El nacionalismo español… tampoco cuela

La necesidad de sustituir al PP y a Rajoy, se ha convertido en consenso y urgencia entre la burguesía española.
La burguesía española parece tener muy claro el camino que necesita seguir: renovar el aparato político a derechae izquierda, solventar la «cuestión catalana» antes de que una nueva crisis cambie la correlación de fuerzas, cortar las alas de la pequeña burguesía regional recentralizando competencias territoriales y modificando el sistema electoral y, con todo ya atado, enfrentar una nueva oleada de «reformas estructurales». Reformas que al final se concretarían en un nuevo «milagro» basado en precarización y salarios bajos, con una nueva burbuja inmobiliaria a medida del gran capital y una privatización de la gestión de las pensiones pensada para reflotar el negocio bancario y permitir al capital español más altas aspiraciones europeas.

Todo ese camino está sembrado de ataques cada vez más directos a las condiciones de vida de los trabajadores, «sacrificios» de nuestras necesidades que nos pedirán aceptar en nombre del bien mayor para el capital nacional. Después de diez años de crisis y empobrecimiento necesitan más. Ya no les basta con la «competitividad» y el miedo al desempleo. A día de hoy en España se produce prácticamente lo mismo que cuando la crisis comenzó, pero con un 10% menos de trabajadores. Lo que cobran los que tienen trabajo diez años después supone casi 35.000 millones de euros menos y los salarios medios han bajado un 7,6%. Ha sido una contribución en sangre la del trabajo a la «competitividad»: las rentas del capital, mientras tanto y a pesar de todo han subido un 5,3%. Y todavía… nos piden más. El capital no progresa, así que tienen que convencernos de nuevo para que sacrifiquemos nuestras necesidades a la causa «mayor» de un capitalismo que solo levanta cabeza cuando nosotros la agachamos.

Diez años de sacrificios por la «competitividad» han servido para mantener la producción reduciendo trabajadores activos en un 10%, salarios medios en 7,6% y aumentando la renta del capital en un 5,3%

Una significativa portada de El País: a la izquierda, el gasto militar crecerá el 80%… a costa de servicios sociales; a la derecha Tabarnia.
La ideología de la supeditación del trabajo al capital, la ideología del sometimiento de las necesidades humanas universales a la reproducción del capital nacional, se llama, siempre fue así, nacionalismo. La burguesía y el estado necesitan incentivarlo para enfrentar todas esas «reformas estructurales» que necesitan y esperan que les sirva además para mantener a raya a la pequeña burguesía regional y que el conflicto catalán no se multiplique en mil formas por todo el país. Pero el nacionalismo español como ideología, quedó demasiado asociado a la dictadura franquista. Llevan años ensayando remozos como el «patriotismo constitucional» y mirando con envidia el desembozo de las pequeñas burguesías nacionalistas vasca y catalana. Pero ahora necesitan algo más, necesitan que el nacionalismo sea percibido como un camino de salida de la crisis. Evidentemente es todo lo contrario, una forma de vestir el desplazamiento de los costes de la crisis hacia los trabajadores y la pequeña burguesía productiva; pero el ejemplo catalán tanto como el italiano, dieron a la burguesía españolas esperanzas de conseguirlo.

La ideología de la aceptación de sacrificios, la supeditación de las necesidades humanas universales al crecimiento del capital nacional, se llama nacionalismo.

Presentación de la plataforma «España Ciudadana»
Hay que reconocer en esto el papel pionero de Iglesias y Errejón desde Podemos. Pero las urgencias impuestas por el conflicto catalán dejaron pronto poco espacio para las piruetas. Tabarnia les supo pronto a poco y hasta los discursos nacional-populares empezaron a verse como sospechosos en un momento en que el estado se llegó a sentir en peligro real. De ahí algún recule espectacular como el de Bescansa en Podemos o el de Sánchez en el PSOE. Pero el campeón del nuevo patriotismo español está resultando ser Rivera, quien acaba de iniciar su gira «España ciudadana» envuelto en colores patrios. El «nuevo españolismo» desembozado de «Ciudadanos» se ha encontrado además con lo mejor que podría haberle pasado al nacionalismo español: la elección como Presidente de la Generalitat independentista de Quim Torra, un clasista que al estilo del viejo catalanismo autoritario tiene una larga trayectoria de declaraciones supremacistas con el añejo sabor de la más rancia pequeña burguesía racista y carlistona.

Manifestación del 29 de octubre en Barcelona.
Con tanta presión mediática, tanta banderita y tanta versión pop del himno, el nacionalismo español debería estar creciendo como la espuma… a fin de cuentas la «opinión» es una producción industrial, un «expertise» más de la burguesía. Pero no, lo que muestran los estudios demoscópicos es que el nacionalismo español tiene un techo del 30% de la población y que, por contra, el desgaste y la desconfianza ha rebasado el dique del aparato político, incluso de las «estrategias país» de la burguesía y llega ya al aparato estatal en sí mismo: un 65% suspende al mismísimo poder judicial. El director de la agencia de análisis sociológico encargada del estudio concluye con dolor: «en España no existe un sentimiento mayoritario patriótico».

El nacionalismo español demuestra tener, con toda la furia y la presión mediática, un techo muy bajo que rondaría el 30% de la población. Es una excelente noticia.

Manifestación del 14 de abril de 2014. No es menos nacionalista el españolismo por ser tricolor que por ser rojigualdo.
Es una excelente noticia. En lo fundamental quiere decir que ni la pequeña burguesía independentista ni la burguesía de estado consiguen que sus programas de sacrificios sean interiorizados como propios por los trabajadores. En Cataluña lo vimos con el fracaso del paro «patriótico» del 3 de octubre, en el resto de España se materializa en la incompetencia de los muchos sabores del nacionalismo españolista para conseguir un encuadramiento alrededor de las políticas anticrisis. Por supuesto, a la burguesía española siempre le queda jugar con las viejas mentiras y mitos del 14 de abril y pretender que el nacionalismo tricolor es menos nacionalismo que el rojigualdo. Pero… no está la burguesía española todavía en su «momento republicano». En la cuestión catalana el Rey ha demostrado ser muy valioso para la cohesión interna del estado y por mucho que una «Tercera República» haga mucha ilusión a cierta pequeña burguesía «de izquierdas», seguirá todavía por bastante tiempo como un último recurso, un «as en la manga», del nacionalismo español para vendernos su propia «revolución» llegado el caso. Hoy ni siquiera les serviría para hacer tragar la reforma de las pensiones.

La burguesía española siempre guarda bajo la manga la carta republicana, como si un nacionalismo tricolor fuera menos nacionalismo que uno rojigualdo; pero no toca, hoy por hoy tampoco les sacaría del estancamiento

Portada de The Economist: «La próxima guerra: el creciente peligro de conflicto entre grandes potencias»
En un mundo en el que la guerra comercial empuja y anuncia una proliferación de guerras y aventuras militares, esta resistencia, siquiera pasiva, de los trabajadores en España es mucho más importante de lo que pudiera parecer. Pero no es ninguna solución. Ni la pasividad ni el pacifismo evitaron nunca la guerra imperialista. Solo la lucha de los trabajadores por sus propios objetivos, que son universales, lo ha conseguido. Poco a poco, aparecen señales de que es posible una «vuelta» de los trabajadores como clase consciente, políticamente independiente al escenario histórico. El primer paso hacia esa independencia es el repudio de toda alianza con el capital nacional, de todo nacionalismo. Aunque el tiempo parece jugar en nuestra contra, las bases parecen estar consolidándose.

El primer paso hacia la «vuelta» consciente de la clase trabajadora al escenario histórico, lo único que puede parar la generalización de la guerra, es el rechazo a toda alianza con el capital nacional
 
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