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Egipto invade Libia

21 de julio, 2020 · Actualidad> Actualidad global

Ayer, el parlamento egipcio, reunido en sesión secreta, aprobó el envío de tropas a Libia. Como venimos advirtiendo con cada vez más urgencia en el último mes, la invasión de Libia por Egipto marca un punto de no retorno en la extensión de la guerra en el Mediterráneo.

El parlamento egipcio aprueba anoche el envío de tropas a Libia.

El jueves pasado, tras haber recibido el pedido de intervención del parlamento de la Cirenaica, Sisi se reunió con representantes de las tribus del Sur libio y aseguró que la línea roja de Egipto era Sirte, el corazón de la estructura petrolera del país, bajo intenso sitio de las tropas del ejército de Trípoli. Vinieron luego consultas telefónicas con EEUU y la convocatoria de urgencia del parlamento egipcio.

Mientras tanto, los ministros de Defensa de Turquía y Qatar permanecían reunidos con el ministro del interior del gobierno de los Hermanos Musulmanes en Trípoli, esperando acontecimientos y preparando una respuesta. En las cancillerías de EEUU y Europa, la teoría dominante es que el ejército egipcio no tiene capacidad para ir mucho más allá de un despliegue testimonial en el Este del país en la esperanza de forzar negociaciones. Si ese es el objetivo, desde luego no parece conmover a un Erdogan que la semana pasada afirmaba que Turquía está en el camino de convertirse en un poder regional incontenible. Una afirmación que, inevitablemente, alimentó de nuevo los rumores sobre la aceleración del programa nuclear turco.

El enfrentamiento Turquía-Egipto

Tropas del ejército de Trípoli, apoyadas por Turquía, se dirigen ayer al sitio de Sirte.

Tras estar a punto de caer, pinzado entre la crisis y el estancamiento de su estrategia imperialista, el régimen erdoganista ha sabido aprovechar la oportunidad que ha supuesto la pandemia para recomponer su posición en Siria con Rusia e Irán, iniciar una campaña militar en el Kurdistán irakí y sobre todo, darle un vuelco a la guerra libia. La invasión egipcia le encuentra forzando la mano de Grecia bajo la amenaza de guerra para hacerse con la explotación de los hidrocarburos del Mediterráneo oriental e impulsando una nueva guerra entre Azerbaiyán y Armenia para advertir a EEUU de los peligros que le supondría una respuesta contundente.

Turquía, evidentemente, no se ha involucrado en la guerra Libia hasta el punto actual por mera solidaridad ideológica entre Erdogan y los Hermanos Musulmanes que controlan el gobierno de Trípoli. Su objetivo es consolidar al único gobierno que reconoce sus aspiraciones territoriales en el Mediterráneo y establecer bases permanentes para su armada y su aviación que aseguren territorialmente las fronteras de lo que Erdogan llama pomposamente la Turquía Azul.

Para Egipto, que acaba de ratificar su unidad de intereses con Grecia, Chipre e Israel con la aprobación de la construcción de un gasoducto conjunto, el tiempo se estaba acabando. Si el gobierno de Trípoli retomaba Sirte y se hacía por tanto, de facto, con el monopolio de la exportación de petróleo libio, asegurando militarmente al mismo tiempo la extracción en las aguas de la plataforma continental de Creta y dando paso definitivo a un proceso de licitación en el que entrarían las petroleras rusas y azeríes, el mapa energético y geoestratégico de todo el Mediterráneo se daría la vuelta como un calcetín.

Europa y Turquía

Fragata francesa Courbet frente a las costas libias.

Para la UE, la situación es crítica también. Francia abandonó la misión de la OTAN impulsada por la UE para hacer efectivo el embargo de armas, tras un incidente serio entre uno de sus buques y la armada turca. Macron, que está en una campaña por parar los pies de los Hermanos Musulmanes en suelo francés ha entrado en una guerra de declaraciones contra Erdogan que pretendía impulsar una nueva oleada de sanciones, a un nivel inédito, en la cumbre que se cerró esta madrugada.

Pero estancados en el debate de los fondos, el Consejo Europeo ha dejado para septiembre el grueso de la cuestión. Y el gobierno griego teme que…

…el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, suba la apuesta antes de eso con una intervención en el mediterráneo oriental en un intento por evitar un acuerdo sobre la delimitación de una zona económica exclusiva entre Grecia y Egipto

Un horizonte de terror

Fragatas turcas patrullan aguas frente a Creta reclamadas por Grecia.

De momento, el movimiento de Egipto no tiene visos de parar la ofensiva general turca sino, muy por el contrario, de acelerarla, por lo que el ejército egipcio se verá abocado al enfrentamiento directo con las tropas del gobierno de Trípoli y sus patrones turcos. Estamos ya en una fase en el que mercenarios y fuerzas irregulares patroneadas por potencias se están viendo sustituidos por ejércitos nacionales de conscripción. Y lo que es más, de la guerra en pick up en zonas semidesérticas, se pasó a la guerra aérea y ahora a la guerra naval frente a zonas densamente pobladas en el corazón de las rutas comerciales marítimas que unen Europa, Asia y Africa.

Es decir, la guerra se está extendiendo, involucrando directamente a la población trabajadora de un país industrial importante como Egipto, amenazando con parar el comercio mercante mediterráneo y dificultar el abastecimiento de gas en Europa. Estamos en un momento crítico para los trabajadores de toda la región, con la amenaza de una matanza masiva cada vez más cerca y todos los incentivos para una escalada sin techo reconocible. Al silencio informativo seguirá en los medios una búsqueda de culpables y complejos argumentos sobre quién defiende y quién ataca. Nos da igual. En ésta como en todas las guerras de nuestra época, solo hay un agredido, los trabajadores de todos lados; y un solo agresor: todos los estados que participan en la guerra directa o indirectamente. La guerra en la era imperialista no tiene otra solución que el descenso a la barbarie o el desarrollo de la lucha de los trabajadores. Y es eso a lo que la situación nos convoca hoy, si cabe, con mayor urgencia que ayer.