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El nacimiento del feminismo

10 de octubre, 2018 · Historia> Sylvia Pankhurst

Hellen Taylor con su padre J.S. Mill. Taylor prepararía la primera petición al Parlamento que demandaba el sufragio femenino censitario. Petición que sería presentada por su padre, en aquel momento parlamentario.

En 1865, once mujeres londinenses con un interés común en la educación formaron un grupo de discusión: la sociedad Kensington. Nueve de ellas eran solteras. Todas propietarias. Tres de ellas, Sara Bodichon, Emily Davies, y Jessie Boucherett, redactaron una petición a John Stuart Mill, miembro del parlamento en aquel momento, que solicitaba el derecho al voto de, «todos los propietarios, sin distinción de sexo, que posean la propiedad o la calificación de alquiler que su Honorable Casa pueda determinar». John Stuart Mill y Henry Fawcett presentaron la petición, firmado por 1.499 mujeres, en la Cámara de los Comunes el 7 de junio de 1866.

En aquel momento y hasta la aprobación de las leyes de propiedad de las mujeres casadas de 1870, 1874 y 1882 en Gran Bretaña, las casadas no podían poseer propiedades por derecho propio. Las solteras con propiedades, estaban viviendo en un contexto donde no podían acceder a muchos puestos de trabajo acordes con su posición económica. Tampoco tenían pleno acceso al campo profesional, como la medicina o ingeniería, o al mundo empresarial. El 72.5% de los maestros eran mujeres, pero la enseñanza estaba mal pagada y ofrecía escaso reconocimiento social, incluso para las institutrices. Estas mujeres propietarias y solteras de la pequeña burguesía, que carecían de la movilidad ascendente, de oportunidades empresariales y profesionales, formaron la columna vertebral del feminismo británico.

El feminismo nació de la pequeña burguesía, era un movimiento de mujeres solteras con propiedades reclamando el derecho al voto de «todos los propietarios sin distinción de sexo» y excluyendo por tanto a las trabajadoras.

Cartel conmemorativo de la fundación de la NUWSS en 1867

La petición de la Sociedad Kensington no ocultaba el carácter de clase del sufragismo. El derecho de voto a «todos los propietarios, sin distinción de sexo» no solo excluía a las mujeres casadas -cuya propiedad pasaba en Gran Bretaña, a diferencia de muchos países continentales, a sus maridos- sino a las trabajadoras. Porque el criterio no era siquiera tener ingresos o autonomía económica, sino un cierto umbral de propiedades. Las proletarias, solteras o casadas, siempre tuvieron que trabajar en fábricas o en el servicio doméstico para ganarse el pan de cada día. Sin embargo, no se esperaba que las mujeres «respetables» trabajaran y menos aun en trabajos fabriles. El criterio no era la independencia personal que se supone al votante, sino abiertamente clasista.

Un comité provisional sucedió a la sociedad Kensington y luego se convirtió en la «London National Society for Women’s Suffrage» (Sociedad nacional londinense para el sufragio femenino). Le siguió otro comité dedicado a organizar mujeres propietarias en Manchester y el 6 de noviembre de 1867, ambos grupos se unieron a un tercero surgido en Edimburgo, creando la «Sociedad Nacional para el sufragio femenino» (NSWS)*. Las condiciones para su evolución hacia un movimiento más amplio llegarían en 1870 con la aprobación de la «Married Women’s Property Act» (Estatuto de propiedades de la mujer casada), que instituyó que:

Los sueldos e ingresos de toda mujer casada que adquiera o gane después de la aprobación de la presente ley en cualquier empleo, ocupación u oficio (a) en el que participe o que desempeñe por separado de su marido (b), así como el dinero o los bienes que adquiera mediante el ejercicio de cualquier actividad literaria, artística o de otro tipo, o habilidad científica, y también las inversiones (c) de tales salarios, ganancias, dinero o propiedad, se considerarán y se tomarán como propiedad mantenida y resuelta para su uso por separado (d) independientemente de con quien esté casada, y sus recibos por sí solos serán justificación válida de tales salarios, ganancias, dinero y propiedad.

Los efectos de la ley eran limitados porque solo afectaban al dinero y las propiedades que las mujeres adquirieran después de la aprobación de la ley, dejando en manos de sus maridos todo lo adquirido hasta ese momento. Pero instituir la división de bienes era un paso crucial de cara a una posible concesión del derecho de voto a las mujeres casadas de las clases burguesas. Establecía una base social para un movimiento por el derecho al voto de la burguesas y pequeño burguesas. El programa: abolir la barrera del sexo en la representación política de las clases propietaria para luego, a partir de ahí, ascender en la escala económica como empresarias o profesionales.

El programa del sufragismo era abolir la barrera del sexo en la organización política de las clases propietarias para luego ascender en la escala económica como empresarias o profesionales.

Las primeras batallas y escisiones

Octavilla de la NLA convocando a una reunión con Josephine Butler.

A pesar de su homogeneidad social, las sufragistas tuvieron no pocas escisiones y batallas internas. En 1871 Londres se separó del resto del país para apoyar la campaña de la «Ladies National Association» (LNA) en contra de la «Contagious Diseases Act» (ley de enfermedades contagiosas). Se volverían a unir en 1877 pero aun tendrían otra escisión en 1888. Una parte del movimiento quería afiliarse a la sección femenina del Partido Liberal, otras querían mantener su independencia de la política partidista. Un año después, todavía sufrirían la escisión de las que no estaban de acuerdo con restringir el voto a las mujeres propietarias solteras y defendían en su lugar, exigir el voto a todas las mujeres… propietarias. Estas últimsa formarán la «Women’s Franchise League» (WFrL).

Emmeline Pankhurst

El conflicto entre ambas tendencias seguirá aun después de que en 1882 se aprobara un nuevo estatuto de la mujer casada que extendió la división de bienes a las propiedades e ingresos adquiridos por la mujer durante el matrimonio. Aunque las mujeres burguesas casadas ya no podían ser discriminadas por motivos de propiedad si se concedía el voto a las propietarias, el conflicto entre las feministas que crearon la WFrL y las que querían restringir el voto a la solteras tenían un fondo estratégico: establecer el camino más seguro para ganar la solidaridad de clase de los varones burgueses para el movimiento. No había ningún cuestionamiento de su papel de clase. La WFrL tenía por objeto, «extender a las mujeres, ya sean solteras, casadas o viudas, el derecho de voto en las elecciones parlamentarias, municipales, locales y de otro tipo en las mismas condiciones que los hombres». Obviamente «las mismas condiciones que los hombres» se refería a las mismas condiciones de propiedad.

Las primeras batallas internas del feminismo entre las que defendían el derecho al voto de todas las mujeres de clase acomodada y las que lo limitaban a las solteras jamás incluyeron a las trabajadoras

Mientras, entre los marxistas…

Cartel del SPD convocando al «día de solidaridad de la mujer proletaria» en 1914

No podía haber un mayor contraste con la política del movimiento revolucionario. Desde el congreso de Gotha (1875), los socialistas alemanes pusieron en el centro de su estrategia la «cuestión de la mujer», organizando cada vez a más trabajadoras y luchando por el sufragio universal para ambos sexos. La lucha por el sufragio universal era inseparable de los objetivos generales del movimiento obrero, porque el comunismo no es solo la negación del capitalismo o de sus consecuencias directas, sino de toda sociedad de clases, con todos sus sistemas de opresión y discriminación asociados, desde la opresión lingüística al sexismo.

El deber de protestar contra la opresión nacional y de combatirla, que corresponde al partido de clase del proletariado, no encuentra su fundamento en ningún «derecho de las naciones» particular, así como tampoco la igualdad política y social de los sexos no emana de ningún «derecho de la mujer» al que hace referencia el movimiento burgués de emancipación de las mujeres. Estos deberes no pueden deducirse más que de una oposición generalizada al sistema de clases, a todas las formas de desigualdad social y a todo poder de dominación. En una palabra, se deducen del principio fundamental del socialismo.

Rosa Luxemburgo. La cuestión nacional y la autonomía, 1908

Rosa Luxemburgo en 1893

Los esfuerzos del ala izquierda de la IIª Internacional para incorporar a las trabajadoras al movimiento socialista y luchar por sus necesidades, no provenían de un sentimiento feminista, de una extensión de la política interclasista del feminismo. Al contrario. Todos sus esfuerzos formaron parte de su política revolucionaria, era una extensión lógica del movimiento que buscaba la toma del poder de la clase obrera y la creación de un mundo realmente humano. Para ellas, como para todos los marxistas de época, el mito de la «comunidad de intereses de las mujeres» ocultaba el antagonismo entre clases. La «sororidad» feminista tiene para las trabajadoras el mismo significado que la «fraternidad» jacobina que no distinguía de sexos: sometimiento a unos intereses de clase ajenos. Por eso Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin, Alejandra Kollontai y otras revolucionarias estaban incondicionalmente en contra del feminismo. Comprendieron, a diferencia de las «feministas marxistas» académicas, que el feminismo es irreconciliable con el comunismo.

El mito de la «comunidad de mujeres» oculta el antagonismo entre clases. La «sororidad» feminista tiene para las trabajadoras el mismo significado que la «fraternidad» jacobina: sometimiento a intereses de clase ajenos

El feminismo y el laborismo británico

Emmeline Pankhurst dando un discurso. A su derecha, sobre el volante, Richard Pankhurst

En 1892, los fundadores de la WFrL, Emmeline y Richard Pankhurst, causaron un altercado en una reunión de sufragistas. Lydia Becker la había convocado para impulsar un proyecto de ley que diera el voto exclusivamente a las mujeres solteras. Los Pankhursts interrumpieron a los oradores gritando sus objeciones. Elizabeth Wolstenholme-Elmy, la secretaria de organización de la WFrL, desaprobabó su comportamiento, y dimitió. Fue sustituida por Ursula Bright, esposa de un parlamentario liberal que se convirtió en la secretaria de la organización, lo que significaba el fortalecimiento de los lazos entra la liga y el Partido Liberal. Finalmente, el trabajo de Ursula Bright, Emmeline Pankhurst y otros consiguió suficiente influencia como para insertar sus principios en el Estatuto de Gobierno Local de 1894. Esta ley consagró el principio de que todas las mujeres, casadas o solteras, tenían derecho a votar en las elecciones locales si tenían el patrimonio suficiente*.

Estandarte del ILP en Reading. La divisa dice «Levantate Inglaterra porque el día ha llegado», verso del poeta fabiano Edward Carpenter.

El Partido Liberal, que se había dividido ya en 1886 a raíz del debate sobre la autonomía irlandesa, eligió como líder en 1894 al conde de Rosebury, representante de la facción imperialista. Como muchos otros liberales, los Pankhursts abandonaron entonces el partido* para unirse al reformista Partido Laborista Independiente (ILP). El ILP era un producto de los sindicatos británicos, que en ese momento luchaban por conseguir tener sus propios diputados. En un principio habían apoyado a los parlamentarios liberales opuestos a la legislación antisindical. Pero el Partido Liberal no estuvo a la altura de las expectativas ni de los sindicatos ni de los Pankhurst. Los sindicatos querían que las asambleas electorales del Partido Liberal eligieran como candidatos a algunos de sus dirigentes, algo que el Partido Liberal no hizo. Y no solo no lo hizo sino que al presionar para que el cargo de diputado siguiera sin ser remunerado, alejó aun más las aspiraciones de representación parlamentaria de los trabajadores en general. Todas estas decepciones desembocaron en la creación del «Comité por la representación del trabajo», una organización federal compuesta por los sindicatos y el ILP*.

Hasta 1894 el feminismo se asoció al Partido Liberal británico. Fue el giro de éste a la derecha con el triunfo de su ala imperialista el que lo abocó a acercarse al laborismo

Proveniente del radicalismo puritano y liberal inglés, el primer feminismo abundó en imágenes (Juana de Arco) y colores (violeta) que buscaban la asociación con la castidad y la moral pequeñoburguesa de la época.

El nuevo mapa de alianzas abría el camino a una reorientación del feminismo. Emmeline Pankhurst fundadría la WPSU en 1903. Por primera vez, las sufragistas iban a tratar de ganar a las mujeres trabajadoras, mucho mayores en número y sobre todo mucho más organizadas, proponiendo un frente interclasista «de mujeres» cuyo objetivo sería conseguir diputadas burguesas dentro del sistema censitario. En otras palabras, el feminismo se disponía a pedir el apoyo de las trabajadoras para sus propios intereses bajo un programa que las excluía abiertamente.

Con la WPSU (1903) hay un giro: las mujeres pequeñoburguesas pedirían el apoyo de las trabajadoras para sus propios intereses, bajo un programa que excluía abiertamente a las trabajadoras del voto

Lee esta serie completa

  1. «El nacimiento del feminismo»
  2. «Las primeras feministas que se dirigieron a las trabajadoras»
  3. «Sylvia Pankhurst»

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