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El antisemitismo tras la Segunda Guerra Mundial

27 de enero, 2020 · Marxismo> Crítica de la ideología

Cartel ruso de los años 70: «El sionismo es racismo». A pesar del título, en el cartel no aparece ningún símbolo sionista, sino la estrella de David, símbolo del judaísmo.

A nadie se le escapa que el avance del antisemitismo actual arranca alimentándose de los conflictos imperialistas de Oriente medio. Menos conocido es su origen europeo y aun menos las fuerzas sociales que le dieron cuerpo y las connivencias que lo normalizaron entre el izquierdismo.

El nacimiento del islamismo antisemita

El Gran Mufti de Jerusalem pasando revista, junto con mandos de las SS, a las tropas bosnio-musulmanas integradas dentro de las SS alemanas durante la guerra.

No es ningún secreto que el antisemitismo actual se alimentó desde su origen del conflicto imperialista en Palestina. Lo que no es tan conocido, aunque está de sobra documentado, es que el foco original que llevó el antisemitismo al mundo árabe y musulmán fue la intensa y deliberada propaganda nazi difundida por el estado alemán, que moldeó el contenido antisemita del entonces germinal islamismo político.

En los años treinta, el interés de la propaganda alemana no estaba originalmente en Palestina, sino en Egipto. Pero los propagandistas y agentes alemanes reportaron una y otra vez que las decenas de miles de folletos repartidos con el objetivo de generar revueltas antijudías que obstruyeran el dominio británico, caían en saco roto. Los mismos agentes recomendaban avivar el fuego palestino. Porque mientras tanto, los ingleses habían impuesto a Haj Amin el-Husseini como «Gran Mufti» de Jerusalem.

Se inicia así «el conflicto» como una política de atentados y asesinatos de jefes tribales y propietarios árabes y turcos que han vendido o piensan vender tierras a fondos judíos. Después, una vez reprimida la disidencia, el terrorismo se cebará en trabajadores y agricultores judíos. La llamada «revuelta árabe» [1936] no fue sino un pogrom a la levantina.

«¿Hay una solución nacional para Israel/Palestina?», 8/12/2017

Ni que decir tiene que los alemanes financiaron generosamente al Mufti desde 1937 y que buscaron con denuedo la convergencia ideológica. Pero ¿sobre qué podía producirse la convergencia entre una ideología de la reacción religioso-feudal, un carlismo a la musulmana contrario al establecimiento de estados nacionales y el fascismo europeo que había nacido para la contrarrevolución burguesa? Evidentemente sobre lo que el nazismo había heredado de la iglesia en su último hálito feudalizante: el antisemitismo. Aunque el Mufti y Al Banna -el fundador egipcio de los «Hermanos Musulmanes»- estaban abiertos a todo, la operación no era fácil. El antisemitismo no formaba parte de las tradiciones políticas musulmanas. La idea de una «conspiración judía» resultaba absurda a la inmensa mayoría de oyentes. Pero contaba con una gran herramienta «nuestra arma de largo alcance en el éter» como la llamó Goebbels: el servicio de radio exterior alemán para Oriente, dirigido desde 1941 por el mismísimo Mufti.

En Zeesen, una ciudad con unos cuatro mil habitantes al sur de Berlín, una vez estuvo uno de los transmisores de onda corta más potentes del mundo. A partir de 1939, transmitió su programa diario en idioma árabe. De todos los servicios en idiomas extranjeros, el Servicio Oriental tenía «prioridad absoluta». Llegó a árabes, turcos, persas e indios y tenía un personal de ochenta y tantas personas, incluidos anunciantes y traductores independientes. Entre 1939 y 1945, en un momento en que, en el mundo árabe, la radio se escuchaba principalmente en las plazas públicas o en los bazares y cafeterías, ninguna otra estación era más popular que el servicio Zeesen, que mezclaba hábilmente la propaganda antisemita con citas del Corán y la música árabe. Los Aliados en la Segunda Guerra Mundial eran presentados como lacayos de los judíos y la noción de las «Naciones Unidas Judías» se hizo presente en la audiencia. Al mismo tiempo, los judíos eran atacados como los peores enemigos del Islam. «El judío desde la época de Mahoma nunca ha sido amigo del musulmán, el judío es el enemigo y le agrada que Alá lo mate».

«Nacional-Socialismo y antisemitismo en el mundo árabe», Mathias Küntzelf

El Mufti no solo es el padre de la reiterpretación antisemita del Quram, se implicó él mismo en la guerra creando una división musulmana de las SS y dirigiéndola en Bosnia, donde los imames locales llamaban a la desobediencia al ejército alemán. Al acabar la guerra se le acusó de responsabilidad en la muerte de más de 5000 niños judeobosnios y se le detuvo con vistas a juzgarlo en Nuremberg. Pero el Mufti se había vuelto demasiado popular en Egipto y Siria gracias a su trayectoria radiofónica. El ejército francés que le retenía le deja «escapar» e instalarse en El Cairo de la inmediata postguerra.

La consolidación y expansión definitiva del antisemitismo se producirá entre 1948 y 1970. Tendrá dos vías de entrada. Por un lado el nacionalismo pan-árabe, que ya durante la guerra se había acercado a Alemania. El Baaz, creado en 1948, no solo heredará estructura y siniestros asesores y cuadros alemanes, también utilizará el antisemitismo para lo mismo que habían hecho estos: encuadrar la reacción feudal-religiosa en la construcción nacional dirigiendo su rechazo atávico al estado nacional burgués contra europeos y turcos. La idea nazi de que los imperialismos británico, estadounidense y francés eran títeres de «el judío internacional» se completó con el mensaje de que Ataturk era, él mismo, judío. Eso no solo pasaba en Siria y Palestina. En Egipto, tras hacerse con el poder, Nasser imprimió y distribuyó decenas de miles de copias de «Los protocolos de los sabios de Sión», incorporándolos a la cultura política común.

Sayid Qutb

Tanto es así que «los protocolos» son el texto no religioso más citado del que se convertiría en el ideólogo islamista más influente: Sayyid Qutb, el padre espiritual y teórico de los Hermanos Musulmanes tal y como lo conocemos ahora -HHMM propiamente dichos y Hamas- y sus variantes (desde el jihadismo en un extremo al AKP de Erdogan en el otro). Qutb vive en EEUU entre 1948 y 1950, donde gana la convicción de que EEUU está «gobernado por los judíos». A su vuelta en Egipto se integra en los Hermanos Musulmanes a los que dará ideología definitiva.

En esos años Qutb coincide en el underground islamista nada más y nada menos que con Abdelkrim, el gran predecesor, el Mufti Al Husseini, el pionero y Al Bana, el fundador. Todo su trabajo es en realidad una prolongación de la relectura antisemita del Quram por el Mufti. Crea un relato de la «jihad cósmica» en la que toda la historia de la Umma -la comunidad de creyentes- desde el 622 (llegada de Mohammed a Medina) no es otra cosa que una guerra permanente contra «el judío».

¿Quién trató de minar el entonces creciente estado islámico de Medina y que incitó Quraish en la Meca, así como otras tribus contra la fundación de este estado… Era un judío! ¿Quien estaba detrás de la guerra cismática [fitna] y la colocación del tercer califa Osman y todas las tragedias que siguieron después? ¡Era un judío! ¿Y quién inflamó las tensiones nacionales contra el último califa creando el torbellino que terminó el orden islámico con la abolición de la shari’a? ¡Fue Ataturk, un judío! Los judíos siempre se mantuvieron y continúan manteniéndose detrás de la guerra contra el Islam. Hoy en día, esta guerra persiste en el renacimiento del Islam en todos los lugares de la tierra.[…]

Esto es una guerra duradera que nunca terminará, porque los judíos no quieren otra cosa que exterminar el Islam. Desde que el Islam los sometió [en Medina] no perdonan y luchan furiosamente a través de conspiraciones, intrigas y también a través intermediarios que actúan en la oscuridad contra todo lo que el Islam significa

«Nuestra batalla contra los judíos», Sayyid Qutb

Qutb, que cita continuamente «los protocolos» representa al «judaísmo mundial» como la fuente del mal actuando en una delirante conspiración a lo largo de la historia contra los musulmanes y su expresiones políticas, movilizando «en la sombra» ejércitos «cruzados» y provocando los cismas (la «fitna») entre los creyentes, «luchando en la guerra de ideas a través de intrigas, sospechas, difamaciones y maniobras». La «conspiración judía internacional» había encontrado puerto.

Qutb fue fusilado, al parecer por orden directa de Nasser, en 1966. Su influencia no salió del minoritario y marginal entorno islamista hasta más de un año después de su muerte.

El contexto de la guerras imperialistas entre Egipto e Israel

Gamal Abdel Nasser, presidente de Egipto desde 1954.

En 1956 la guerra del Sinaí y la nacionalización del canal de Suez habían convertido a Nasser en el expulsor de británicos y franceses, dando al nacionalismo panarabista una imagen triunfal. El imperialismo ruso, deseoso de afianzarse en Africa cabalgando la «descolonización» británica y francesa, acudirá en apoyo del régimen nasserista en una alianza que tendrá su momento álgido con la inauguración por Nasser y Jruchev de la presa de Aswan en 1966, símbolo de la consolidación de un capitalismo de estado supuestamente «anti-imperialista» que ese año creció un 5%.

La alianza con Rusia y la sintonía con Siria -ya incorporada al bloque ruso- animaron a Nasser a organizar una coalición militar con Siria, Jornania e Irak, que cercó a Israel en 1967. Fue el preámbulo inmediato de la guerra de los seis días. La derrota de los ejércitos árabes marcó el principio del fin de las esperanzas expansionistas representadas por la inviable «República Árabe Unida» formada sobre el papel con Siria.

Que la derrota de Nasser en 1967 marcó el fin del panarabismo queda claro con el protagonismo de la OLP, que había nacido en 1964. Hasta entonces, las guerras de los estados árabes contra Israel declaraban buscar un reparto del territorio israelí entre Siria, Jordania y Egipto, o su absorción por un estado árabe unificado. Con la OLP aparece por primera vez la reivindicación de un estado palestino independiente.

Cuando Nasser muere en 1970, su sucesor, Anwar el Sadat, realinea a Egipto con el bloque estadounidense. Aunque para remarcar la continuidad y vigencia del proyecto nasserita hará un último intento de conquista de Israel -la guerra del Yom Kipur. La aventura militar acabará en fiasco militar y triunfo diplomático. EEUU quería recompensar a Egipto por el cambio de bloque y aunque el proceso fue correoso, acabó con la recuperación del canal de Suez primero y con la de todo el Sinaí en los acuerdos de Camp David de 1978. Egipto, en contrapartida, reconoció entonces a Israel.

Las fuerzas sociales del antisemitismo en el mundo árabe

Cartel ruso de apoyo a la OLP. El uso de la estrella de David y el signo del dólar como cadenas que atan a los palestinos es una referencia explícita a la simbología nazi sobre la «plutocracia judía».

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El contexto de las guerras egipcio-israelíes será crucial para el desarrollo del antisemitismo. En primer lugar, la guerra de los seis días se dio ya en lógica de bloques, con EEUU apoyando a Israel y Rusia -el primer país en reconocer a Israel en 1948- a los estados árabes, así que Israel -que en buena parte debía su supervivencia como estado a las armas provistas por el bloque ruso- se convirtió en objeto de ataque por la maquinaria propagandista rusa… que venía bien engrasada ya de antisemitismo en su interna.La propaganda estatal stalinista había vestido sistemáticamente desde los años del pacto Hitler-Stalin la represión y discriminación de judíos como «antisionismo». Al hacerlo confluía necesariamente con el discurso nazi sobre la «plutocracia», como podemos leer en el libro al respecto que desde 1969 fue obligatorio para miembros del PCUS y las fuerzas de seguridad.

El sionismo moderno es la ideología, el sistema ramificado de organizaciones y la política práctica de la alta burguesía judía aliada estrechamente con los círculos monopolistas en los EE.UU. y otros países imperialistas. El contenido principal del sionismo es el chauvinismo belicoso y el anticomunismo.

«¡¡Cuidado!!: Sionismo», Yuri Ivanov, 1969

El posterior apoyo de Rusia y su bloque a la OLP -que no había reciclado más que superficialmente el discurso antisemita del baazismo- acabó por confundir los términos definitivamente entre el izquierdismo apoyado por el bloque dentro y fuera de la región. El carácter del stalinismo como ideología de enganche y exaltación de la guerra imperialista y el nacionalismo no ayudaban a lo contrario. Entre el «A cada parisino su bocho» que sirvió de titular a L’Humanité durante la entrada de las tropas aliadas en París y la consigna «Judíos al mar», obviamente antisemita, hay un impulso común hacia el exterminio. El stalinismo no tenía ningún elemento interno, más allá de la conveniencia imperialista, que le refrenara a la hora de alimentar el antisemitismo. Cuando cambiaron sus alianzas en Oriente medio, se convirtió en el principal vector de legitimación global de un antisemitismo que negaba serlo. El primer eco en el Este de la guerra de los seis días fue precisamente la famosa purga antisemita de 1968 en Polonia.

Asesinato de Sadt por miembros de la Yihad Islámica de Egipto.

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Muerto el panarabismmo en 1967, en Egipto los «Hermanos Musulmanes» se convirtieron por primera vez en los articuladores de un descontento masivo. La pequeña burguesía egipcia, especialmente la rural, había abrazado las visiones nasseristas y aunque había desconfiado de los asesores rusos y las grandes obras públicas, confiaba en protagonizar el desarrollo del económico. En su lugar lo que estaba obteniendo eran expropiaciones de tierras, sacrificios por la guerra, hijos caídos y tensiones familiares con la liberación de costumbres. La nueva burguesía de estado se nutría del ejército y de las escuelas de ingeniería, decididamente laicas en las que se prodigaban mujeres y coptos, mientras que los hijos de los caciques locales que iban a la más prestigiosa universidad islámica del mundo, Al Azhar, quedaban al margen. El cambio de bloque quitó a los asesores rusos del medio, pero no cambió nada en el sentimiento de aquella generación de jóvenes de provincias llegados a la capital.

Los Hermanos Musulmanes, financiados entonces según Sadat por Rusia a través de Siria y Libia, ganaban fuerza y con ellos el antisemitismo conspiranoico islamizado por Qutb. Para el pequeñoburgués egipcio de provincias, para su hijo que se sentía inferiorizado en una capital que le trataba como un fellah, la derrota bélica y los desastres del país solo podían ser explicados por una conspiración. El papel de EEUU, aliado de Israel y de Egipto al mismo tiempo, incapaz de decidir la guerra del Yom Kipur a favor de Sadat y forzando el reconocimiento de Israel les confirmaba que los norteamericanos eran piezas de un «judío internacional» que movía las piezas detrás del escenario. Algunos de entre los jóvenes ni siquiera les parecerá suficiente el camino de los Hermanos Musulmanes que «a veces dan la razón al gobierno». Una facción, siguiendo las tesis de Al Qubt, opta por empezar inmediatamente la yihad derrocando al régimen secular «títere de los judíos»: la Yihad Islámica Egipcia que en 1981 intenta provocar una insurrección islamista asesinando a Sadat. Entre los militantes del grupo en aquel momento, destaca un joven Al Zawahiri, que en los siguientes años se convertirá inspirador de Al Qaeda, número dos de Bin Laden y finalmente su sucesor al mando. Afganistán se convertirá de su mano en el punto a partir del cual el antisemitismo islamizado sobrepasará las fronteras del mundo árabe.

Antes de la guerra en Afganistán, las tribus pastunes se jactaban de ser descendientes de una tribu perdida de Israel; durante la guerra, se podía oír a muchos mulás tradicionalistas ensalzando las virtudes de la Torá (en oposición, por supuesto, a los comunistas ateos), pero hoy en día los neofundamentalistas afganos insisten en el complot sionista.

Oliver Roy

Pero si el jihadismo será una vía de internacionalización del antisemitismo no será ni mucho menos la principal. Los Hermanos Musulmanes y su vástago palestino, Hamas, no solo conseguirán apoyo económico, sino audiencia religiosa entre el clero de los estados petroleros. El wahabismo saudí hará millones de copias del manifiesto antisemita de Qutb y los distribuirá por todo el mundo árabe. Hamas, en su extraña relación -desde el origen- con Hezbolá, encontrará en el antisemitismo de Qutb un terreno común con la teocracia jomeinista. El antisemitismo islamizado crecerá durante los años 80 y 90 en todo el Islam político hasta convertirse en un mensaje rutinario, un sobre-entendido que ni siquiera requiere cubrirse con la taqyya.

En la próxima entrega de esta serie nos acercaremos a la extensión e invisibilización del antisemitismo en Europa y la aparición de nuevos y, relativamente sorprendentes vectores de su extensión tanto ideológicos como, son los que importan, sociales.