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El nacimiento de los IWW

21 de abril, 2019 · Historia> Historia del Proletariado

Los «Industrial Workers of the World» (IWW) son, a día de hoy, un mito del anarquismo y el anarcosindicalismo. Sin embargo, nacieron como parte del esfuerzo consciente de los marxistas estadounidenses por superar el sindicalismo gremial, de oficio, que dividía a los trabajadores de una misma plantilla en favor del «sindicalismo de clase» o «nuevo sindicalismo», como lo había definido Engels.

El Partido Socialista de América (SPA)

Eugene V. Debs se dirige a la conferencia fundacional de «Social Democracy of America» en Chicago, 15 de junio de 1897

En 1897, una convención conjunta de la «American Railway Union» (Sindicato Americano de Ferrocarriles), fundado por Eugene Debs, y la «Brotherhood of the Cooperative Commonwealth» (Hermandad de la Mancomunidad Cooperativa), una organización que aspiraba a llenar el país de «colonias socialistas», se reunió para crear la formación de la «Social Democracy of America» (Socialdemocracia de América). La cuestión de las colonias era sin embargo polémica. La tensión llegó a un punto máximo cuando el informe a favor del esquema de colonización fue aprobado por mayoría. La minoría derrotada abandonó la convención y formó un nuevo partido el «Social Democratic Party of America» (Partido Socialdemócrata de América).

En la misma época, el «Socialist Labor Party» (SLP) se debatía, como veíamos en la última entrega de esta serie, en torno a la actitud a tomar frente a los viejos sindicatos reacccionarios y supuestamente «apolíticos» de la «American Federation of Labor» (AFL). Sin embargo, no pocos militantes estaban descontentos con el SLP por su posición antagónica hacia la AFL. Morris Hillquit, uno de ellos, lo describía así:

Las políticas estrechas del Partido Socialista del Trabajo tuvieron el doble efecto de repugnar a muchos trabajadores veteranos del movimiento que se retiraron del partido en grandes cantidades, y de hacer que la organización fuera impopular para la mayoría de los socialistas recién convertidos

¿Qué eran esas «políticas estrechas»? Fundamentalmente, la promoción de la «Alianza Socialista de Oficios y Trabajos» («ST&LA»), el intento de promover un sindicato que partiera de «reconocer la lucha de clases entre la clase capitalista y la clase obrera». Hillquit y otros como él arguían que la promoción de la ST&LA,

llevaría al enfrentamiento con los sindicatos existentes, mientras que logrará poco por sí misma, y que finalmente llevará a un distanciamiento entre el partido y el resto del movimiento obrero en el país

Esta actitud oportunista, se afianzaría en el «Volkszeitung», la principal cabecera socialista de la época, alimentando también el «golpe partidario» de 1899. El 9 de julio de 1899, se convocó una falsa reunión del Comité General de la Sección del Gran Nueva York para el día siguiente. La reunión «destituyó» a todos los cargos locales, estatales y nacionales del Partido y «eligió» otros nuevos. Acto seguido marcharon a la sede del Partido y exigieron la entrega de la infraestructura del partido. El nuevo SLP de los «golpistas» comenzó a publicar un diario con la misma cabecera que el partido original e instaló a su comité nacional en una sede propia mientras entablaba acciones legales para obligar al partido a retirar sus candidaturas electorales, que también coincidían en nombre y símbolos con las del partido «clónico». Los tribunales, sin embargo, dieron la razón al Comité Ejecutivo Nacional del SLP y no a la tendencia «Volkszeitung». El SLP ilegítimo, que representaba a los miembros desafectos y pro-AFL del partido, había fracasado.

Número del New Yorker Volkszeitung de 1917 anunciando la llegada de Trotski desde España.

Para afirmarse, el comité nacional de los «golpistas» convocó una convención nacional en Rochester. La convención condenó a la ST&LA y adoptó una resolución que pedía una «rápida fusión» con el Partido Socialdemócrata para formar «un partido socialista fuerte, armonioso y unido». Tal fusión tendría lugar finalmente en 1901 y el resultado sería el «Socialist Party of America» (SPA). Esta organización es a menudo presentada en la historiografía norteamericana como el producto de una «revuelta democrática» frente al autoritarismo izquierdista del SLP. En realidad no era otra cosa que la continuidad de toda esa tendencia reaccionaria y conciliadora entre clases, que había nacido de la resistencia del artesanado a la proletarización y que había cristalizado en los sindicatos corporativos y de oficio en colusión abierta con el estado y la burguesía industrial. Esta tendencia tenía su principal bastión en la AFL, una organización nacional que le permitía entrar en el «gran juego» político como «representante» de la clase obrera como un todo, de ahí que estuviera dispuesta a tomar riesgos en cualquier otro plano para evitar su puesta en cuestión. Tampoco iban a tener empacho en reconocerlo.

Si el New Yorker Volkszeitung fue tan lejos en su defensa de la Federación Americana del Trabajo (AFL) y aceptó el riesgo de una escisión en el movimiento socialista de América, fue con el fin de evitar una escisión en el movimiento sindical de la tierra, y de mantener a la Federación Americana del Trabajo como el cuerpo unido del sindicalismo americano

«New Yorker Volkszeitung», 2 de septiembre de 1909

Es obvio sin embargo, que no existía un movimiento sindical unificado y armonioso. Lo que el SPA pretendía era presentar a la AFL, sus objetivos y su carácter, como únicos exponentes del movimiento reivindicativo de la clase. Movimiento que reducían al «sindicalismo llano y simple», es decir, al rechazo de cualquier perspectiva de clase a favor de la simple negociación de salarios de oficio o categoría, dividiendo las plantillas en el mismo lugar de trabajo y abortando cualquier expresión de intereses comunes. La antítesis de la lucha de clases.

Daniel de León en respuesta tanto al «Volkszeitung» como a «Wahrheit», otra cabecera de posiciones similares, que atacaban la «interferencia» de la ST&LA en las «diferencias sindicales»

El duo sostiene, en primer lugar, que es un principio fundamental de su partido no «interferir en las diferencias sindicales». La afirmación es falsa; lo contrario es cierto. ¿Qué fue su postura sino una «interferencia en las diferencias sindicales» cuando en su última convención nacional, abofetearon a la ALU en la «diferencia» que estalló entre el ALU y la AFL sobre el tema de las entrañables relaciones de esta última con la Federación Cívica? No «interfieren en las diferencias de los sindicatos», ¿verdad? ¿Por qué están hasta las cachas de interferencia, pero siempre y solo del lado de los lugartenientes laborales de la clase capitalista, siempre consecuentemente, de lado del esquirolaje?

Daniel de León, «Two Flies with One Clap»

Como explicó el propio de León en «La reconstrucción socialista de la sociedad», en realidad no hay tal cosa como abstenerse de la política. El «rechazo de la AFL a la política» y su carácter gremial, en realidad es político, así como el rechazo del anarquista no sólo a la participación electoral, sino a la política en general, es en sí mismo político. No es de extrañar que los stalinistas que escribieron sobre el SLP, como Carl Reeve del Partido stalinista oficial, no tengan problemas al acusarlos de ser «lassallianos antisindicales» y, de hecho, se deleiten en propagar esa calumnia. Al CPUSA, que apoyaba a la Rusia stalinista, le interesaba presentar a los sindicatos como órganos de la clase obrera.

El nacimiento de los IWW

Actas de la primera conferencia anual de los IWW

Chicago, 1904. Se reúnen informalmente seis dirigentes obreros: William E. Trautmann (editor del «Brauer Zeitung», el órgano oficial de los «United Brewery Workmen»), George Estes (Presidente de la «United Brotherhood of Railway Employees»), W.L. Hall (Secretario General y Tesorero de la misma organización ferroviaria), Isaac Cowen (representante estadounidense de la «Amalgamated Society of Engineers of Great Britain»), Clarence Smith (Tesorero y Secretario General del «American Labor Union»), y Thomas J. Hagerty (editor de «Voice of Labor», órgano de este último sindicato). Responden a la necesidad de intervenir efectivamente en el movimiento obrero. Los sindicatos industriales -organizados por empresas y sectores-, como el «American Labor Union», la «Western Federation of Miners» o la ST&LA, aunque apuntaran en la dirección correcta, no podían ser un contrapeso efectivo a los sindicatos de los oficios mejor remunerados, como la AFL. Deciden enviar una carta de invitación a treinta destacados socialistas y activistas obreros.

Les invitamos a reunirse con nosotros en Chicago, el lunes 2 de enero de 1905, en una conferencia secreta para discutir las maneras y los medios de unir a los trabajadores de EEUU en torno a los principios revolucionarios correctos, independientemente de cualquier organización obrera general del pasado o del presente, y sólo restringida por los principios básicos que aseguren su integridad como un verdadera protectora de los intereses de los trabajadores.

En la conferencia de enero de 1905 se encontrarán Charles H. Moyer (Presidente de la «Federación de Mineros del Oeste»), William Haywood (Secretario del mismo sindicato), J.M. O’Neill (editor de «Miners’ Magazine»), A.M. Simons (editor de la «International Socialist Review»), Frank Bohn (del SLP y de la ST&LA), T. J. Hagerty, C.O. Sherman (de la «United Metal Workers»), y «Mother Jones». Elaborarán un Manifiesto que criticando a los los sindicatos de oficio y proponiendo la creación de un órgano que cumpliera con la misión que estos sindicatos no podían realizar. La convención de junio convocada por el Manifiesto tuvo doscientos participantes. Fue la «Primera Convención Anual de los Trabajadores Industriales del Mundo». Daniel de León y otros doce delegados de la ST&LA asistieron a esta convención.

Parecía el primer deber de los sindicalistas conscientes, independientemente de su afiliación, prejuicio o interés personal, sentar las bases sobre las que todos los trabajadores, muchos de los cuales que están ahora organizados, pudieran unirse sobre una base común para construir una organización de trabajadores que correspondiera a las condiciones industriales modernas, y a través de la cual pudieran finalmente lograr la completa emancipación de la esclavitud salarial para todos los trabajadores asalariados.

Clarence Smith, Secretario general de la «American Labor Union»

Los IWW no comenzó como un proyecto anarcosindicalista. Fue concebida por socialistas como un órgano que dotaría de una dirección política a las reivindicaciones de la clase obrera, diferenciándose de todo lo que representaba la AFL y el sindicalismo «llano y simple». El preámbulo a los estatutos y declaraciones del primer congreso de la IWW remarcaría ésto con las famosas «tres claúsulas»

  • No puede haber paz mientras que el hambre y la carencia se encuentren entre millones de gente trabajadora y los pocos, de quienes se compone la clase que emplea, tienen todo lo bueno para la vida.
  • La clase trabajadora y la clase que le emplea no tienen nada [ningún interés] en común.
  • Entre estas dos clases la lucha tiene que continuar hasta que todos los trabajadores se unen en el campo político, así como en el industrial, y se apoderen de aquello que ellos producen con su trabajo por media de una organización económica de la clase trabajadora sin ninguna afiliación con partido político alguno.

Daniel de León

Poco después del congreso, Daniel de León pronunciará su discurso «El Preámbulo de los Trabajadores Industriales del Mundo», más tarde rebautizado «Reconstrucción socialista de la sociedad». Se trata de una serie de comentarios sobre estas tres claúsulas.

Sobre la primera se centra en refutar la noción, propagada por la clase dominante, de que el bienestar del proletariado solo es posible con la prosperidad de la burguesía; insistiendo en que, los intereses de la clase trabajadora son antagónicos a los de la acumulación de capital. Curiosamente este comentario fue utilizado después, por la bibliografía stalinista norteamericana como supuesta «prueba» de su lassalleanismo. Pero la verdad es que nunca tuvo tales posiciones. Todo lo contrario, entendía que los salarios más altos no implicaban necesariamente niveles de precios más altos y que

una organización económica con conciencia de clase, es decir, el sindicalismo de clase, impediría que un aumento de los salarios fuera neutralizado por un aumento de los precios

Sobre el segundo punto, insistió en el antagonismo entre las clases, afirmando que el nivel de vida de la clase obrera continuaba deteriorándose mientras que la burguesía continuaba expandiéndose a su costa. Pero los comentarios más interesantes para entender sus posiciones posteriores contra el anarquismo en el seno de la IWW, son los de la tercera cláusula. Insiste en que la lucha de clases es tanto política como económica. El rechazo de lo político significaría el rechazo de la necesidad del proletariado de capturar el poder político y por lo tanto dejaría a la clase obrera impotente contra los ataques de la clase capitalista.

La primera escisión de la IWW (1906)

La primera escisión de la IWW, no fue entre anarquistas y los marxistas, sino entre los grupos que representaban a los últimos oficios especializados y bien remunerados y los que entendían que la organización de la mayoría del proletariado, los trabajadores no cualificados, era absolutamente necesaria para el desarrollo del movimiento. Los primeros fueron calificados por sus oponentes como los «reaccionarios» y «farsantes», mientras que a los segundos se les denominaba «revolucionarios» o «esclavos asalariados».

Víctor Berger y otros dirigentes del Partido Socialista de América (SPA), habían prometido apoyar a los IWW si el elemento revolucionario era eliminado de la organización. «Millones de trabajadores» se unirían, aseguraron. Sherman, que venía de «United Metal Workers» y era a la sazón presidente de los IWW, no pudo resistir la tentación de beneficiarse del aumento de los ingresos fiscales que traería consigo un aumento de miembros.

Los revolucionarios celebraron una conferencia previa a la convención en Chicago el 14 de agosto de 1906, convocados por el Sindicato Local Nº 23 del Departamento de Metalurgia y Maquinaria. Enviaron una carta a los diversos locales de la IWW en Chicago, instando a la convocatoria de una conferencia preliminar para considerar las siguientes propuestas:

Primero. ¿Es necesario un presidente en nuestra forma de organización?
Segundo. ¿Será esta organización la expresión de sus miembros?
Tercero. ¿Quién dirigirá el trabajo de la organización?
Cuarto. ¿Recibirán los sindicatos locales una copia de las actas de las sesiones de la Junta Ejecutiva General?
Quinto. ¿Estarán representados los sindicatos locales en la Convención Nacional, tal como se establece en el Artículo VI de la Constitución General?
Sexto. Cualquier otro asunto que la Conferencia considere necesario debatir

¿El resultado? Los delegados de unos dieciséis sindicatos decidieron unánimemente que la posición del presidente era innecesaria, que todos los sindicatos locales debían nominar a todos los organizadores, conferenciantes, etc., que debían ser elegidos por las bases, que los informes de todas las sesiones de la Junta Ejecutiva debían enviarse a todos los sindicatos locales y estar abiertos a las bases, y que al menos dos delegados debían representar a cada sindicato local en la próxima convención.

Una vez que el cargo de presidente fue abolido en la segunda convención anual de la IWW, Mahoney, de la Federación de Mineros del Oeste, expresó sus objeciones, pero fueron rechazadas por los delegados por 342 contra 246 votos. El 2 de octubre, cuando la mayoría de la convención eligió nuevos dirigentes y proclamó la legitimidad de las nuevas enmiendas, Mahoney abandonó la convención llevándose con él a otros miembros. Esta facción organizaría con Sherman una IWW falsa, tratando de quedarse -sin éxito al final- con las sedes y propiedades. El episodio sirvió para mostrar la inquina que el SPA albergaba hacia los esfuerzos no sólo de Daniel de León, sino del sindicalismo de clase en general.

Resumen en tuits

Los IWW no nacieron anarcosindicalistas. Originalmente eran parte del esfuerzo de los socialistas por superar el sindicalismo gremial de oficio que dividía las plantillas desde la base
La AFL, todavía hoy reinante en EEUU, intentó una y otra vez descarrillar el intento de impulsar un sindicalismo de clase mientras las condiciones históricas lo hacían todavía posible.
El principio de base de los IWW era el reconocimiento de la lucha de clases y el rechazo de un interés común de los trabajadores con la burguesía en la «buena marcha de la empresa»
Daniel de León, marxista que fue clave en el proceso y que sería el primero en analizar el origen y papel las burocracias sindicales es todavía hoy calumniado por AFL, stalinistas y anarquistas