Diario de Emancipación

¿El tiro por la culata?

26 de marzo, 2019 · Actualidad> Europa> España

La burguesía española se había lanzando a elecciones en un intento agónico de acabar con una parálisis política que amenazaba gangrena. Su esperanza era reproducir la carambola que se había encontrado en Andalucía y retomar la renovación del aparato político gobernando con las derechas coaligadas sin necesidad de depender del independentismo. Pero conforme avanza la campaña, más fácil parece que el tiro le salga por la culata.

La subida del PSOE, el desplome de Podemos y la división del voto del PP en tres, primer aviso de las encuestas.

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Lo que dicen las encuestas es que la derecha sigue sumando más que la izquierda, pero el PSOE retoma ventaja sobre Podemos y frena en seco el traspaso de votos a Ciudadanos.

El resultado es en primer lugar un hundimiento de Podemos a manos de una ley electoral como preveía la triple candidatura de la derecha. Pero también un resultado acumulativo a favor del PSOE que pone en peligro toda la jugada: con el PP desangrándose más de lo previsto, las matemáticas andaluzas dejarían de funcionar. Incluso en provincias castellanas de «derechas de toda la vida», la ley electoral daría así un diputado adicional y tres senadores al PSOE tras convertirse en «lista más votada». La composición final sería… una nueva mayoría dependiente del nacionalismo.

La mesiánica «vuelta» de Pablo Iglesias tras su baja de paternidad no parece suficiente para impedir el desplome de Podemos.

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La primera clave política está en la caída de Podemos. Hay mucho más que la erosión del chalet de Iglesias y Montero, o el coste de la ruptura con Errejón. La burguesía de estado española, por boca de sus opinadores, lleva unas semanas dando las gracias a Pablo Iglesias por los servicios prestados en lo más duro de la crisis y recordándole sin embargo que las medias tintas con el independentismo en Cataluña no las perdonan. Es decir, la «cuestión nacional» habría privado a los morados de los suficientes apoyos mediáticos como para, como mínimo, mantener sus resultados y evitar una distancia con el PSOE tal que hiciera desaparecer de no pocas provincias.

Sin embargo, la lectura inevitable es que Sánchez habría «marcado su punto» en la renovación del aparato político de la burguesía española, sus meses gobierno habrían, aparentemente, relegitimado los métodos socialdemócratas de ataque a las condiciones de vida de los trabajadores, convirtiendo al PSOE en un «menos malo» capaz de reclamar de modo efectivo el «voto útil» frente a la derecha.

Escenificación del acuerdo entre PP y Vox en Andalucia.

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Con un PSOE convertido en lista más votada en muchos lugares donde esperaba serlo en PP, la apuesta por inflar mediáticamente a Vox se convertiría así en un tiro por la culata. Y las elecciones andaluzas tendrían que releerse entonces no como esa feliz carambola que permitió a la derecha convertirse en un ser de tres cabezas y volver a ganar elecciones, sino como un primer síntoma del colapso del aparato político de la Transición.

El mayor Trapero testifica en el Supremo.

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Hay sin embargo un cambio de fondo importante desde las elecciones andaluzas a hoy. Con Sánchez ganando tiempo impotente en la Moncloa, las fracturas del aparato político comenzaron a contagiar al corazón judicial del estado. El juicio al «procés» ha parado -al menos por el momento- esa tendencia reforzando la cohesión de los aparatos centrales del estado y proyectando una fortaleza política renovada. La burguesía española ya no bordea el pánico como hace unos meses. Es más, aunque da por hecho un nuevo empellón de la crisis, los retrasos del Brexit le están dando un «tiempo extra» para «prepararse».

Sánchez hace campaña en Andalucía.

Agreguemos ésto al debilitamiento relativo del independentismo, sus dificultades para «internacionalizar el procés» y el reciente triunfo de los esfuerzos para poner alto al poder mediático de Roures. Y no olvidemos que problemas del eje-francoalemán para alinear a una mayoría de estado europeos están, sin necesidad de un gran concurso de los políticos, devolviendo centralidad al capital español. Sumemos todo y entenderemos la aparente tranquilidad con que las clases dirigentes españolas se están tomando la putrefacción de su propio aparato político. Sienten que, en ausencia de movimientos de masa de los trabajadores, no tienen frente a sí a ningún rival lo suficientemente solvente y que en cualquier caso, cuando la crisis llegue podrán apelar con éxito al sacrificio de pensiones, salarios y condiciones de vida y trabajo. Pero ¿es realmente así?

Resumen en tuits

La burguesía española se había lanzando a elecciones en un intento agónico de acabar con una parálisis política que amenazaba gangrena. Pero conforme avanza la campaña, más fácil parece que el tiro le salga por la culata.
Un trasvase del PP hacia Vox mayor del previsto y el hundimiento de Podemos multiplicado por la ley electoral producirían una nueva mayoría de Sánchez... dependiente del independentismo
Sánchez habría «marcado su punto» en la renovación del aparato político de la burguesía española, sus meses gobierno habrían, aparentemente, relegitimado los métodos socialdemócratas de ataque a las condiciones de vida de los trabajadores
La apuesta por inflar mediáticamente a Vox se puede convertir en un tiro por la culata para la burguesía española y reforzar la tendencia al colapso del aparato político de la Transición.
Si el aparato político hace aguas, el núcleo del estado se ha cohesionado y reforzado con el «juicio al procés». La burguesía, disfruta de un tiempo extra antes de la nueva recesión, limpia balances, cierra filas... y espera
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