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Nación

Diccionario de marxismo

Nombre del cuerpo social generado por la burguesía cuando lidera de forma efectiva el conjunto de la sociedad en un territorio determinado. Desde un punto de vista materialista la nación emerge en paralelo a la constitución de un mercado nacional y se orienta a la consolidación del poder de la burguesía mediante un estado nacional.

El nacimiento de la nación

Antes de la revolución burguesa y contrariamente a la hagiografía resplandeciente que se hace de sí misma la burguesía, la nación como un cuerpo social que conformaba un pueblo unido era incomprensible. Los reyes absolutistas habían ido añadiendo regiones a sus dominios en las idas y venidas de los aparentemente inacabables conflictos dinásticos europeos, regiones que en gran parte aún conservaban sus fueros y estaban estrictamente divididas en clases y grupos sobre privilegios legales. Estos conflictos no seguían ninguna lógica nacional, más bien respondían a las peleas intestinas entre las casas dinásticas esparcidas por toda Europa. Leyes suntuarias (restringiendo el tipo de ropa y en qué actividades cada clase podía participar), variación lingüística y festivales feudalizantes insistían continuamente en las particularidades locales de la división del poder en cada sociedad.

Cuando la muerte por ahogamiento material y productivo del antiguo modo feudal, así como los esbozos de un nuevo modo de producción a partir de la «mejora» agraria y del mercantilismo se hagan evidentes, la burguesía y la pequeña burguesía agraria pujante se aplicarán a la idea de «constituir» la nación a partir del «tercer estado» sobre las ruinas de la vieja sociedad fracturada y jerarquizada. Las primeras constituciones europeas no solo establecen el estado, establecen la nación. Cambian los mapas, se crea una «religión civil» más o menos explícita, se instauran cultos a la bandera y la patria, se abre la carrera militar a la burguesía y, en menor grado, a la pequeña burguesía y sectores del artesanado. Los destacamentos de guardias nacionales de las diversas regiones que entre 1789 y 1790 declararon su lealtad a la nación francesa no lo hicieron por iluminación divina, sino porque el culto a la nación convertía en sus sacerdotes a una masa de funcionarios públicos, militares y concesionarios de las clases no nobiliarias, como no había existido jamás hasta entonces. El nuevo estado liberal será la principal forma de ascenso social para la pequeña burguesía y la principal herramienta para acelerar la acumulación de la flamante burguesía nacional. El «espíritu» nacional, que a partir de Herder se pretenderá eterno y ancestral, empezaba a emanar con fuerza de su realidad material: el nuevo estado burgués.