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¿En qué acabará la crisis venezolana?

1 de febrero, 2019 · Actualidad> Venezuela

Juan Guaidó.

Los medios españoles parecen contagiados del triunfalismo de la oposición venezolana: «En Venezuela no hay riesgo de una guerra civil, el 90% de la población quiere cambio», decía Guaidó en la portada de «El País». Y si hacemos caso al relato general, el régimen de Maduro caerá ante la presión de las manifestaciones y la esperadísima, pero de momento inapreciable, defección de los cuadros medios del ejército. ¿Pero no hay más? ¿O hay muchas cosas que se escapan de ese marco?

Maduro en un acto con militares esta semana.

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La idea de que el capital americano es el que mueve los hilos es muy reduccionista. El gran capital de EEUU se ha forrado con Maduro y tiene toda la intención de seguir haciéndolo pase lo que pase. Si EEUU ha remoloneado en la parte más importante que le correspondía en este guión y ha tardado tanto en cortar las importaciones de petróleo es porque su propio sector petrolero estaba negociando por debajo con Maduro saltarse las sanciones a través de terceros países aun antes de que estas se decretasen. Dicho de otro modo, importantes sectores del capital estadounidense no están felices con un conflicto, y menos si dura demasiado tiempo. Venezuela siguió siendo parte del negocio para ellos con Maduro.

No todos sectores del gran capital de EEUU están contentos con el ataque de EEUU. Limitan la capacidad de Trump y Bolton y añaden una peligrosa urgencia por conseguir resultados a la coalición de estados anti-Maduro

Bolton con la famosa anotación sobre los «5.000» soldados

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Por eso aunque la intervención de EEUU y Gran Bretaña ha servido para dar a Guaidó los fondos secuestrados a PDVSA y seguramente le de acceso pronto a las reservas en Londres, EEUU tiene tanta prisa como problemas a la hora de ir más allá. La apuesta es que la asfixia financiera y la movilización en la calle desmoralicen a una parte del ejército y un golpe militar de facto entrone al gobierno de Guaidó. Pero la cosa empieza a tardar ya más de lo deseado. Y, ahí viene lo significativo: incluso cuando quiere amenazar «de verdad», Bolton es incapaz de ir más allá del envío de 5000 soldados… lo que hasta en Maduro, ansioso por enarbolar el enemigo externo, produce hilaridad. Con 5.000 soldados no se conquistan ni los ranchitos de Caracas.

Es la presión de facciones del propio capital de EEUU la que impide que EEUU se involucre a gran escala en una posible invasión. Incluso cuando Bolton amenaza a Maduro el número de soldados, 5.000, es simplemente ridículo
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Eso no quita que haya un peligro real de guerra. Como venimos apuntando, la tentación de organizar un nuevo Bahía de Cochinos entrenando tropa y suboficiales hoy exiliados en Perú y Colombia es evidente y no ha pasado desapercibida para Maduro tampoco. Una invasión de este estilo, con tropas locales y apoyo aéreo y naval de Colombia y en menor de medida de Brasil y EEUU, está entre las posibilidades que se contemplan en todos los gabinetes de crisis. ¿El elemento clave? Que no funcione la estrategia o que funcione a medias. Y en ese caso, que Venezuela se convierta en una «Siria del Caribe» pasa ser incluso probable.

La tentación de Colombia y Brasil es usar como tropa exiliados venezolanos e intentar una guerra relámpago dando cobertura aérea y naval. La posibilidad de convertir al país en una «Siria del Caribe» crece por días

Uno de los Tupolev enviados por Rusia en noviembre.

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Porque desde luego Maduro y su régimen no son cruzados solitarios contra el imperialismo: dependen cada vez, y no podrían sobrevivir de otro modo, más sobre los imperialismos rivales de EEUU. Más allá del folklor de los apoyos de la satrapía de Guinea Ecuatorial, los servicios de inteligencia cubanos o el súbito y muy interesado amor por el bolivarianismo de Erdogan, están Rusia y China. Ambos no solo se juegan inversiones de decenas de miles de millones de euros y la parte del león de las privatizaciones de Maduro.

Putin y Maduro

Rusia teme en primer lugar una bajada global de los precios del petróleo. La crisis misma por una vía u otra adelanta esta bajada, pero la caída de Maduro la aceleraría irremisiblemente. Retrueques del imperialismo: El efecto de todo este proceso sobre los precios petroleros repercute directamente sobre los equilibrios de Oriente Medio al hacer cada vez más profunda y desesperada la alianza entre Rusia y Arabia Saudí, ganando de paso un improbable aliado para el chavismo. Rusia, al fin, no solo ha mostrado, poniendo bombaderos nucleares tanto en Venezuela como junto a la mismísima frontera de EEUU que no piensa «dejar pasar» un cambio de régimen que no cuente con sus intereses. De ahí las advertencias sobre el «baño de sangre» que produciría una invasión y las advertencias crecientes del peligro de guerra. Y es que para Rusia, abandonar a Maduro sería demoledor no solo económicamente, sino también para sus intereses imperialistas globales: muchos gobernantes sostenidos por Rusia se preguntarían si es posible confiar en un patrón imperialista que te gana la hostilidad de los norteamericanos y luego no te defiende cuando vienen a por ti. Resumiendo: Rusia no tiene ningún motivo para dar un paso atrás.

¿Y qué decir de China? La Venezuela chavista es, desde hace años, su aliado más sólido en América. Que se haya ofrecido a «comprar todo el petróleo que haga falta» para compensar la perdida parcial o total del mercado estadounidense con las sanciones, da una muestra de su compromiso. Como Rusia, no puede permitirse abandonar a sus aliados porque le dañaría en su emergencia imperialista, pero además tiene inversiones mucho más relevantes e intereses regionales superiores en mucho a los rusos.

Maduro no es el adalid del «anti-imperialismo», al revés, conforme sufre más presión de los imperialismos rivales más depende de Rusia y China. Ambos se juegan posición imperialista e inversiones. Rusia además, la viabilidad económica

¿Qué va a pasar?

Bolsonaro durante su investidura.

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Hasta ahora Brasil, el verdadero «maestro de marionetas» tras esta nueva intentona de desalojar a la facción chavista del poder, ha permanecido en la sombra. Mientras EEUU tomaba el protagonismo global, recuperando los aires de lo que un día fue en la región, Bolsonaro era la estrella en Davos y volvía a Brasil para una última cirugía post-atentado. Es el gran ganador de esta crisis hasta ahora. A poco de entrar en el gobierno ha mostrado la capacidad de -Chile mediante- organizar a la mayoría de países de las Américas en un consenso muy agresivo que ha «andado solo»; adecentar para su exposición mediática global a la oposición venezolana; y subir al carro a EEUU -dejándole, eso sí todo el protagonismo. Estamos mucho más cerca del modelo continental que Brasil pretende de lo que estábamos hace un mes. Como dijo Bolsonaro «Venezuela está saliendo bien…». Con EEUU reconociéndolo como su principal aliado contra China y Rusia en la región… y sin pegar un tiro. Aunque el natural de Bolsonaro, como se vio en campaña, es belicista, los militares y sobre todo Itamaraty quieren que siga siendo así. Brasil ya ha ganado y a partir de ahora las apuestas brasileñas van a ser conservadoras.

Brasil que ha sido el arquitecto y motor de la actual situación ya ha obtenido lo que pretendía. Ahora jugará a conservar lo ganado involucrándose militarmente lo mínimo

Soldados colombianos desplegados en la frontera con Venezuela.

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Cuando se piensa en una invasión, el primer candidato es Colombia, no solo para Bolton sino para todos los analistas. Con Duque en el gobierno, con el impacto del último atentado del ELN, grupo ligado a Venezuela y con Guaidó calentando aun más los ánimos, todo parecería apuntar hacia ahí. Colombia es en estos días un hervidero de rumores, desmentidos y visitas sospechosas. Pero la verdad es que Duque está, por el momento, esquivando ir más allá. Tiene difícil dar apoyo a una intervención estadounidense -incluso procedimentalmente- y aun más difícil plantearse una guerra en solitario contra un ejército venezolano bien equipado por Rusia.

Duque tiene difícil dar apoyo a una intervención estadounidense -incluso procedimentalmente- y aun más difícil plantearse una guerra en solitario contra un ejército venezolano bien equipado por Rusia.

Militares exiliados venezolanos leen proclama de adhesión a Guaidó y piden ser armados por Brasil, Colombia y EEUU.

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¿Qué opción queda? Una incursión reciclando a quizá uno o dos batallones de soldados y mandos hoy exiliados en un intento desesperado por provocar un levantamiento general y la defección de sectores del ejército. Una estrategia harto peligrosa que solo Guaidó parece dispuesto a querer jugar. Y sin embargo, cada día más probable. Colombia e incluso Brasil podrían dar a la incursión un apoyo aéreo limitado, inteligencia y equipamiento. En ese caso, la situación daría un nuevo salto. Estaríamos en los comienzos de una guerra inter-imperialista con participación de potencias regionales y globales, vestida de guerra civil. Es decir, a las puertas de ver a Venezuela convertida en una nueva Siria.

La última opción, si el «plan» no funciona y EEUU imprime más urgencia, es una nueva «Bahía de Cochinos», una incursión que preludiaría una guerra inter-imperialista vestida de guerra civil

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