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Frente Popular

Diccionario de marxismo

Táctica stalinista proclamada en el VI Congreso de la Comintern. Presentaba la formación de alianzas electorales con los partidos democráticos y, eventualmente, la formación de gobierno por estos, como forma de derrotar a la contrarrevolución en su forma fascista.

El Frente Popular se ensaya originalmente en Francia como coalición con los socialistas y los radical-socialistas, mientras formalmente seguía vigente la teoría del V Congreso sobre el «tercer periodo», la idea de que la socialdemocracia se había convertido en un «apéndice del fascismo» y «enemigo principal».

El Frente Popular es una consecuencia directa de la fusión del «socialismo en un solo país» y la consigna del antifascismo. En primer lugar porque separa definitivamente a la Comintern del objetivo de una revolución proletaria, asociándola al republicanismo y la socialdemocracia en la defensa del estado democrático. En segundo lugar porque al hacerlo confiesa el divorcio definitivo de la burocracia rusa con la revolución mundial enunciado por primera vez con el «socialismo en un solo país». De lo que se trataba era de afirmar gobiernos «amigos», con presencia de los partidos controlados por Moscú. Como coda inevitable, el Frente Popular cambiará paulatinamente la extracción social dominante en los partidos stalinistas.

Sean los de­bates sustanciosos o huecos, el congreso representa una etapa en la evolución de un determinado sector de la clase obrera. Es importante, aunque sea porque al legalizar el viraje oportunista en Francia, lo trasplanta inmediatamente al resto del mundo. Estamos ante un espécimen curioso del pensamiento burocrático que mientras concede, al menos sobre el papel, cierta auto­nomía liberal a las secciones, inclusive ordenándoles pensar por su cuenta y adaptarse a las respectivas circunstancias nacionales, su congreso proclama al mismo tiempo que todos los países del mundo, desde la Alemania fascista hasta la Noruega democrática, desde Gran Bretaña hasta la India, desde Grecia hasta la China, tienen la misma necesidad de un «Frente Popu­lar» y, donde sea posible, un gobierno del Frente Po­pular. El congreso es importante porque señala el ingreso definitivo de la Comintern -tras una serie de vacilaciones y pasos en falso- en su «cuarto período», cuyo lema es «todo el poder a Daladier» [ministro republicano francés], su bandera es la tricolor, y su himno la Marsellesa, que ahoga los sones de la Internacional. […]

Cometeríamos un error fatal si creyéramos que la «autocrítica» de los dirigentes bastó para liquidar en forma total e indolora la teoría y la práctica del «tercer período» y que el viraje oportunista y patriota ya tiene asegurado un futuro sin dificultades. Si bien la burocra­cia pudo arrojar a las llamas con facilidad escandalosa todo lo que reverenció, con las masas no sucede lo mismo. La actitud de éstas hacia las consignas es más seria y auténtica. El espíritu del «tercer período» sigue vivo en la conciencia de los obreros que siguen a la In­ternacional Comunista. Y este espíritu resultó evidente entre los comunistas franceses en Tolón y Brest. Los dirigentes pudieron frenar la oposición de la base sólo por un tiempo, jurándoles «en secreto» que se trataba de una hábil maniobra destinada a engañar a los radi­cales y a los socialistas, alejarlos de las masas, y enton­ces, «entonces les mostraremos qué somos en reali­dad». Por otra parte, el viraje coalicionista y patriótico del Partido Comunista le granjea la simpatía de nuevas capas bastante alejadas de la clase obrera, muy patrióticas y muy insatisfechas con los decretos financieros, para quienes el Partido Comunista es tan sólo el ala más enérgica del Frente Popular.

«El viraje stalinista». León Trotski, 1935

Durante la Revolución española, desde julio de 1936 y sin ambages, desde 1937, el Frente Popular se convertirá en el embrión desde el que el PCE liderará y organizará la contrarrevolución, desarmando las milicias, retomando el control de las fábricas y reorganizando el gobierno y sus cuerpos represivos desmantelados por la insurrección proletaria del 19 de julio. El Frente Popular materializa el significado real del antifascismo. Es su más clara expresión nacionalista y patriótica, el ariete de la contrarrevolución, el ultimo recurso del estado burgués y verdadero responsable del triunfo franquista.

Cuando la burguesía, por medio del Frente Popular, hubo logrado someter a su disciplina a la CNT, la FAI y el POUM, las organizaciones más susceptibles de ayudar a la toma del poder político por los Comités-gobierno, se inició descaradamente la marcha contra la revolución, empezando por la destrucción de los Comités. El stalinismo desempeñó el papel de director de la orquesta contrarrevolucionaria. Mientras el proletariado estuvo armado y deshechos los restos de los cuerpos coercitivos burgueses, ni él ni la socialdemocracia se atrevieron a abrir la boca para decir que era preciso destruir los Comités, reforzar el moribundo Estado, cesar las expropiaciones y combatir en general todas las medidas revolucionarias que desmentían la teoría de la «democracia de nuevo tipo».

La primera preocupación del «Gobierno de la victoria», tenía que consistir en procurarse la fuerza armada necesaria para desarmar a los obreros. Azuzado por el stalinismo, Largo Caballero inició nuevos reclutamientos para las guardias Civil, de Asalto y Carabineros, maquilladas con el nombre de Guardia Nacional de Seguridad. Cuando el Gobierno se creyó bastante fuerte, empezó la ofensiva para desarmar a los proletarios y los campesinos y liquidar las conquistas socialistas. En realidad, los contrarrevolucionarios stalinistas y socialistas no eran fuertes sino teniendo la seguridad de que el anarquismo y el POUM no tomarían medidas para impedir su intento. Si una de ellas, o las dos, tras denunciar públicamente lo que se preparaba, llamaba a las masas a destruir los restos del Estado y las instituciones burguesas y a tomar todo el poder político, la maniobra envolvente del Gobierno de la victoria habría fracasado y la revolución hubiera seguido el curso que la historia le determinaba. Pero la maniobra stalino-socialista se logró gracias a la colaboración de anarquismo y poumismo. El Estado burgués tuvo armas con que vencer a los obreros y desarmarlos.

Entonces, a fines de 1936, descubrió públicamente su juego. Nuestra guerra no era una guerra civil, sino una «guerra de independencia nacionalx; en nuestra zona no se aspiraba a la revolución social, sino a una «democracia de nuevo tipox, es decir a la sociedad burguesa. Las Juventudes Socialistas Unificadas, se reunían bajo la égida stalinista para asegurar a los millonarios de París, Londres y Washington que no eran un partido de clase ni de revolución social. El inmundo Carrillo ratificaba: Conste que no hacemos una maniobra, mientras Comorera, calificaba de tribus a los obreros vencedores de la insurrección fascista y de ladrones a los Comités expropiadores de la burguesía. Poco después las cárceles se llenaban de revolucionarios y centenares de ellos morían asesinados por el stalinismo o por la GPU.

«Significado histórico del 19 de julio». G. Munis, 1938

De modo interesante, el PCE se transmuta también en su composición social. Como informa el dirigente del PCE Fernando Claudín:

A las filas del PCE acuden numerosos elementos pequeñoburgueses, atraídos por el renombre que adquiere el partido de defensor del orden, de la legalidad y de la pequeña propiedad. Y al PCE afluyen sobre todo – o se ponen bajo su dirección a través de la JSI- un gran contingente de la juventud no formada aun en los sindicatos y organizaciones obreras tradicionales.

El informe de José Díaz al CC en mayo del 37 arroja que frente a los 150.000 asalariados que encuadra el partido (y que incluyen además de obreros agrícolas e industriales, funcionarios y cuadros empresariales) existen ya más de 100.000 pequeños propietarios (profesionales y agricultores) junto a 20.000 mujeres de las que no figura adscripción social. Los testigos exteriores, vinculados al PCE en la época, refuerzan estos datos en sus testimonios.

El PC es hoy, en primer lugar, el partido del personal administrativo y militar, en segundo lugar el partido de la pequeña burguesía y de ciertos grupos campesinos acomodados, en tercer lugar el partido de los empleados públicos y solo en cuarto lugar el partido de los trabajadores.

Frank Burkenau. El reñidero español, 1971.

El análisis sociológico de la militancia refleja hasta qué punto la política frentepopulista y el partido correa de transmisión han conseguido atraer a unos sectores sociales cuyo objetivo es salvar el estado democrático republicano de la revolución obrera en marcha.