluaciones monetarias ni se contemplan. La «salida» a la que apostará cada burguesía nacional será, como en 2009, una carrera por la «devaluación salarial». La patronal española, que no lo oculta, le está pidiendo ya herramientas y flexibilidad al gobierno para competir en la carrera de ataques.

Y, por otro lado, la revuelta política de la pequeña burguesía no se produce arrastrada por las luchas y las huelgas de trabajadores. No converge con ellas. Al revés. Es aun más radical en su voluntad precarizadora y en su voluntad destructiva. Basta ver la transformación del campo durante el covid para entender por dónde va el programa de la pequeña burguesía en toda su brutalidad: subida de precios salvaje de alimentos de primera necesidad y bajada de salarios y empeoramiento de las condiciones de trabajo hasta el límite de la esclavitud.

Es más urgente y necesario que nunca afirmar las necesidades de los trabajadores, que son necesidades humanas universales, porque lo que viene es una pelea de perros en la que a nosotros nos quieren de despojos.