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El Covid no ha pasado, la necesidad de luchar aun menos

28 de junio, 2020 · Actualidad> Actualidad global> Informe semanal

Huelga de jornaleros esta semana en Wasco, California.

Tres claves de esta semana: el Covid sigue aquí y las «reaperturas» se están demostrando más peligrosas de lo que nos vendieron; la presunta vuelta al «business as usual» es un desastre que empuja a conflictos cada vez más graves entre capitales nacionales; y las huelgas y luchas se extienden y cobran cada vez más fuerza como único contrapeso a las tendencias anti-humanas y belicistas del capital global.

El Covid no se ha ido, la reapertura fue precipitada

Sepultureros descansan junto a una fosa común en Sao Paulo, ayer.

La «reapertura» está demostrando que, mientras no haya una vacuna, la imposición del criterio de «salvar inversiones» sobre el de «salvar vidas» desconfinando antes de tiempo, tiene el vuelo corto y acaba midiendo su impacto en cadáveres.

En EEUU 12 estados han «pausado» el desconfinamiento ante la enormidad de las cifras; en Argentina el confinamiento se ha extendido hasta el 17 de julio porque los números escalaban de nuevo y la comparativa con el entorno era escalofriante: en Brasil ya hay más de 1 millón trescientos mil contagiados y ha habido ya 57.000 muertes.

Europa tampoco va mejor. Tanto la OMS como el «Centro Europeo de Control de Enfermedades» estaban advirtiendo de una «segunda oledada» del Covid. Y efectivamente, hay una escalada en marcha en Portugal que ha obligado al gobierno a reimplantar el confinamiento estricto en 19 freguesías; y en España los contagios siguen creciendo a razón de dos centenares diarios y los partidos de estado rebajan tensiones dando por hecho un rebrote grave en septiembre.

No hay «business as usual» sino un avance de los conflictos imperialistas

Bombarderos rusos interceptados en Alaska.

Pero las urgencias del capital mandan. Incluso en China, donde la epidemia parece haber sido controlada antes, los beneficios industriales cayeron un 19,3% en el primer cuatrimestre. El resultado inmediato es un denodado esfuerzo por revivir la «Belt and Road Iniciative», la nueva ruta de la seda con la que la burocracia china quiso articular en un plan global los intereses del imperialismo chino fuera de sus fronteras. Pero Africa está sufriendo también la pandemia… y los «impulsos» del capital chino solo sirven para aumentar las tensiones. Es un fenómeno general que deja un reguero global de semillas bélicas.

A India, su «desacomplamiento» con China le puede salir más caro de lo planeado y generar aun nuevas tensiones con y en sus vecinos Pakistán y Nepal que está ya al borde de una crisis de estado.

Rusia y EEUU se enseñan los dientes en la frontera ártica mientras salen a la luz los juegos siniestros de la inteligencia militar rusa en Afganistán para dificultar la salida estadounidense y Turquía sus aliados islamistas en el gobierno de Trípoli intentan utilizar la rivalidad creciente entre ambos para asegurar sus posiciones en Libia.

Una fábrica de misiles subterránea junto a Teherán se convierte en un hongo explosivo y cenizas mientras Arabia Saudí dispara contra patrulleras iraníes frente a sus costas e Israel bombardea a las milicias entrenadas por la Guardia Revolucionaria iraní en la frontera entre Siria e Irak.

Incluso en la «tranquila» UE, las elecciones polacas se leen en clave de correlación de fuerzas entre Alemania y EEUU; y Merkel deja ver un cierto pesimismo sobre la capacidad de Alemania y Francia para articular los tres «bloques» de la Unión: Norte, Sur y Visegrado.

Este es el «business as usual»: no hay semana sin que los conflictos interimperialistas den un paso adelante a todos los niveles y en todos los continentes. Como vimos esta semana en el caso español, incluso las medidas fiscales internas, empujadas por la recesión, acaban abriendo nuevos frentes y alimentando la guerra comercial.

Pero no juegan solos

Huelga de enfermeros en Riverside, EEUU.

Una de las cosas más difíciles de transmitir en estos informes semanales en los que intentamos hacer un seguimiento de la evolución de los conflictos y convulsiones de los capitales nacionales en el escenario global es que «no juegan solos». Por debajo de las luchas entre ellos y los estados que les representan hay un único conflicto transversal a todos: la lucha de clases de los trabajadores. Si al primero le seguimos el pulso diariamente en el canal @nuevocurso con el segundo lo hacemos en el canal @huelga.

Y como venimos insistiendo, lo que vemos en este segundo eje es la eclosión de la mayor y más sincrónica oleada de luchas global en décadas. Incluso en EEUU, donde el bombardeo ideológico que acompañó a las protestas que siguieron a la muerte de George Floyd paralizó temporalmente el ascenso huelguístico que comenzaba en la periferia, la combatividad de los trabajadores se empieza a afirmar al margen de divisiones raciales, reapareciendo en el campo y la sanidad pero también en centros industriales como las industrias del automóvil de Detroit. La recesión es un factor indudable: mientras la pequeña burguesía puede perder el tiempo que quiera refocilándose en una ridícula iconoclastia, la vida cotidiana de los trabajadores depende cada vez más de bancos de alimentos y redes de solidaridad informal.

No hay rincón del mundo en el que no veamos una tendencia al alza en las luchas. Solo en Vietnam entre enero y mayo hubo 91 huelgas al margen de los sindicatos, 25 huelgas más que durante el mismo período del año anterior. La represión va también en aumento desde la periferia al centro capitalista mundial: salvaje en Rusia, cada vez más militarizada en el Magreb, en todos los casos responde al esbozo de protestas y luchas que apuntan hacia la auto-organización masiva. El envío hoy mismo de tropas holandesas a Curaçao, junto a la costa venezolana, para «apaciguar» la situación en la isla tras violentas jornadas de reivindicación de salarios impagos, evidencia que el recurso a la fuerza armada no va a ser el «último» sino el primer recurso con cada vez más frecuencia.

Y ese, exactamente ese, el camino de la auto-organización, es el único camino que puede parar de raíz la degradación de condiciones vitales y las tensiones bélicas al mismo tiempo.