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El imperialismo no es un juego

17 de julio, 2020 · Actualidad> Actualidad global> Informe semanal

Soldados azeríes en el frente ayer.

Esta semana la prensa mundial habló, y mucho, de temas sobre los que solemos alertar en nuestros informes semanales: la tendencia, denunciada por el Secretario General de la ONU, de la guerra en Libia a convertirse en una guerra abierta entre potencias o el peligro de choques entre las armadas de EEUU y China en el Mar de China Meridional y el estrecho de Taiwan. Por eso en este informe nos centraremos en nuevas líneas de desarrollo que han quedado en segundo plano mediático pero no son menos importantes ni peligrosas.

La piedra fundacional de un bloque chino

Irán abandona el canal de Suez.

La prensa global ha celebrado esta semana la «salida de China de la crisis». A día de hoy un crecimiento interanual del 3,2% en el segundo trimestre de 2020 parece un sueño para la mayoría de los capitales nacionales. Basta comparar el incremento del 0,5% de las exportaciones en junio respecto a junio de 2019 en China con la caída mes tras mes de las alemanas para hacer evidente la potencia del capital chino frente a sus rivales y el «es hora de hacer retroceder a China» de Pompeo. Y sin embargo, si miramos al mercado de trabajo nos cuenta una historia completamente distinta.

China puede acelerar el lanzamiento de Hainan como un Hong Kong alternativo, pero al final toda su esperanza para el nuevo puerto franco es que reanime el turismo y el consumo interno. El acceso al mercado global de capitales y la transformación del yuan en una divisa global se han visto seriamente en riesgo por las sanciones de EEUU. Así que China tiene más urgencia que nunca en salir de sus fronteras, encontrar mercados solventes y colocar excedentes de capital. Es decir, la pulsión imperialista es más fuerte, más urgente, si cabe más vital, para el capital nacional chino ahora que antes de la pandemia.

Y sigue pensando en términos Belt and Road (Nueva Ruta de la Seda), es decir como un conjunto de inversiones ordenadas en torno a una serie de corredores comerciales continentales que proyecten el desarrollo industrial chino hacia el Oeste equilibrando a la costa como origen de la demanda externa. Algo no tan fácil, ni en lo que hace a desarrollo interno ni en la pura lógica geoestratégica en una época de proliferación global de conflictos.

Es en ese camino hacia el Este donde esta semana ha comenzado a insinuarse la idea de un corredor Asia-Mediterráneo bajo influencia china. Primera señal: China estaría sustituyendo a EEUU como patrón en el Kurdistán iraquí. Segunda señal: Irán abandona el canal de Suez y utilizará rutas alternativas al tiempo que refuerza sus posiciones en Siria a pesar de la presión y los ataques israelíes. Es decir, Irán reacomoda sus líneas de abastecimiento y comercialización priorizando las salidas terrestres hacia el Este… y el Mediterráneo.

China, por su lado, intenta organizar un frente de estados contrarios a las sanciones a Irán cuando se cumplen cinco años de la ruptura del acuerdo nuclear apoyándose en la posición contraria de la UE a las sanciones de EEUU.

Y, lo que sería mucho más importante, estaría presionando al poder en Irán para firmar un acuerdo secreto de alianza que le daría acceso irrestricto a los puertos y bases militares iraníes durante 25 años. China en compensación invertiría 400 mil millones de dólares en desarrollar la infraestructura de petróleo, gas y transporte iraní, obteniendo un descuento del 32 por ciento durante 25 años en sus compras de petróleo, gas y productos petroquímicos iraníes. Entre los flecos del acuerdo que enfrenta a los distintos sectores de la burguesía y el aparato político iraní, el despliegue de 5000 soldados chinos para proteger sus inversiones. Un elemento extra: Rusia estaría interesada en sumarse, como minoritaria, al acuerdo.

De seguir adelante y pasar de negociación a acuerdo, sería la piedra fundacional de un bloque imperialista alrededor de China. Estaríamos definitivamente en una nueva fase del conflicto imperialista mundial.

El Cáucaso y Turquía

Drones turcos.

Mientras la política imperialista turca se oriente hacia la Turquía azul, es decir hacia la expansión y explotación económica de las aguas hoy griegas y chipriotas en el Mediterráneo Oriental, necesitará ganar bases en el Norte de África y el nivel de contradicción con los intereses estratégicos de Rusia seguirá aumentando.

Sin embargo, la reaparición del conflicto por el Nagorno Karabaj entre Armenia y Azerbaiyán coloca a ambos estados en el mismo frente de nuevo. Hasta ahora medios y analistas se han mostrado relativamente confiados en que el conflicto no escalaría de nuevo. Sin embargo, el anuncio esta misma mañana del gobierno de Bakú de que proseguirá las acciones militares y el cese fulminante del ministro de Exteriores ayer, acusado de mantener negociaciones sin sentido con Armenia apuntan a un peligro creciente. Si a eso le sumamos la presencia mediática continua del Embajador turco en los informativos azeríes apoyando sin fisuras las acciones militares y el uso de drones por el ejército azerí muy similares si no los mismos, que los que fueron decisivos en Libia… daría la impresión de que Turquía está interesada en utilizar la frágil tregua caucásica para desincentivar a EEUU de una mayor implicación en Libia en socorro de Francia mostrando un escenario de acercamiento a Rusia y China.

África

Fotos satelitales de la Presa del Renacimiento en junio y julio. Se observa el llenado de la prensa.

Las revueltas de esta semana en Mali que acabaron en frágil componenda entre las partes y la inmediata crisis de gobierno preventiva en Chad, hablan de una escalada de la tensión entre Rusia y Francia por el control político de los gobiernos del Sahel. Todo se da en un marco de alianzas contradictorias -Francia y Rusia son aliados en Libia frente a Turquía-, impotencia de la intervención militar europea y extensión de la guerra difusa más allá de la región. Esta misma semana se declaró la militarización del Norte de Burkina Faso.

El peligro de una extensión de la guerra desde el interior del Sahel en todas las direcciones, conectando la frágil situación continental con Libia, Oriente Medio y el Sur de Europa es cada vez mayor. La clave: Egipto, cada vez más cerca de dar el paso que le piden sus aliados e invadir Libia. Pero también de enzarzarse en un conflicto armado con Etiopia a cuenta de la presa del Renacimiento.

El fracaso de las negociaciones entre Etiopía, Sudán y Egipto ha sido seguido por las primeras señales de llenado de la presa, matizadas más que refutadas por el gobierno etíope. Egipto ha prometido en numerosas ocasiones una respuesta militar inmediata si el llenado se verificaba sin un acuerdo previo.

El imperialismo no es un juego

El imperialismo no es un juego. Todos esos afanes, avances, alianzas que cada estado organiza en defensa de su capital nacional, no se dan sobre un tablero de cartón ni en la irrealidad de una serie de fantasía. Dejan un reguero masivo de muertos muy reales, siembran hambrunas que no lo son menos e impulsan la pauperización masiva de los trabajadores en cada país. Ayer mismo se presentaba el informe sobre la pobreza en España durante 2019. Antes de la pandemia, en las supuestas vacas gordas, 4,2 millones de personas estaban ya en pobreza severa, de ellas 1 millón eran trabajadores en activo, con empleo.

No, el imperialismo no es un juego de aventuras que se desarrolla en paisajes exóticos y salas de mando donde el nivel de abstracción hace invisible el hambre y la sangre. Es la cotidianidad de nuestras vidas y su amenaza. Es el día a día universal de un capital que no encuentra mercados suficientes para dar rienda suelta a la acumulación y destruye las capacidades que organiza socialmente, la principal de ellas, nosotros, la fuerza de trabajo.