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El capital está en guerra

6 de marzo, 2020 · Actualidad> Actualidad global> Informe semanal

Frontera greco-turca de Evros hoy

A esta hora la frontera greco-turca es una nube de gases lacrimógenos. La UE está «comprometida»… con responder a los refugiados con pelotas goma, balas y lo que haga falta. Ha sido nuestro tema principal esta semana, pero ha habido otros.

Carga contra refugiados hoy en Evros.

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Con aires triunfales, como siempre antes de cometer un crimen de masas, la UE cerró filas: «mano dura» contra los refugiados era la consigna. Y así está siendo, los niños enjaulados en condiciones infames en Mitilene pueden dar fe. Para demostrar que, como dijo von der Leyen es un «esfuerzo de todos», en Evros la policía y el ejército se ayudan de grupos racistas que se dedican a la «caza del refugiado» en los alrededores de la frontera. Entusiastas, España, Estonia y Polonia mandarán efectivos sin determinar para «defender la frontera» de sus propias víctimas. Solo Italia se ha resistido.

Turquía, que denuncia que la UE está disparando con fuego real contra los refugiados, ha desplegado 1.000 soldados a lo largo de la frontera del Evros, convirtiendo la brutalidad criminal europea en ocasión de roces fronterizos.

La prensa pasa de puntillas por el tema en países que, como España, participan del operativo, pero en el Este ofrece un verdadero bombardeo de nacionalismo y xenofobia. Y a pesar de todo miles de personas se manifestaron en Berlín primero y anoche en Atenas para exigir la apertura de las fronteras.

En Alemania el gobierno de coalición está dividido. El capital alemán pide trabajadores cualificados, no refugiados dañados psicológicamente por la guerra y necesitados de formación, así que una y otra vez se repite que no volverá a haber una apertura de fronteras para cientos de miles como en 2015, todo lo más, recepciones «selectivas». Reviviendo las peores tradiciones de la represión antisemita de siglos pasados, el estado de Schleswig-Holstein acepta hacerse cargo de menores… sin sus familias.

Erdogan y Putin bajo la mirada de Catalina de Rusia (némesis del imperio otomano) y bajo una figura que representa el triunfo de las tropas rusas sobre las otomanas en Bulgaria, un momento mítico del paneslavismo decimonónico.

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Mientras, la situación en Siria durante la semana fue de guerra abierta. Las tropas de El Assad derribaron drones turcos, Turquía derribó aviones ruso-sirios, la aviación rusa bombardeó de nuevo Idlib… Para finalmente dar paso a un encuentro en Moscú de Putin y Erdogan bajo una iconografía imperialista y una tensa escenografía de la que salió una nueva tregua en Idlib que comenzó esta medianoche.

Es tan solo un nuevo impasse. Erdogan sigue atrapado en su propio callejón sin salida. Si no mantiene la tensión y al estado en movilización permanente, la burguesía turca se librará de él. Su única esperanza a día de hoy consiste en involucrar a la UE en un acuerdo a tres bandas que pueda ofrecer a Putin una relajación de las sanciones a cambio de que Turquía se encargue de evitar la llegada de nuevos refugiados.

Putin por su lado está intentando afirmar, tanto en el mapa como en el papel, un proyecto imperialista adornado por el relato más reaccionario de la historia rusa. «No construyó un brillante futuro, así que levanta un glorioso pasado». Para ejemplo, la nueva constitución, un verdadero monstruo de nostalgia imperial-feudal que hace las delicias del nacionalismo ultraconservador y religioso de todo el mundo.

Acuerdo talibanes EEUU

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EEUU por su lado, abría la semana con un acuerdo con los talibanes que en realidad no era más que un intento de lograr que sus propios enemigos cubrieran su retirada. Obviamente la burguesía y el estado afgano apuntalado hasta ahora por los norteamericanos no iban a estar contentos de colaborar en la preparación de su propia degollina, así que a nadie le extrañó la resistencia del presidente Ghani. Tampoco que los talibanes se impacientaran y rompieran la tregua a los pocos días. Las distintas facciones de caciques locales están tomando ya posiciones para la rebatiña que viene aumentando el caos político y militar y llevando a los estadounidenses a una nueva campaña de bombardeos. Es un fiasco para los norteamericanos no solo porque Trump quiera «cumplir su promesa electoral» antes de noviembre como dicen los medios. Es que la guerra afgana hace tiempo que no cumple una función clara en la estrategia imperialista de EEUU. A día de hoy es solo una sangría de fondos y recursos para el estado -las vidas humanas en tanto que tales, no entran en esos cálculos.

Y por otro lado, aunque las cifras estadounidenses hayan sido relativamente buenas hasta ahora, la crisis mete prisas. La semana pasada fue la peor semana bursátil en 12 años. La Reserva Federal respondió con una bajada de tipos que, según toda la prensa económica, venía cociéndose desde hacía mucho.

Impacto sobre los indicadores de actividad de la epidemia de coronavirus en China

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La epidemia de coronavirus está oficiando como detonante de una crisis que, en realidad nunca acabó. Ni siquiera en Italia, el país europeo más afectado en su industria, las cifras del impacto económico –entre 5000 y 7000 millones de euros– explicarían la gravedad de la situación por sí mismas. Menos aun que Alemania y Francia superen sus batallas temporalmente para tomar medidas conjuntas cuando ni se les cruza hacer una estrategia epidemiológica común.

Pero es que la crisis es anterior a la epidemia… y seguirá después. La fragilidad de las aerolíneas ante la oleada de cancelaciones producto de la epidemia ha revelado con el caso Flybe, que los balances muy financiarizados y las pilas de deudas acumuladas no eran monopolio de los turoperadores, como avanzamos cuando quebró Thomas Cook, sino parte de un cuadro general de las empresas de servicios.

Y en la industria la situación no es mejor. La recesión industrial estalló ya el año pasado… y sigue produciendo consecuencias. En Alemania baja la competitividad, aumentan los costes y el capital quiere bajar salarios para recuperar ganancia. Su industria automotriz lo tiene cada vez más difícil -bajada de demanda europea, guerra comercial, Brexit, permanente amenaza arancelaria de EEUU, caída de demanda china- y empuja una nueva oleada de despidos en el sector en toda Europa que llega hasta España.

En China el 90% de las firmas estatales han vuelto ya al trabajo. Donde no había trabajadores «sanos» suficientes la burguesía tiró de mano de obra uigur esclavizada. Pero aunque se recupere la producción, la tendencia de fondo que impulsó la guerra comercial -la renacionalización de cadenas productivas- se ha acelerado irreversiblemente y no va a aflojar.

Además, cada caída de demanda china produce un terremoto en los países periféricos. No solo en Asia o Sudamérica. Sudáfrica entró en recesión por segunda vez en dos años. No es un caso particular: por cada punto que baja el crecimiento chino, las exportaciones de las que dependen las economías subsaharianas bajan el 0.6.

Los trabajadores ante la epidemia y la crisis

Manifestación anoche en Atenas.

Cada empeoramiento de la crisis impulsa al capital a una nueva oleada de ataques contra los trabajadores. En primer lugar sobre los sistemas de pensiones y los servicios de salud. Empezando, cómo no, por China. En Francia la reforma de pensiones ha sido finalmente aprobada sin voto parlamentario y por la fuerza. Además, aunque aumentan los presupuestos de ciertos ministerios, el gobierno sigue empujando una oleada de despidos de trabajadores públicos, sobre todo en Sanidad y en plena epidemia, ¿qué importa?. Sigue en pie el objetivo de despedir a cerca de 15.000 antes de que se acabe el mandato de Macron. El plan es «ahorrar de 75 a 100 millones de euros este 2020» despidiendo a personal.

En España el gobierno del PSOE ya ha anunciado que endurecerá las pre-jubilaciones e incentivará los planes de pensiones de empresa en su camino a la destrucción del sistema público de pensiones.

En EEUU la amenaza de brotes de coronavirus ha dejado al descubierto la realidad de buena parte de los trabajadores: en ausencia de un sistema público decente, no pueden ni pagar un médico ni dejar de trabajar si tienen síntomas de neumonía. Las medidas preventivas son un lujo solo al alcance de las clases burguesas. Es el horizonte al que apunta en el resto de los países centrales el desmantelamiento de los servicios públicos de salud. En Inglaterra, la erosión y los «recortes» del NHS han llevado a que por primera vez en un siglo la esperanza de vida está reduciéndose.

Asfixiado por sus propias contradicciones, el capital está en guerra: carga contra los refugiados, sueña con genocidios malthusianos y reabre viejas líneas de conflicto entre competidores (¡hasta Malvinas!). En las necesidades humanas más básicas solo encuentra un obstáculo y en la clase que las representa, un enemigo «irracional» que pide imposibles y debe batir. Su proyecto para la Humanidad es reducirnos a la bestialidad: trabajar cada vez más y por menos, morir como carne de cañón si el capital lo pide y dejar atrás una generación de esclavos baratos y sumisos («¡A parir!» ordenaba esta semana Maduro a las mujeres venezolanas).

No cabe esperar que sea distinto con cambios en el mando de los estados. De los Sanders y los Sánchez hasta los los Trump y los Putin, todas las variantes ideológicas, todos los capitales nacionales, tienen las mismas necesidades y nos conducen al mismo lugar. No es con ellos sino frente a ellos que puede afirmarse la única alternativa posible.