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El nuevo mapa político de Sudamérica

29 de octubre, 2019 · Actualidad> Sudamérica> Mercosur

Las presidenciales argentinas y uruguayas preparan un realineamiento de las burguesías criollas ante el recrudecimiento de la lucha de clases interna y la aceleración de las tensiones imperialistas con sus vecinos.

Argentina

48% para Fernández frente a 40’4% para Macri que ganó en las provincias centrales, de capital a Mendoza. Difícil pensar en un mejor resultado para la clase dirigente y el estado como un todo: desde hace casi ochenta años un partido gobernante no peronista no abandonaba el gobierno sin desmoronarse. Macri deja «Cambiemos» con un resultado digno, el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y una capacidad probada de movilización de la pequeña burguesía urbana en mitad de lo peor de la crisis. Por otro lado, el peronismo controlará el senado, «casi» el parlamento y unos sindicatos reunificados a pedido del presidente in pectore.

No es de extrañar que la Bolsa de Buenos Aires subiera un 6,15% en la apertura el lunes… para bajar casi inmediatamente después. A fin de cuentas lo que había que celebrar era la «normalidad» con la que la población había tragado las primeras medidas draconianas de la nueva etapa, incluida un cepo aun más duro que el que dejó Cristina Fernández cuando abandonó la presidencia.

Primer acto post-campaña: desayuno Macri-Fernández para organizar la transición. Se trataba de escenificar la fortaleza de un estado legitimado por un proceso electoral exitoso que se prepara para dar continuidad al plan de ajuste que empezó Macri. Todo un respiro para una situación cada vez más explosiva y cuestionada directamente por la movilización chilena.

Un respiro que sin embargo no amaina ni por un momento las contradicciones internas de la ruta que se ha trazado la burguesía argentina. La estrategia Fernández pasa por obtener una quita alta del FMI que da ya casi por hecha y que serviría para apalancar un nuevo acuerdo con los capitales especulativos… inviable sin nuevos ataques a las condiciones de vida y trabajo que garanticen una rentabilidad acrecentada del capital nacional. Los viejos capos del peronismo son bien conscientes de que con lo armado hasta ahora no les va a bastar para contener el descontento y las costuras del propio peronismo se tensan ya antes incluso de verse a prueba. El runrún propagandístico, cómo no, habla de la necesaria «unidad» de toda la clase dirigente, desde políticos a sindicalistas, especuladores y latifundistas.

Fernández y el realineamiento imperialista del continente

Fernández ya ha comunicado que su primer viaje al exterior tras la elección será a México. No es casualidad. AMLO orquesta una alianza entre México, Bolivia, Perú, Argentina y Uruguay para contrapesar la influencia del eje Chile-Brasil a través del «grupo de Lima» alineado con EEUU.

Fernández ya dejó claro su papel en la jugada haciendo algo en extremo inusual en un candidato en plena campaña: viajes internacionales . Viajó a España acompañado de Marco Enriquez Ominami (el eterno candidato a la renovación de la izquierda en Chile), el embajador uruguayo y Felipe Solá (posible peso pesado en su gobierno). Por si hubiera dudas del significado de la visita, Sánchez no solo le recibió sino que le organizó una agenda en la que a Borrell (próximo comisario de política exterior de la UE) se agregaron el primer ministro Costa de Portugal y, nada más y nada menos que Ana Patricia Botín. Fue un éxito: la burguesía española le dio un apoyo y le mostró una confianza que había regateado a Macri aun en el momento de sus mejores indicadores. Y con la espalda «cubierta» desde Europa viajó a Perú y Bolivia.

¿Resultados? Hasta la prensa económica española más conservadora trata hoy a Fernández como «su hombre» en América del Sur. Bolsonaro, frustrado, advirtió que estaba dispuesto a dinamitar el Mercosur:

No digo que saldremos del Mercosur, pero podremos juntarnos con Paraguay. No sé que va a suceder en Uruguay, vamos a ver lo que va a pasar en las elecciones, y decidimos si Argentina hiere alguna cláusula del acuerdo o no. Si la hiere, podemos apartar a Argentina

Uruguay

Daniel Martínez, termo y mate.

Es significativa la mención a Uruguay de Bolsonaro. En las elecciones del domingo el Frente Amplio perdió su mayoría en las cámaras y su candidato presidencial, Martínez, aunque ganó y pasó a segunda vuelta, perdió casi medio millón de votos respecto a la convocatoria anterior en un marco de derechización general del aparato político oriental. Pero ¿qué significa «derechización» en un país que vendió como santón global del izquierdismo a Pepe Mujica, un viejo extupamaro militarista y pobrista que pretendía acabar con el tráfico de pasta base mediante operaciones de desembarco aéreo de fuerzas especiales en pleno Cerro?

Uruguay es uno de los pocos estados tampón creados en el siglo XIX que se consolidó con relativo éxito en el XX. Fue el resultado impuesto por el capital británico a las nacientes Argentina y Brasil. Los partidos nacidos entonces -«blancos» latinfundistas del interior vs «colorados» burgueses y burócratas capitalinos- reflejaban no solo una divisoria clara de clase sino también de orientación internacional. Esa división se ha convertido en el tiempo, bajo formas no excesivamente sutiles, en perenne. Hoy blancos y colorados son dos sabores de la misma carcunda: propietarios y caciques católicos agrarios vs burgueses comerciales y financieros atascados en un conservadurismo que llega a lo paródico y no es capaz siquiera de encuadrar a la pequeña burguesía urbana más conservadora. Pero la divisoria traspasa incluso al Frente Amplio, resultado en su día de la gran operación de renovación seregnista del aparato político forjado por Batlle a principios de siglo. Mientras Mujica y Martínez representan -incluso familiarmente- la continuidad de las tradiciones blancas bajo las condiciones imperialistas del siglo XX (son pro-argentinos, filo-peronistas y partidarios de una reforma productiva del campo), Tabaré Vázquez -que llegó a planear una invasión de Argentina– está ligado por lazos también familiares, de negocios e incluso comisionarios, a EEUU y el capital internacional anglosajón… y el brasileño… con todas sus contradicciones.

La «derechización» de la paquidérmica y lenta, pero violenta, burguesía uruguaya expresa hoy la tensión de unas costuras que llevan tiempo rasgándose. La reapertura bajo Tabaré Vázquez del viejo conflicto entre las burguesías del interior y el estado ha tenido ahora reflejo en el referendum de la reforma constitucional «Vivir sin miedo». Su derrota muestra que la vieja cicatriz que divide el litoral de Montevideo del resto del país está lejos de cerrarse; pero también que la pequeña burguesía rural -y algunos sectores urbanos tradicionalmente colorados- están en una deriva autoritaria abierta que las acerca cada vez más a Bolsonaro.

Y es que si el mapa político uruguayo resulta confuso y turbulento hoy es porque los patrones y ejes que dividen a la clase dominante oriental son los de siempre -interior/capital, agro/servicios, Argentina-Europa/EEUU-Brasil- pero con la emergencia de un bolsonarismo -que va mucho más allá de la entrada en el parlamento del ultraderechista «Cabildo Abierto»– y el triunfo peronista en Argentina, se agudiza la tendencia de las últimas décadas a la confluencia de sectores de la burguesía interior, la capital y el estado hacia una beligerancia cada vez más franca tanto en el frente interno -desarbolando aun más las escasas garantías sociales- como en el externo, contra Argentina. Es significativo que el momento más tenso del debate electoral entre Martínez y Lacalle viniera precisamente de la comparación de este último con Macri.

¿Y ahora?

Cacerolada en Santiago

Esta ronda de elecciones en Bolivia, Perú, Uruguay y Argentina, unida a las revueltas en Ecuador y Chile y las batallas internas dentro del poder en el propio Brasil, están preparando el tablero de las clases dominantes para un doble frente. Por un lado el frente interno, con una lucha de clases en alza. Por otro para la reordenación de las alianzas imperialistas a nivel continental. Aunque la lucha de clases está todavía protagonizada por la pequeña burguesía, ya hemos visto las primeras señales de combatividad masiva y de clase en Argentina y lo que viene es una nueva oleada de ataques a las condiciones de trabajo y vida de los trabajadores. Y aunque el elemento dinámico principal hoy en el conflicto interimperialista es la guerra comercial entre EEUU y China, en América del Sur entera, la afirmación de Brasil por un lado y la respuesta -apoyada desde México y Europa- de Argentina, Uruguay, Perú y Bolivia por otro, va a marcar una época de choques y roces constantes que cada vez más trascenderá lo comercial.

Tuits

La legitimación electoral ha significado un respiro que sin embargo no amaina ni por un momento las contradicciones internas de la ruta que se ha trazado la burguesía argentina
Los viejos capos del peronismo son bien conscientes de que con lo armado hasta ahora no les va a bastar para contener el descontento y las costuras del propio peronismo se tensan ya antes incluso de verse a prueba
Aunque la lucha de clases está todavía protagonizada por la pequeña burguesía, ya hemos visto las primeras señales de combatividad en Argentina. Y viene una nueva oleada de ataques a las condiciones de trabajo y vida de los trabajadores
Blancos y colorados uruguayos son dos sabores de la misma carcunda: propietarios y caciques católicos agrarios vs burgueses comerciales y financieros atascados en un conservadurismo que llega a lo paródico
Mientras Pepe Mujica y Daniel Martínez representan la continuidad de las tradiciones blancas bajo las condiciones imperialistas del siglo XX, Tabaré Vázquez está ligado a EEUU, Brasil y el capital anglosajon
La estrategia Alberto Fernández pasa por obtener una quita alta del FMI que serviría para apalancar un nuevo acuerdo con los capitales especulativos… inviable sin ataques a los trabajadores que garanticen la rentabilidad del capital nacional
La afirmación de Brasil y su respuesta -apoyada desde México y Europa- de Argentina, Uruguay, Perú y Bolivia por otro, va a marcar una época de choques y roces constantes que cada vez más trascenderá lo comercial