El gemido del capital español

Así es como termina el mundo
Así es como termina el mundo
Así es como termina el mundo
No es una explosión, sino un gemido.

T.S. Elliot

Estas semanas pasadas hemos podido ver dos ejemplos de colapso cuyo origen es tan claro que la prensa menos sospechosa de ponerse del lado de los trabajadores no ha tenido más remedio que, por una vez, describir las cosas tal cual son.

1

Autopistas. Lo cuenta El Confidencial:

En estos cuatro años, el sector pasó de emplear a más de 5.100 personas a apenas 3.200. O lo que es lo mismo: las empresas despidieron a uno de cada tres trabajadores. En paralelo, incrementaron las tarifas de los peajes a los conductores, de 10,6 a 12,4 céntimos por kilómetro en el caso de las autopistas estatales y de 15,6 a 17 céntimos en las de concesión autonómica. La red nacional de autopistas de peaje se mantuvo inalterable en 3.307 kilómetros.

2

Correos. Lo cuenta OKDiario:

La falta de personal en la compañía ha provocado que los paquetes se acumulen en el aeropuerto madrileño Adolfo Suárez-Barajas. En total, según fuentes de la compañía y trabajadores, hay aproximadamente entre 500.000 y 600.000 paquetes sin enviar. Existe una demora de más de un mes en la entrega de algunos pedidos y todos «están a la intemperie: si llueve, se empapan», indican. […]

El problema reside fundamentalmente en que la plantilla de Correos se ha ido reduciendo a medida que pasan los años, a la par que aumentan sus usuarios. Sin ir más lejos, en 2016 redujeron la plantilla un 2,15%, hasta los 51.383 empleados y a día de hoy, en 2017, cuentan con casi 50.000 empleados. Esto, en cifras, se traduce en casi 1.400 empleados menos en 2017.

El gemido final

Cuando el capitalismo español farda de ser capaz de aumentar la «productividad» miente. Quiere vender aumentos de plusvalía absoluta como plusvalía relativa, no está mejorando la tecnología, simplemente está aumentando la explotación en términos absolutos: paga menos por el mismo trabajo y carga de horas no pagadas a los trabajadores.

Los cantos al incremento de la productividad del capitalismo español son sencillamente mentira: No mejora la tecnología ni aumenta la capacidad productiva, aumentan la explotación absoluta y las horas no pagadas.

Pero, si no hay mejora tecnológica, ¿cómo es que lo que salva la «desaceleración» del consumo es la inversión? Sencillamente porque es inversión extranjera no productiva, mera compra a saldo de activos locales. El capitalismo español está vendiendo descapitalización como crecimiento, explotación como productividad y precarización extrema como creación de empleo.

El capitalismo español está vendiendo descapitalización como crecimiento, explotación como productividad y precarización extrema como creación de empleo.

El problema es que hay un límite físico a la viabilidad de la producción. Si no hay trabajadores para pasar con suficiente frecuencia el quitanieves, la carretera se vuelve impracticable; si no hay personas suficientes para atender un pico de envíos de paquetería tan predecible como la Navidad, los paquetes se acumulan hasta deteriorarse. ¿Cabe sorprenderse del resultado? Solo en la medida en que haga evidente que el capital español ni siquiera sabe organizar ya servicios básicos sin que colapsen.

Y ahí es cuando llega el gemido. Es el gemido del capital nacional, al que le gustaría poder explotar más y a más trabajadores pero ni siquiera sabe hacerlo y solo obtiene desempleo y colapso. Una burguesía en un estado tan lamentable que hasta para mantener las carreteras de la capital ante una nevada de lo más normalito, tiene que recurrir a unidades especiales del ejército.

Elliot escribió que el mundo no termina con una explosión, sino con un gemido. Hasta cierto punto es verdad. Con un gemido termina la época en la que la burguesía sabía ocultar su incapacidad para seguir dirigiendo esta sociedad. Hoy gime. Gimen los miserables burgueses españoles. Gime la burguesía en todo el mundo. Ante Trump, ante el Brexit, ante el cambio climático. Gimen al ver su naturaleza monstruosa en el espejo de sus productos. Con un gemido confiesan la mentira. Acabó su tiempo pero no acaba su mundo todavía. Es hora de que la explosión del trabajo de paso a un mundo nuevo.

 
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