Diario de Emancipación

Frente único

Diccionario de marxismo

Frente Unico

Táctica afirmada en el IIIer Congreso de la Internacional Comunista que buscaba generar consignas capaces de movilizar a las masas encuadradas en los sindicatos y partidos políticos socialdemócratas -entregados a la defensa del estado y el orden capitalista. Impecable como «tecnología» de definición de consignas, en la práctica vendrá de la mano de la reconsideración de los partidos y sindicatos socialdemócratas como «obreros», abriendo la puerta a la calificación de sus gobiernos parlamentarios como «gobiernos obreros» que los partidos comunistas deberían impulsar y sostener… convirtiéndose de hecho en ala izquierda del aparato político estatal.

Origen

El IIIer Congreso de la Internacional Comunista se celebra en junio de 1921 en un ambiente de desánimo. La Revolución mundial está en retroceso y ha sido derrotada en Alemania e Italia, donde el fascismo está en ascenso; la crisis económica generalizada no está siendo acompañada de un aumento de las luchas de clase. Los partidos socialdemócratas y sus sindicatos mantienen encuadrados a la mayoría de los trabajadores desde Gran Bretaña a España pasando por Francia y Alemania. Llaman escisionistas a los comunistas y consiguen aislar éstos bajo hipócritas consignas de unidad. Las Tesis sobre táctica que aprueba el congreso intentan enfrentar la celada convirtiendo la unidad en consigna comunista. Pero ¿cómo es posible la unidad con organizaciones y tendencias que han cruzado las fronteras de clase? Las Tesis sobre táctica del Congreso intentan un malabarismo centrista: participar en las movilizaciones de los sindicatos y partidos de la IIª Internacional y la Internacional II y 1/2 para denunciarlas.

La Internacional Comunista debe, tal como lo hizo hasta ahora, llevar a cabo la lucha más decidida no sólo contra la IIª Internacional y contra la internacional sindical de Ámsterdam, sino también contra la Internacional II y 1/2.

La Internacional Comunista sólo puede despojar a esos agentes de la burguesía de su influencia sobre la clase obrera mediante una lucha sin cuartel que les demuestre a las masas cotidianamente que los socialdemócratas y los centristas, lejos de tener la más mínima intención de luchar para derrotar al capitalismo, ni siquiera están dispuestos a luchar por las necesidades más simples e inmediatas de la clase obrera.

Para conducir esta lucha hasta la victoria, debe ahogar en germen toda tendencia y todo brote centrista en sus propias filas y probar, mediante su acción cotidiana, que es la internacional de la acción comunista y no la de la frase y la teoría comunistas. La Internacional Comunista es la única organización del proletariado internacional capaz, por sus principios, de dirigir la lucha contra el capitalismo. Debe fortalecer su cohesión interna, su dirección internacional, su acción, de tal modo que pueda lograr los objetivos que se propuso en sus estatutos: «organizar una acción conjunta del proletariado de los diversos países, tendente a un solo fin: la liquidación del capitalismo, el establecimiento de la dictadura del proletariado y de una república internacional de los soviets».

«Organizar una acción conjunta del proletariado de los diversos países» había significado, en los dos primeros congresos, coordinarse para la Revolución mundial. Ahora significaba participar en las movilizaciones organizadas por los partidos y sindicatos socialdemócratas para demostrar que sus dirigentes ni siquiera tenían la voluntad de dirigir coherentemente las movilizaciones por las reivindicaciones salariales más básicas. Es la táctica del frente único.

La Internacional había denunciado en los dos primeros primeros congresos a los partidos y sindicatos socialdemócratas que habían llamado a la guerra como parte del estado capitalista. Ahora la denuncia se limitaba a la dirección, buscando ganarse a las bases sin cuestionar el fetichismo que mantenía a sus miembros leales a unas organizaciones que les habían mandado a la guerra. Es decir, en la práctica, la nueva táctica volvía a considerar a aquellas organizaciones partidos obreros y aunque se mantuviera la denuncia de sus líderes, aunque se adornara incluso de epítetos más duros que nunca, convertía a los nacientes partidos comunistas en ala izquierda de los sindicatos y partidos que habían cruzado las fronteras de clase y se dedicaban a mantener el orden social capitalista con todas sus fuerzas.

Nada se puede esperar de ningún tipo de entrevistas con los jefes sindicales, así como con los dirigentes de los diferentes partidos obreros socialdemócratas y pequeñoburgueses. Contra aquéllos debe organizarse la lucha con toda energía pero el único medio seguro y victorioso de combatirlos consiste en apartarlos de sus adeptos y demostrarles a los obreros el ciego servicio de esclavos que sus jefes socialtraidores le prestan al capitalismo. Por lo tanto, debemos, en la medida de lo posible, colocar ante todo a esos jefes en una situación en que se vean obligados a desenmascararse y atacarlos, después de esos preparativos, del modo más enérgico.

Por supuesto hay resistencias, pero el frente único finalmente se aprueba con el único voto en contra de las secciones francesa, italiana -que lo acepta pero solo para los sindicatos- y española. ¿Cómo pudo pasar? Los revolucionarios rusos luchan desesperados por mantener un estado que, tras la guerra civil, con las fábricas destruidas o abandonadas, desbandadas, masacradas o militarizadas las masas obreras que habían hecho la revolución, es un esqueleto vacío mantenido a duras penas por el partido y una naciente burocracia estatal. En las prisas por acelerar el impulso de clase, los jóvenes partidos comunistas habían sido conducidos a dar cabida a buena parte de la fracción centrista, que seguía midiendo el éxito del movimiento en resultados parlamentarios y congresos sindicales ganados, no en términos de huelga de masas.

La tentación oportunista es dejarse llevar por la consigna de éxito en el momento, la unidad, que usan los socialdemócratas contra los comunistas y que al final muestra la debilidad de unas masas que, sin fuerzas para avanzar, se aferran a la ilusión de una vuelta al viejo y conocido mundo de las reformas progresivas anterior a la guerra. Y oportunismo es también separar el cuerpo del alma de la socialdemocracia y pasar de juzgarla como corriente histórica a distinguir entre dirigentes y miembros encuadrados para no tener que enfrentar el significado de la organización como un todo.

El oportunismo lleva al centrismo de cabeza. Entendido como una tecnología de hacer consignas, el frente único es impecable. En la práctica convierte a los partidos comunistas en fracción externa de la nueva generación de partidos burgueses que, viniendo del movimiento obrero, encajan a la perfección con los sindicatos en la construcción del capitalismo de estado que está sustituyendo al estado liberal a toda velocidad.

Cuando en noviembre de 1922 se celebra el IVº Congreso, el deslizamiento ya es completo. La Internacional y sobre todo el partido ruso que quiere que los partidos comunistas, que no consiguen impulsar la revolución, sirvan al menos para evitar una nueva invasión imperialista del bastión ruso, aceptan ya los gobiernos de izquierda burguesa como gobiernos obreros y se dan como objetivo empujar a la socialdemocracia a formar gobierno con los comunistas en vez de con los liberales.

El gobierno obrero (eventualmente el gobierno obrero y campesino) deberá ser empleado en todas partes como una consigna de propaganda general. Pero como consigna de política actual, el gobierno obrero adquiere una mayor importancia en los países donde la situación de la sociedad burguesa es particularmente insegura, donde la relación de fuerzas entre los partidos obreros y la burguesía coloca a la solución del problema del gobierno obrero a la orden del día como una necesidad política.

¿Es un gobierno de la izquierda burguesa alcanzado por medios electorales un gobierno obrero? Evidentemente no puede haber un gobierno obrero sin soviets, sobre un estado burgués que, de hecho no deja de reforzarse. Así que la declaración redobla el centrismo hasta el absurdo, afirmando que:

Un gobierno de este tipo sólo es posible si surge de la lucha de masas, si se apoya en organismos obreros aptos para el combate y creados por los más vastos sectores de las masas obreras oprimidas. Un gobierno obrero surgido de una combinación parlamentaria también puede proporcionar la ocasión de revitalizar el movimiento obrero revolucionario Pero es evidente que el surgimiento de un gobierno verdaderamente obrero y la existencia de un gobierno que realice una política revolucionaria debe conducir a la lucha más encarnizada y, eventualmente, a la guerra civil contra la burguesía. La sola tentativa del proletariado de formar un gobierno obrero se enfrentará desde un comienzo con la resistencia más violenta de la burguesía. Por lo tanto, la consigna del gobierno obrero es susceptible de concentrar y desencadenar luchas revolucionarias

Decir que solo es posible si surge la lucha de masas cuando lo que ha llevado a la consigna es su ausencia, sirve en realidad para poder deducir que la lucha de masas se está multiplicando cuando se producen buenos resultados electorales y una combinación parlamentaria con la socialdemocracia se hace posible en algún punto del horizonte. El centrismo ha llevado, con letra impecable, a los partidos comunistas a reproducir el cretinismo parlamentario de la socialdemocracia anterior a la guerra. Lo que es peor, ha naturalizado que su principal función revolucionaria es la defensa del estado ruso mediante coaliciones con la izquierda del aparato político del estado burgués, definitivamente rebautizada como partidos obreros. El camino para que se enfrenten a la revolución como si esta fuera una desviación izquierdista, está abierto de par en par. Llegará cuando los frentes únicos se conviertan en frentes antiimperialistas en los países semicoloniales y frentes populares antifascistas en Europa.

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