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Trotskismo

Diccionario de marxismo

Trotskismo

Nombre despectivo que el stalinismo da a la Oposición de Izquierda en Rusia, corriente que lidera la resistencia a la deriva contrarrevolucionaria del partido bolchevique hasta 1928 y que a partir de esa fecha agrupa a la gran mayor parte de la Izquierda Comunista Internacional. Después lo aplica a toda la Izquierda Comunista y sus consecuencias, sin importar sus contenido político y si están dentro o fuera del terreno de clase.

Para el stalinismo, inventor del término, será por tanto «trotskista» toda la Izquierda Comunista. Los internacionalistas aceptaron en su momento el término no sin un dejo de ironía. La brutalidad de la persecución y el asesinato en masa bajo la acusación de «trotskistas» de los militantes y dirigentes del partido comunista ruso de Octubre, convertían el nombre en un emblema. Sin embargo, algunas tendencias nacionales de la izquierda comunista, las que no se integraron en la Oposición de Izquierda Internacional al stalinismo reniegan del término.

Incluso después del abandono por la estructura y las secciones más numerosas de la IVª Internacional del internacionalismo durante la segunda guerra mundial, los internacionalistas en ella que, una vez más, han tenido que formar una fracción de izquierda y finalmente romper con la organización internacional, siguen haciendo suyo el nombre.

Rompí formalmente con la IVª Internacional en 1948 -como Natalia Sedova-Trotzky hizo posteriormente- pero eso no me impedirá levantar la mano como trotzkista frente a los calumniadores policíacos de Moscú o de Pekín.

G. Munis, 1972

El «trotsko-stalinismo» tras 1948

En realidad, lo que queda en la fallida IVª Internacional tras la ruptura del II Congreso difícilmente puede reivindicar su continuidad ni con Trotski ni con la organización que construyó para agrupar a la vanguardia de la clase en el curso de la guerra mundial que se avecinaba bajo las banderas de derrotismo revolucionario. Porque lo que quedaba eran precisamente las secciones que han apoyado el reclutamiento en una forma u otra en la «resistencias» nacionales europeas.

La organización que seguía llamándose a sí misma IVª Internacional y reivindicándose trotskista, tomó pronto una deriva que le convirtió rápidamente en satélite del stalinismo. Después de afirmar que la economía estatizada era socialismo afirmarán que la expansión imperialista rusa había creado «estados obreros» aunque con «degeneraciones burocráticas» a los que cabía extender el principio de «defensa incondicional» hasta entonces aplicado al capitalismo de estado ruso. En 1953, el IIIer Congreso declara que la contradicción burguesía proletariado ha sido superada por la contradicción EEUU-URSS y que en caso de guerra los ejércitos soviéticos se verían obligados a ser revolucionarios. El trotskismo se fractura en dos. Se reunificará temporalmente por efecto del triunfo castrista, para volver a estallar después en decenas de nuevos grupos. Y sin embargo una serie de elementos comunes se mantendrán, exacerbando los elementos obsoletos del «programa de transición» escrito por Trotski para la IVª Internacional.

El resultado es el trotskostalinismo, el «trotskismo »con el significado comunmente usado hoy: escudero «democrático» y «de izquierdas» del stalinismo, defensor del capitalismo de estado como «socialismo con excrecencias burocráticas» y extendiendo la definición incluso en algunos casos hasta la Rusia de hoy. Posición que se completa con la defensa por principio de la democracia en abstracto -no las «islas de democracia obrera» de la fórmula de Trotski- y la liberación nacional, excusa perfecta para traicionar el internacionalismo a la mínima oportunidad, desde la guerra de las Malvinas a las masacres de Siria.

Sin embargo, que sean comunmente llamados «trotskistas» no significa ni más ni menos que lo que significa que los stalinistas sean llamados «comunistas», los socialpatriotas de 1914 «socialistas» o que el anarquismo más degenerado use la sigla AIT como si representara la continuidad de la I Internacional. Las grandes derrotas del proletariado hicieron la Humanidad perder un tiempo precioso y cientos de millones de vidas. Que se perdiera el significado común de unas cuantas denominaciones que en su día blandieron las generaciones revolucionarias del pasado, no debería escandalizarnos ya.