El capital español busca comprador en Alemania

El incremento de las tensiones imperialistas después del Brexit pero sobre todo del giro proteccionista de Trump y sus brutales consecuencias estratégicas, han precipitado el fin definitivo de la OTAN como cohesionador con potencialidades de bloque. La Unión Europea se está reconfigurando desde el empuje franco-alemán, empeñado en crear un «cuasi-bloque» a partir de lo que hoy es una desastrosa unión monetaria. El problema es que tal reordenación es inviable sin una unión previa mucho más intensa entre los dos protagonistas de esta nueva aventura imperialista europea. Ese es el fondo real tras la hiperactividad de Macron y la turbulenta formación de gobierno en Alemania, pero también sobre los intentos de disciplinamiento de Polonia y Hungría, el «ejército europeo», las cumbres sahelianas organizadas al alimón y, sobre todo, la unión bancaria.

Porque la llave que abre la posibilidad de que Alemania y Francia puedan jugar a medio y largo plazo unidos bajo una estrategia imperialista común pasa por la concentración transfronteriza de capitales. El capital francés y el alemán ya están «entreverados» en muchos sectores clave -para empezar defensa y aeroespacial- pero distan mucho de estar sintonizados todavía. La clave: una fusión financiera multisectorial y sólida, comenzando seguramente, por un banco.

Para poder convertir la eurozona en algo más parecido a un bloque imperialista Alemania y Francia necesitan entretejer sus capitales con fusiones. El capital español está desesperado por no quedar fuera.

El drama del capital español

Oliu, Sabadell, y Goirigolzarri, Bankia
Y aquí es donde comienza el drama del capital español. Zaherido y debilitado, pero en pie tras diez años de crisis, ve que se queda fuera. Al gran capital español la perspectiva de fusiones bancarias, abierta un tanto artificialmente por el BCE siguiendo la lógica del acercamiento franco-alemán, le coge con el pie cambiado. La Caixa está volcada en digerir Portugal; Santander salvado por la dudosa absorción de Popular, juega a la expansión europea por su cuenta. Sabadell, demasiado pequeño para computar, anda buscando una salida interna cortejando a Bankia. Y BBVA, condicionado por el peso de su filial mexicana (50% de sus resultados) siempre se había inclinado hacia una caduca alianza americana. Y esta es la ventana. A partir de aquí, la maquinaria del capitalismo de estado se puso en marcha.

¿BBVA?

Francisco González, presidente de BBVA entrega premios a la innovación del banco
Comenzaron haciendo caja inmobiliaria y vendiendo Chile, una joyita mal gestionada pero joyita al fin, para ganar la liquidez masiva necesaria para una operación de altos vuelos. Al mismo tiempo, pasó del discurso de la «digitalización» al de la «robotización»: ¿qué podría dar más caché hoy a un banco que eliminar 2800 sucursales y reducir plantilla sin perder negocio? Como el mismo consejero delegado afirmaba ufano, no hay crecimiento posible del negocio bancario con los tipos de interés a prácticamente cero. El capital solo puede reproducirse especulando y reduciendo costes, así que hay que hacer gala de tal reducción no a pesar de lo que significa en términos humanos, sino precisamente por lo que significa: mayores plusvalías relativas, más despidos prontos en el horizonte.

Una significativa portada de El País: a la izquierda, el gasto militar crecerá el 80%… a costa de servicios sociales; a la derecha Tabarnia.
A partir de ahí… comienza la venta, los rumores, la búsqueda de socios, la campaña mediática. Suena un primer nombre: Commerzbank. No importa demasiado todavía en realidad. Lo importante es abrir la conversación de negocios. No suele ser el primer candidato el que fructifica. Se quemarán nombres. Pero el curso está abierto. Es un último intento y un poco a la desesperada.

Bajo la niebla de mil Tabarnias y Europas imaginarias, no hay otra cosa que el gris y miserable futuro de una fusión de capitales que destruirá empleos, atacará nuestras condiciones de vida y aumentará la tensión militarista.

El capital español quiere entrar en la «gran fusión» franco-alemana que viene. A este lado de la frontera de clases significará, para empezar, unos cuantos miles de despidos y prejubilaciones. Y en el gran marco del imperialismo, nuevas cargas sobre los trabajadores para soportar una «construcción europea» que pasa por el desarrollo del militarismo y lo que trae tras de sí. El incremento de gastos de defensa en un 80%, es solo el primer plato de una larga lista de «sacrificios» que pretenden imponernos. Bajo la niebla de mil Tabarnias y Europas imaginarias, no hay otra cosa que el gris y miserable futuro de una fusión de capitales condenada inevitablemente a destruir las condiciones de vida del trabajo y aumentar la tensión bélica.