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Izquierda Comunista

21 de agosto, 2018 ·

Izquierda Comunista

Movimiento internacionalista que comenzará luchando contra la degeneración de la IIIª Internacional, buscando corregir los errores heredados del pasado reflejados en su programa, para a partir de 1928 enfrentar el triunfo del Termidor en Rusia y el papel contrarrevolucionario de la Internacional y los partidos stalinistas.

La Izquierda Comunista en perspectiva

Lo que caracteriza y diferencia a la Izquierda Comunista de las «oposiciones» y grupos críticos que se multiplicarán a partir de la segunda mitad de los años veinte es:

  • Un enfoque internacional, universal, de la revolución y las causas de su derrota.
  • Realizar una crítica del cuadro de análisis de la IIIª Internacional aceptando que la contrarrevolución se alimentaba también de las ambigüedades y errores teóricos heredados de la IIª Internacional y las condiciones de lucha en el capitalismo ascendente

En conjunto, la Izquierda Comunista desarrollará el marco de análisis y programa característico del comunismo en la decadencia del capitalismo. La cuestión central y definitoria del desarrollo teórico de la Izquierda Comunista es la imposibilidad de una alianza con sectores de la burguesía, sea la socialdemocracia o sean los movimientos de «liberación nacional». Luego, la naturaleza misma del capitalismo de estado que se consolida en la URSS -especialmente a partir de la teoría del «socialismo en un solo pais»- y la actitud a tomar frente a ella -y frente a las «resistencias» por ella apoyadas- durante la Segunda Guerra imperialista mundial.

La «Oposición de Izquierda Internacional» desde 1930-31 y la «IVª Internacional» que la sucedió desde 1938, siendo reagrupamientos heterogéneos y teóricamente frágiles, atrajeron en su fundación a buena parte de las izquierdas comunistas en formación por ser el único eje internacional de reagrupamiento internacionalista. La alternativa era el aislamiento en la ilusión de una solución local a un reto mundial. Por eso, en los países de lengua española como la propia España, Argentina, Uruguay, Chile o México, la Izquierda Comunista surgirá en el seno de la «Oposición de Izquierdas Internacional».

La Izquierda Comunista Española, que había nacido como grupo fundador del comunismo español y había sido parte central del reagrupamiento alentado por Trotski, encabezará la ruptura de los sectores sanos de la IVª Internacional frente al centrismo primero y la traición después al internacionalismo del Secretariado Internacional consolidado tras el asesinato del revolucionario ruso, embarcándose -a pesar de las durísimas condiciones de la militancia bajo el franquismo– en una revisión teórica fecundísima que la acercará en cuestiones clave -como el rechazo del sindicalismo- a la evolución que habían tomado las izquierdas comunistas que habían resistido a los años más duros de la contrarrevolución en el aislamiento: la germano-holandesa, la italiana y la francesa, nacida de ésta.

Vista en la perspectiva del tiempo, la Izquierda Comunista fue la respuesta de la clase ante la necesidad de clarificar su derrota histórica. Al responder a una necesidad universal, fue un fenómeno global aunque -como expresión natural de una dolorosa y profunda derrota- se viera fragmentada en agrupaciones «nacionales». Su legado es la constitución de una continuidad política dentro de las fronteras de clase que ha de servir para fundamentar la futura Internacional.

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