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Elecciones en Andalucía: nacionalismo en dos sabores

15 de noviembre, 2018 · Actualidad> España

Estimación de resultados electorales del CIS.

Empieza la campaña andaluza con todos los medios y políticos revoloteando alrededor del adelanto de la encuesta del CIS. Los resultados tampoco son para sorprender a nadie. El paro es abrumadoramente reconocido como el primer problema en todos los segmentos posibles de la muestra, en el total el 62,8% lo señalan como su principal preocupación. La revuelta de la pequeña burguesía emerge, confusa entre los rastros de la erosión de los servicios básicos, en la delimitación del «segundo problema» que sería, a elegir y por este orden: la corrupción, la sanidad, «la economía», la emigración y la educación. Obviamente todos los medios van a apostar hoy por alimentar el terreno más fácil y más venenoso, la posible expresión electoral del nacionalismo xenófobo: el partido ultra-españolista Vox podría ganar un escaño en Almería. Es, obviamente, una cortina de humo.

La prensa abre las elecciones andaluzas centrada en crear un debate migratorio a raíz de un posible diputado regional para la ultraderecha xenófoba. Es una cortina de humo.

El «mar de plástico» de El Egido, Almería.

Almería es un caso de libro. Desde finales de los ochenta, las políticas comerciales de la UE impulsaron la expropiación de hecho de una parte significativa del pequeño campesinado del Rif que migró masivamente al pujante «mar de plástico» almeriense, protegido por las cuotas europeas al tomate y las hortalizas. La provincia tíene hoy casi un 8% de población nacida en Marruecos, alrededor del 20% del total de residentes son migrantes. El «milagro» económico almeriense de los últimos 30 años, la industrialización de la provincia históricamente más pobre de la región, ha sido el resultado de la explotación salvaje de estos trabajadores. En el proceso, ha surgido una pequeña burguesía migrante, unida en una parte a la criminalidad organizada y, desde 2.000, reacciones xenófobas alimentadas por la pequeña burguesía «autóctona». La xenofobia de estas capas ha sido instrumental para aislar a los trabajadores migrantes e imponerles a esa pequeña burguesía migrante como su «representación» bajo la bandera del antiracismo. Algo muy parecido se está produciendo en Huelva y en el Levante.

La xenofobia y el «antiracismo» son instrumentales al aislamiento de los trabajadores más explotados. Sirven a la acumulación acelerada de los «señores del plástico», la pequeña burguesía más reaccionaria y agresiva.

Teresa Rodríguez en la presentación de su candidatura a primarias andaluzas de Podemos.

No será el único intento de vendernos nacionalismo. En Andalucía tenemos dos «sabores» para el mismo mejunje. Además del rojigualdo tenemos el nacionalismo andalucista, aunque no porque exista una pujante burguesía andaluza luchando por establecer un mercado capitalista. Cuando la hubo -la época que va del Cádiz revolucionario a los Larios malagueños- su proyecto fue crear un mercado y un estado nacional español. Hoy es, sobre todo, folklor político al servicio de la legitimación del aparato local del estado a mayor gloria de un PSOE regional cada vez más en el modelo de la CSU bávara. Lo que no quita que sea también un vehículo discursivo, identitario, para esa pequeña burguesía urbana y universitaria cada vez más acorralada, que ya no puede colocarse ni colocar a sus hijos en el aparato autonómico. Ese andalucismo es el que canalizará «Andalucía Adelante», engendro del trotskismo más degenerado y el stalinismo terminal con adornos verdiblancos, que a falta de coraje para afirmar abiertamente su unidad de intereses con la burguesía y el estado, lo hace con la administración regional y las subvenciones europeas.

Quieren vendernos nacionalismo en dos sabores: españolismo y andalucismo. Navantia deja claro para que sirven: mantenernos calladitos y tragando para dar rentabilidad al capital

Susana Díaz y Teresa Rodríguez

Pero a pesar de todo el despliegue de falsas alternativas y debates, a pesar de los mensajes machacantes, los espectáculos con políticos nacionales y la más que probada capacidad de la industria mediática para fabricar opiniones, es más que probable que la abstención vuelva a tener récords en los barrios trabajadores. La máquina de fabricar opiniones ya no sabe producir más que resignación o resentimiento. Como no podía ser de otra forma, en eso fue en lo que quedó la ilusión democrática y éso es todo que puede salir de las elecciones. La cuestión, por si quedara alguna duda, ya no es votar o no votar. Sino cómo volver a recuperar nuestro terreno, que no es el de la supeditación a los beneficios del capital como nos vendieron con Navantia, sino su opuesto.

La máquina de fabricar opiniones ya no sabe producir más que resignación o resentimiento. En eso fue en lo que quedó la ilusión democrática y éso es todo que puede salir de las elecciones.

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