El estancamiento político de la burguesía española

La reapertura del Parlamento de Cataluña solo ha servido para certificar la parálisis institucional y el empate de facto entre la burguesía española y la pequeña burguesía independentista catalana.
El espectáculo de hoy en el Parlament no ha hecho sino confirmar lo que ya sabíamos: la burguesía española está atascada en su particular «día de la marmota» en Cataluña. Tiene muy difícil sacar adelante su agenda si no sale de este bloqueo porque... no puede dejar de pensar en la lucha de clases.

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Resolver la cuestión catalana y el «problema territorial». La burguesía española en primer lugar debe alinear y disciplinar a la pequeña burguesía. En Francia y desde luego en Italia tienen el mismo problema. Pero en España, debido a la estructura territorial del estado, significa un peligro inminente de vendaval de fuerzas centrífugas que podría poner en peligro al estado mismo. La «vacuna» será inevitablemente dolorosa, equivalente a una reforma constitucional, incluyendo desde la unidad de mercado a la ley electoral pasando por una reforma judicial que elimine la posibilidad de los gobiernos regionales de elegir a los jueces que pueden juzgar sus casos de corrupción.

Cuando dicen que la batalla con el independentismo «ha roto a la sociedad catalana» quieren decir que se ha roto la capacidad del estado para mantener la cohesión mínima con la pequeña burguesía local necesaria para conservar en funcionamiento las instituciones representativas. Lo hemos visto hoy y lo vimos toda la semana con los llamamientos a un 155 «permanente y revisable». El momento es peligroso porque la escalada de tensión en Europa es evidente y va a serlo mucho más en un futuro inmediato con Gran Bretaña. En ese juego, tener una llaga abierta en Cataluña no puede ser más tentador para una burguesía británica que no deja de dar señales y amagar con convertirse en el padrino internacional del independentismo.

En Cataluña se ha roto la capacidad del estado para mantener la cohesión mínima con la pequeña burguesía local necesaria para conservar en funcionamiento las instituciones representativas
Los portavoces parlamentarios de Ciudadanos y Podemos: Irene Montero y Juan Carlos Girauta.
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Renovar y reformar el aparato político. Para «resolver» el problema territorial la burguesía española necesita renovar su aparato político. Esta renovación ha pasado a estar en primera línea de las prioridades de estado tan pronto se ha visto que con PP y PSOE ni siquiera puede contarse para reformar mínimamente la ley electoral, un viejo proyecto cuyo objetivo es evitar que «indepes» y partidos regionalistas puedan bloquear la formación de gobierno y los presupuestos. Que Ciudadanos y Podemos escenifiquen un acuerdo no tuvo otro significado que subrayar este hecho... y dar paso a una verdadera campaña por finiquitar al PP y sustituirlo cuanto antes por Ciudadanos.

El PSOE y especialmente el PP no han tardado en resistirse. A fin de cuentas, son aparatos relativamente autónomos y el capitalismo de estado no deja de ser una pelea de hienas. El objetivo central del PP parece ahora atacar a Ciudadanos aunque salga peor parado que su rival. Hoy hemos visto algo de eso cuando Albiol, portavoz del PP en el Parlament, centró su intervención en atacar y culpar del estancamiento de la situación a la lideresa de C's, Inés Arrimadas. Es una posición desesperada que solo puede restarle apoyos entre sus votantes que si votan PP es para que ataque al independentismo, no a Arrimadas, pero según dicen el PP está verdaderamente en pánico ante las encuestas electorales en Andalucía.

Para «resolver» el problema territorial la burguesía española necesita renovar su aparato político. El primer paso es la transformación de «Ciudadanos» en partido de gobierno y su elevación a partido hegemónico del centro-derecha
Manifestación de pensionistas frente al Parlamento.
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Sacrificar las pensiones para hacer rentable de nuevo a la banca. Salvar definitivamente al sistema financiero es la gran prioridad de la burguesía española y el tema que saca a la palestra en cuanto tiene oportunidad. Por eso las pensiones eran el «objetivo de legislatura» según Rajoy. No por su presunta «inviabilidad» sino porque aumentar el peso de los seguros privados y privatizar la gestión de los fondos públicos de pensiones era «el gran plan» para hacer rentable de nuevo al sistema financiero español. Es difícil ganar volumen para la banca con los tipos de interés bajos, pero es que además los bancos españoles arrastran, después de años de lavar sentinas, todavía un 11,5% de activos «problemáticos».

Pero sin pasar pantalla, sin resolver los puntos anteriores, es imposible para la burguesía española «meter mano» a las pensiones sin arriesgarse a movilizar a los trabajadores como un todo.

Es imposible para la burguesía española «meter mano» a las pensiones con la cuestión territorial y la reforma de su aparato político abiertas, sin arriesgarse a movilizar a los trabajadores como un todo
La convocatoria de «huelga feminista» del día 8 pide a «los hombres» que «acompañen». No se trata de visibilizar a la mujer trabajadora, sino de invisibilizar y negar la existencia de los trabajadores como clase.
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La debilidad de la burguesía ofrece una oportunidad a los trabajadores. Ha bastado una movilización de jubilados para que saltaran las alarmas en el Parlamento... y el mismo gobierno -con PSOE y Podemos- abra la puerta a poner -temporalmente- el freno a la línea de devaluación de las pensiones que servía de justificación para, paso a paso, construir un consenso privatizador.

Nada teme más la burguesía en este momento que la aparición de luchas de trabajadores con posibilidad de extenderse. Saben que el descontento es grande y se sienten débiles mientras no alineen a la pequeña burguesía y remocen su aparato político, dos cosas que están íntimamente relacionadas. Es un momento de oportunidad.

Aprovecharlo significa en primer lugar romper con la trampa de las banderas nacionales y levantar reivindicaciones que representen los intereses del conjunto de la clase, como las pensiones. Por eso la estrategia de diversión que empiezan a apuntar desde la izquierda del aparato político de la burguesía española apunta precisamente a la ultra-localización del conflicto y a justificarse en la defensa de una parte de la clase e incluso de una parte de la clase bajo una alianza interclasista. Es lo que significa por ejemplo la «huelga feminista» convocada desde Podemos y CGT para el próximo día 8.

Hay una oportunidad abierta para los trabajadores, pero requiere no caer en la trampa nacionalista y rechazar el intento de encerrar a las movilizaciones en el interclasismo de la defensa de local o el discurso de género
 
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