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Entre Davos y Toulouse

24 de enero, 2020 · Actualidad> Actualidad global> Informe semanal

Asamblea de delegados de la interprofesional de Touluse.

En esta semana los medios anglosajones se centraron en el juicio político a Trump, un proceso considerado la primera entrega de la campaña electoral estadounidense en casi toda la prensa del resto del mundo, que dio mucha más cobertura al espectáculo «ecologista» de Davos, la expansión de la neumonía de Wuhan y los «Luanda Leaks». Sin embargo, la semana ha tenido muchos más frentes y, sin duda, más importantes.

El polvorín libio

«¡Un éxito diplomático!» exclama la caricatura de Merkel, «salvo los dos libios el resto estábamos de acuerdo».

La semana arrancó con un frágil alto el fuego en Libia. Los límites se hicieron evidentes casi inmediatamente. Cuando el gobierno de Trípoli anunció la reapertura de vuelos civiles, Haftar amenazó con derribarlos.

La cumbre de Berlín dejó sin embargo algo más que el alto el fuego: una Argelia que vuelve a pie firme al conflicto imperialista regional y que en esta misma semana ha organizado una cumbre paralela con Túnez, Egipto, Sudán, Chad y Níger -los países fronterizos con Libia- para rechazar la «injerencia exterior», es decir, junto con Egipto afirmar una entente regional.

Tropas de Burkina Faso

Las áreas involucradas en la guerra de Libia y la del Sahel no solo se solapan cada vez más, sino que, como apuntó Guterres, el Secretario General de la ONU, tienden a fundirse y expandirse hacia Benin, Ghana y Costa de Marfil. Un escenario en el que el anuncio de nuevas operaciones militares francesas en Burkina Faso, Mali y Níger y la puesta en marcha de levas en Burkina dan noticia de la aceleración que está viviendo el conflicto imperialista de costa a costa del continente.

La otra vía de desarrollo es, evidentemente, el Mediterráneo. La posible entrada turco-italiana en el petróleo libio y la escalada verbal entre los gobiernos de Grecia y Turquía no augura nada bueno. Grecia está movilizando a sus think-tanks y lobbies en el exterior para denunciar la trayectoria del imperialismo turco con forzados símiles sobre la Alemania de los años treinta… olvidando, como no podía ser menos, la propia.

A través de los movimientos de la Primavera Árabe (que ahora sabemos que fueron financiados por Qatar e instigados por la principal agencia de inteligencia de Turquía, MIT), Erdogan intentó instalar hermandades musulmanas a cargo de los estados que se encuentran en el territorio del antiguo Imperio Otomano. Después del fracaso de la Primavera Árabe, el neo-otomanismo entró en una nueva etapa conocida como «Patria Azul». Turquía ha determinado que el Mediterráneo Oriental es su Lebensraum

En Turquía en cambio, el discurso oficial apunta contra EEUU y Alemania. Mientras se exige a los norteamericanos que disciplinen a los padrinos árabes de Haftar (Emiratos, Arabia Saudí y Egipto), se retrata a la UE como un peligroso estorbo. En palabras del editor de un periódico erdoganista:

En los últimos treinta años no ha surgido la paz de ninguna mesa de negociaciones en la que estuvieran los países de la UE, cuanto más lejos estén, mejor

En este poco prometedor ambiente, hoy mismo, Erdogan y Merkel negociarán un nuevo tratado para la contención de flujos migratorios.

Europa

Merkel en Davos 2020.

En Europa mientras tanto, los presidentes del Consejo y la Comisión europea firmaron por el lado europeo el acuerdo de Brexit aprobado finalmente por el Parlamento británico. La dimensión del golpe es inversamente proporcional al espacio ocupado en las portadas de telediarios y periódicos del continente.

La tregua en la guerra comercial entre Francia y EEUU alcanzada en Davos y la alerta alemana sobre la creciente germanofobia de la opinión pública francesa, no quitaron foco en la «gran prensa» continental al discurso de Merkel en Davos presentando su estrategia para Alemania y Europa. La estrategia en la interna continental, se centra en el «pacto verde» y la renovación masiva del capital fijo consiguiente… bien reglada, eso sí, para que el trasvase de rentas del trabajo al capital no decaiga. En la política exterior, la fórmula al fin encontrada y ahora celebrada por la burguesía corporativa alemana como si fuera un descubrimiento magnífico: un equilibrio que conjugue mantener las alianzas y declaraciones ideológicas con EEUU, con una «prudente» alianza comercial con China. Alemania quiere esquivar en la medida de lo posible la guerra comercial pero sobre todo, estar en el bando ganador de la guerra tecnológica, sea quien sea el ganador.

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Sánchez en Davos.

En la Europa mediterránea sin embargo, el protagonismo siguió estando en la crisis del aparato político. En Italia, di Maio renunciaba a la dirección del M5S e insinuaba la creación de una nueva fuerza.

En España Sánchez desplegaba las primeras medidas «sociales» de su gobierno: la prometida actualización por un año más de las pensiones a los precios, la subida de 50€ en el SMI y la incorporación de la «perspectiva de género» a los presupuestos generales del estado… mientras anunciaba que estudiaba duplicar el IVA a los precocinados y alimentos industriales y que, a pedido de los independentistas, se planteaba revisar el código penal en lo tocante a penas de rebelión y sedición. Lo que, por primera vez, amenazó con romper al propio PSOE con violencia, descubriendo que bajo el dinamismo sanchista, la fractura entre el estado y la pequeña burguesía sigue abriendo grietas en el estado y en la burguesía españolas.

Por si hubiera dudas de que la crisis es profunda, como es ya tradicional en todas las crisis históricas españolas del último siglo, Marruecos modificó sus mapas para reivindicar aguas que España considera exclusivas en Canarias.

Aniversario de Auschwitz

Putin, Pence, Netanyahu, Macron y otros en el foro del Holocausto.

Davos no ha sido el único escenario ideológico de la semana. El aniversario de la liberación de los prisioneros del campo de exterminio de Auschwitz por el ejército aliado ruso ha dado pie para a un rosario de homilías contra «el odio». El problema es que el origen y la actualidad del antisemitismo tienen poco que ver con un «odio» abstracto que se contagiaría invisiblemente como la neumonía de Wuhan. Ni siquiera se puede decir en rigor que el genocidio de los judíos fue realizado por «los nazis», sino por el estado alemán, que había convertido el antisemitismo en ideología de estado. Eso sin olvidar la colaboración activa de otros estados como el francés o el italiano, las políticas antisemitas de la Rusia stalinista y la colaboración pasiva con ambos de prácticamente todos los demás estados del planeta. Sacar al estado, y con él la contrarrevolución, el nacionalismo de la pequeña burguesía y las estrategias históricas de la burguesía del relato, es descafeinarlo hasta convertirlo en anecdótico, irrelevante y necesariamente contraproducente.

Por eso la vacuidad apostólica de los discursos de Macron y Merkel legitima a Salvini presentando el cierre de fronteras a la migración musulmana como una forma de lucha contra el antisemitismo, y lo que es aun peor, la instrumentación del crimen de estado anti-humano y antisemita de entonces para la guerra de mañana por Netanyahu y Pence.

Las luchas en Francia

Asamblea interprofesional en Toulouse.

En Francia el rechazo a la reforma de las pensiones sigue elevado en las encuestas, con un 61% de los encuestados pidiendo la retirada de la reforma. Sin embargo, el degaste de más de 40 días de huelga convierte a las huelgas continuas de los transportes en insoportables para los huelguistas, que se encuentran sin salario y con el «frigorífico vacío». Esto ha llevado a los sectores de los transportes, como el sindicato UNSA de la RATP (transportes metropolitanos de París) a desconvocar la huelga continua para empezar las huelgas intermitentes.

Resultado: el transporte público de la capital volvía a la normalidad desde este pasado lunes. Para compensar el decaimiento de las huelgas, sindicatos y movimientos sugirieron «acciones alternativas»: lanzamiento de trajes por parte de los abogados en huelga, marchas de antorchas, cortes de corriente eléctrica, conciertos… Toda una serie de acciones para conseguir la atención del circo mediático. Lo que ha dado un color interclasista a la movilización esta semana, bastante marcado por el hecho de que la categoría de «abogado» incluye a no pocos pequeños burgueses que se quejaban de no poder pagar a sus asalariados y acentuado por la propuesta del líder de la CGT, Philippe Martínez de derivar la movilización hacia el terreno de la lucha contra la emergencia climática.

Del lado de los trabajadores, en la ciudad meridional de Toulouse se ha formado esta semana una asamblea general interprofesional para coordinar las luchas entre distintos sectores con delegados afiliados y no afiliados a ningún sindicato, así como trabajadores:

La parte principal del debate se ha concentrado sobre las perspectivas de la lucha y las acciones venideras. Un debate regado por el cuestionamiento del papel que podía y debía jugar esta asamblea interprofesional central, reuniendo ahora mismo a huelguistas y militantes, sindicados y no sindicados, los más determinados a acabar con la reforma de las pensiones y el gobierno de Macron. Porque en el contexto donde las direcciones sindicales llaman a retomar el trabajo o se contentan a convocar «días de acción» cada vez más espaciadas sin intentar extender y reforzar las dinámicas de huelga reconducible, es indispensable que instituciones tales como esta asamblea se propongan organizar un verdadero plan de batalla para la victoria.

Mientras que los trabajadores que están en huelga continua desde el 5 de diciembre como los ferroviarios, intervenían sobre las dificultades que encuentran para seguir movilizándose, otros -como los abogados, los enseñantes, los albañiles…- se decían listos para «tomar el relevo».
Esta asamblea general interprofesional es la primera y fue exitosa. Esta institución constituye un verdadero punto de soporte para continuar la lucha en Toulouse. Diferentes sectores de huelguistas han podido encontrarse para iniciar un marco de discusiones a la escala de la ciudad, llamado a renovarse. La necesidad de reforzar la asamblea general ha sido enfatizada con una llamada a desarrollar las asambleas locales y de sectores

Una semana entre Davos y Toulouse

Desde la perspectiva de la burguesía, esta ha sido la semana de la aceptación definitiva de que Trump no es un fenómeno pasajero sino el síntoma y el agente de un cambio estructural… que no está nada mal para las inversiones en EEUU aunque sea miope a la gran promesa que es el «pacto verde». Promesa que se ha consagrado definitivamente como un proyecto en marcha -y así fue destacado por toda la prensa alemana– con el discurso de Merkel y Davos en general.

Desde la perspectiva de los trabajadores en cambio, la atención solo puede estar en Francia. La resistencia del proletariado francés es tanto más importante cuanto que solo la reforma de pensiones supondría una transferencia de 1.500 millones de los trabajadores a las empresas. Entre el «pacto verde» y el «pacto productivo» en el que se enmarca la reforma de pensiones, la transferencia de rentas del trabajo al capital que se plantea el macronismo cobra tal escala que hace de Francia el centro que marcará la lucha de clases en Europa durante esta década.