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Oportunismo

9 de agosto, 2018 ·

Oportunismo

Deslizamiento dentro del campo político de clase hacia posiciones que, aunque en su formulación y literalidad no ponen en cuestión el programa comunista, en la práctica lo debilitan en nombre de las necesidades u oportunidades del corto plazo, de la oportunidades tácticas, de la dificultad del programa para ser entendido o de potenciales avances contingentes.

Naturaleza del oportunismo

El oportunismo es parte del movimiento de clase, no debe confundirse con el socialismo pequeñoburgués. Al revés, el oportunismo es la parte del movimiento de clase que expresa la debilidad en tanto que clase explotada del proletariado, sus dificultades permanentes para afirmar su propio programa, la tendencia a desdibujar, a difuminar en la práctica cotidiana la frontera de clase con el socialismo pequeñoburgués y el nacionalismo.

No tienen razón quienes con tanta frecuencia consideran esta palabra un «simple insulto», sin tratar de reflexionar en su significado. El oportunista no traiciona a su partido, no le es desleal, no se retira de él. Sigue sirviéndolo, sincera y celosamente. Pero su rasgo típico y característico es que cede al estado de ánimo de momento, es su incapacidad de oponerse a lo que está en boga, es su miopía y abulia políticas. Oportunismo significa sacrificar los intereses prolongados y esenciales del Partido en aras de sus intereses momentáneos, transitorios y secundarios. (…)

Allí donde prevalecen tales estados de ánimo, típicos de la intelectualidad, es imposible adoptar una política firme, digna de la clase auténticamente revolucionaria, que conduzca resueltamente a través de todas las pequeñas desviaciones y vacilaciones hacia la preparación de la batalla decisiva y abnegada contra el enemigo. Por eso el proletariado consciente debe saber mantener una actitud crítica hacia los intelectuales que pasan a su lado, debe aprender a librar una lucha implacable contra el oportunismo en política.

Lenin. ¡El radical ruso reflexiona con retardo!, 1906.

El oportunismo es sensible a la moda política, a caer en los debates de opinión y las falsas dicotomías fabricadas una y otra vez, especialmente bajo el capitalismo de estado. Pretendiendo «estar en el mundo», prepara el camino a la pérdida del terreno de clase, desplazando el programa comunista hacia un futuro, hacia una oportunidad que no llegará nunca.

No se renuncia al programa; lo único que se hace es aplazar su realización… por tiempo indefinido. Se acepta el programa, pero esta aceptación no es en realidad para sí mismo, para seguirlo durante la vida de uno, sino únicamente para dejarlo en herencia a los hijos y a los nietos. Y mientras tanto, «todas las fuerzas y todas las energías» se dedican a futilidades sin cuento y a un remiendo miserable del régimen capitalista, para dar la impresión de que se hace algo, sin asustar al mismo tiempo a la burguesía.

Marx y Engels. De la carta circular a A. Bebel, W. Liebknecht, W. Bracke y otros, 1879

El oportunismo vacía de dentro a fuera la acción de clase, paraliza el desarrollo de la conciencia convirtiendo el significado del comunismo y su invocación en una cáscara vacía, en un fetiche, manteniendo símbolos, términos y banderas pero llamando a una acción que cada vez más, se torna indistinguible de la del socialismo pequeñoburgués que, progresivamente, se irá convirtiendo en el gran justificador del capitalismo de estado.

El oportunismo en la historia del movimiento

El oportunismo es una tendencia permanente a lo largo de todo el proceso de constitución en clase del proletariado que expresa las debilidades que la propia clase ha de vencer.

  • Durante las primeras fases del capitalismo ascendente, se manifestará como una tendencia a colocarse bajo las banderas «populares» de la pequeña burguesía. El bakunismo como tendencia de la Iª Internacional en la revolución cantonal española, por ejemplo, bajo su crítica del centralismo obrero llevará a la disolución de la clase en la exaltación de las tareas nacionales/democráticas de la burguesía, abortando la afirmación política de los trabajadores.
  • Con el desarrollo de la táctica parlamentarista por la IIª Internacional, el oportunismo aparecerá, en primer lugar, como una «relajación» del programa hacia el campesinado, que quedará en afirmación meramente teórica, mientras la unidad de intereses futura del campesinado -es decir, cuando se proletarice- se presenta -sin negar la teoría abiertamente- como una identidad de objetivos e intereses presente.
  • Con la entrada en la fase imperialista del capitalismo, animada especialmente por los sindicatos, y los errores de los partidos de la IIª Internacional, el oportunismo va a tomar cuerpo de una manera peculiar e intensa que va a ser crucial a través de dos tendencias confluyentes, el reformismo y el revisionismo, que preparan el camino a la «unión sagrada» con la burguesía en la primera guerra imperialista mundial, negación palmaria del internacionalismo que es la verdadera frontera de clase.
  • Tras las primeras derrotas de la oleada revolucionaria de la oleada revolucionaria mundial abierta por la revolución rusa en 1917, la IIIª Internacional adopta la táctica del «Frente único». En principio una técnica impecable de elaboración de consignas transitorias, pero que en realidad refleja un «conformarse» con triunfos electorales de «la izquierda» burguesa para frenar la tendencia a una invasión imperialista de la Rusia soviética. El frente único se deslizará de forma inconfesada hacia la alianza con los partidos socialdemócratas, integrados ya en el estado burgués que han sido parte del reclutamiento para la guerra imperialista. El oportunismo del frente único alimentará el camino a una supeditación de la revolución mundial a las necesidades del estado ruso -nueva negación del internacionalismo- que se expresará abiertamente bajo la consigna del «socialismo en un solo país».
  • La malograda IVª Internacional organizada por Trotski a partir de la mayoría de la oposición de izquierda a la degeneración del estado ruso, mantendrá una posición igualmente oportunista hacia los restos de la socialdemocracia y el stalinismo, identificados ya con fracciones capitalistas, sin acabar de definir el cambio de su naturaleza de clase de la política del Partido y el estado ruso que es ya evidente en los años 30, especialmente tras la masacre de la revolución española. Este oportunismo, materializado en la teoría del «estado obrero degenerado», que equipara socialismo y estatización, acabará convirtiendo a las mayores secciones de la IVª Internacional en órganos de reclutamiento para las «resistencias antifascistas» del imperialismo aliado, negando una vez más el internacionalismo en la misma forma criminal que la IIª Internacional.

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