¿En qué consiste el «crecimiento» español?

Componentes del crecimiento del PIB español. La inversión compensa un consumo moribundo.
La gráfica de los componentes del PIB español habla por sí sola. El consumo que tuvo un lánguido repunte hace año y medio, se arrastra en agonía. Nunca antes las empresas de consumo habían puesto tantas esperanzas en el «black friday» ni el «cybermonday», ni los viejos del lugar recuerda cuándo habían tenido tanta necesidad de empujar el consumo a fin de año para salvar el balance. Y sin embargo saben que la morosidad de los créditos al consumo, de las compras financiadas, no va a decaer.

Es difícil cuando los salarios bajaban casi un punto y el peso de la bajada se concentra en los que menos ganaban antes de la crisis y en los últimos en llegar: los más jóvenes que son también los más precarizados. Lo que «salva» el PIB y augura un 2018 con «buenos números» es la inversión.

El empobrecimiento de amplias capas, el paro y la bajada de salarios se han convertido en incapacidad del consumo para tirar del PIB

¿A dónde va toda esa inversión extranjera?

La evolución del IBEX en la segunda mitad de este año muestra la tendencia a la devaluación del gran capital español.
Pero esa prometedora inversión es sobre todo de capital destinado a la compra de grandes empresas y deudas, no a la creación de tejido productivo de nueva planta ni a mejoras tecnológicas en el existente.

Lo que estamos viendo es el resultado de la erosión de la burguesía española por la crisis y por su incompetencia para mantener la cohesión institucional: la devaluación en bloque del capital español, que ha tenido su guinda con la crisis catalana.

La inversión extranjera no viene a crear nuevo tejido productivo sino a comprar barato un capital productivo devaluado

Evolución del PIB español desde 1960. Pocas cosas pueden describir mejor el colapso del capitalismo en España y su incapacidad para seguir desarrollando las capacidades productivas.
Con Santander «salvado por la campaña» de la compra por un euro del Popular, con BBVA vendiendo inversiones a saldo, e incluso su rentable rama chilena, para limpiar balances ante la presión del BCE, con Sabadell emitiendo deuda y con Caixabank en la cuerda floja entre Portugal y Cataluña, el capital financiero español difícilmente puede presumir de salud y robustez. Las constructoras baten records emitiendo bonos para financiarse. Telefónica y los bancos se saben al descubierto ante posibles ataques de capitales exteriores. Iberdrola se revuelve contra el ministerio primero -que no dudó en azuzarle a Bruselas cuando pasó cierta línea- y con Siemens-Gamesa después en una búsqueda tan violenta como desesperada de nuevas rentas. Para qué hablar de la enloquecida batalla interna en ese muerto andante que presume de ser el gran grupo mediático global en español o de los otrora campeones convertidos en «chicharros» marginales como Deoleo -cuasimonopolio mundial del aceite de oliva- o Abengoa. Que la burguesía española ha perdido la crisis es ya una evidencia. Lo que está por ver es cómo culmina el desguace.

La burguesía española ha perdido la crisis. Lo que está por ver es cómo culmina el desguace de los otrora «campeones nacionales»

Brufau y Evo Morales celebrando juntos una nueva inversión de la petrolera española.
No es de extrañar que los buitres caigan sobre los mermados gigantes españoles cuando desde Credit Suisse a Morgan Stanley pasando por Deutsche Bank y TS Lombard, llevan tiempo levantando la perdiz: las cotizadas españolas están ya a saldo. Entre otras cosas, como todavía en estos días demostró Repsol en Bolivia, porque el capital español ha sabido conservar relativamente a salvo su capacidad imperial en América del Sur y México, próxima batalla entre el gran capital británico -que requiere urgentemente de una nueva vía de expansión tras el Brexit-, las potencias continentales europeas, EEUU y, antes de lo que pensamos, China.

El verdadero «atractivo inversor» de España es que la burguesía española ha mantenido su garra firme en Hispanoamérica

Los grandes fondos de capital fluyen hacia España porque es la forma más barata hoy de hacerse con un país europeo con un mercado interno todavía importante y poner una garra en Hispanoamérica sin grandes riesgos ni necesidad de aventuras militares inmediatas.

El «ejemplar» modelo español

Evolución de salarios en España por deciles (grupos que representan el 10% del total) entre 2008 y 2014. Los deciles más bajos, los que menos ganaban, son los que más han perdido.
Nos dice el gobierno que «España vuelve a crecer, recupera empleos a pesar de que el paro seguirá siendo abrumador mucho tiempo y atrae inversiones». Pero en realidad lo que dicen las cifras es que el consumo baja, el trabajo es cada vez más precario, que las «grandes esperanzas» industriales españolas se han ido al garete, que los bancos siguen todavía en la cuerda floja y que el capital que llega no pretende tener un uso productivo.

El «milagro español» no es más que la combinación de una precarización galopante, el empobrecimiento de capas cada vez más amplias de la población y la venta a saldo de los trastos de una burguesía cuyo próximo objetivo es sacrificar las pensiones en el altar de un tejido financiero exhausto.

El «milagro español» es precarización, pobreza, paro, destrucción de capacidades y descapitalización productiva
 
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