El estado contra Roures

Jaume Roures
La semana pasada algunos confidenciales daban noticia del primer intento de recomposición de la base política del «procés»: Jaume Roures estaba moviendo hilos y capital para formar un gran grupo mediático privado capaz de sostener el independentismo a medio plazo así este perdiera su control de las instituciones catalanas.

A los pocos días, la Guardia Civil le inculpaba como «responsable de la estrategia de comunicación del procés». El ataque se da en el contexto de un conjunto de medidas, como el fin de la inmersión lingüística, que tienen como objetivo segar las bases institucionales de la hegemonía de la pequeña burguesía independentista catalana.

Jaume Roures

Jaume Roures con la vicepresidenta del gobierno Zapatero, María Teresa Fernández de la Vega, y su socio en Mediapro Tacho Benet.
Jaume Roures, ex-dirigente de la LCR, fue un ejemplo de esa pequeña burguesía independentista, «moderna», regada ampliamente con dinero de la Generalitat y beneficiaria del desarrollo de la industria multinacional de la publicidad en Barcelona al calor de los Juegos Olímpicos del 92. En 1995 crea Mediapro, en principio un buen pequeño negocio, que dará el salto a las grandes cifras una década después. La clave: la llegada de José Luís Rodríguez Zapatero a la presidencia de gobierno en 2004.

Huérfano de bases sólidas en el poder mediático, acosado por Prisa y los medios conservadores, el presidente y su Secretario de Estado de Comunicación -Miguel Barroso- maniobrarán para construir un «grupo de comunicación amigo». Tras un par de intentos infructuosos en Madrid y Galicia, Roures se convierte en el hombre del momento: crea el diario «Público», alineado con presidencia. El gobierno le concede fuera de plazo una licencia de televión, «La Sexta» y lo que es más importante: el monopolio de los derechos audiovisuales del fútbol. Desde un punto de vista político es la jugada más significativa del «zapaterismo», un intento de renovación de la burguesía española a base de «sangre nueva» de la pequeña burguesía periférica, sostenido desde el aparato político del estado.

El imperio Roures es el resultado del «zapaterismo»: un intento de renovar la burguesía española con las pequeñas burguesías periféricas utilizando el aparato político del estado. El resultado: Podemos y el «procés»

Pablo Iglesias y Jaume Roures.
Por eso, a pesar de sus volúmenes de facturación, de su capacidad de maniobra y de su influencia, Roures nunca se integró en los círculos de la burguesía española como un par. Estos, de forma correcta, le veían como un cuerpo ajeno, si no hostil. En realidad Roures, empoderado por el monopolio del fútbol y «la Sexta», se ha convertido en el continuador de Zapatero, la vanguardia de las pequeñas burguesías periféricas españolas frente al estado. A él se debe en buena medida la emergencia de Podemos. Es él quien salva de la quiebra a Intereconomía y La Gaceta, dos medios ultraconservadores a cuya cabeza se sitúa un diputado del PP viejo amigo de Roures desde los ochenta. Intereconomía será la que, a sugerencia de Roures invite y convierta a Pablo Iglesias en el «tertuliano de la izquierda». «La Sexta», el medio de «la nueva izquierda», el canal que cubrirá hasta la extenuación a la nueva estrella ascendente.

Disciplinar a la pequeña burguesía

Jaume Roures y Carles Puigdemont
La burguesía española sale del «susto catalán» decidida a enfrentar las fuerzas centrífugas de una pequeña burguesía que no tiene coherencia ni fuerza para imponerse pero tampoco puede ser derrotada fácilmente sin el concurso de una clase trabajadora que es el verdadero objetivo, cada vez más urgente, de la propia burguesía como un todo. Dicho en el lenguaje oficial: primero tienen que «resolver el problema territorial» para poder luego «seguir por la senda de las reformas estructurales». En la agenda de la burguesía española hay que asegurar la retaguardia primero alineando a la pequeña burguesía local para luego entregar las pensiones a los bancos e impulsar aun más la precarización de la fuerza de trabajo.

El camino que esa estrategia está tomando, pasa por la reorganización del aparato político e institucional del estado. Es decir: elevar a «Ciudadanos» a partido de gobierno -lo que no es tan fácil dadas las naturales inercias y resistencias de los aparatos de PSOE y PP– y modificar la ley electoral para que los nacionalismos periféricos no puedan condicionar la formación de gobiernos. Las resistencias internas se prolongan incluso hasta el punto de no poder hacer esto último como es debido -modificando el distrito electoral fijado en la Constitución del 78– sino como una reforma menor, liderada, no es casualidad, por C’s y Podemos.

Pero estas reformas valdrían de poco si la pequeña burguesía independentista no fuera desarmada a corto plazo utilizando el arsenal del 155 y a largo segando las bases sociales e institucionales del «pacto pujolista». Este es el marco en el que el fin de la inmersión lingüística obligatoria y el procesamiento de Roures cobran sentido. La burguesía de estado española, incluyendo sus ramas catalanas -La Caixa, Sabadell, etc.- se pone al mando para «poner en su sitio» a la pequeña burguesía díscola.

El caso Roures es parte de la estrategia de la burguesía española para disciplinar a la pequeña burguesía enraizada en el poder local. Aseguran su retaguardia para atacar después pensiones y condiciones de trabajo
 
Sígueme en Feedly