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Cuatro series para acercarnos a la India de hoy

30 de mayo, 2020 · Artes y entretenimiento> TV

En marzo pasado, poco antes de comenzar la pandemia, estallaron una serie de pogromos anti-musulmanes en Delhi, azuzados por el nacionalismo brahmánico del partido de Modi. Los incidentes se unieron a una larga lista de violencia nacionalista. No pocos lectores nos pidieron entonces recomendaciones sobre la historia india y referencias audiovisuales -películas, series- para entender contexto social y político de una manera más cercana a pesar de los inevitables filtros ideológicos de todo relato industrial: nunca van a mostrar luchas de clase, aunque apunten contradicciones. Con la tensión actual en la frontera del Himalaya, esos pedidos han aparecido de nuevo. Y como algunas series indias son accesibles en dos de las mayores plataformas multinacionales (Amazon Prime y Netflix), nos parece que puede ser un buen aporte para el fin de semana explorar cuatro de las mejores.

Paatal Lok

Aunque en Prime no se hayan molestado en poner subtítulos al español -solo están disponibles en inglés- este thriller policial es, sin duda, la mejor serie de esta temporada en el circuito internacional. En ella están, usados con discreción, todos los ingredientes de la «salsa» de las grandes producciones del cine político: las contradicciones entre el campo y la ciudad, el peso del sistema de castas en las regiones rurales y de la discriminación anti-musulmana en las ciudades, los enlaces entre partidos políticos, gurúes y mafias, el papel del estado en el engranaje de las distintas capas y castas de las clases explotadoras indostaníes… La serie se desarrolla en un doble eje de tensión dramática: entre Delhi y la provincia por un lado, y entre la pequeña burguesía hindú, acomodada y anglificada, vinculada a industrias «modernas» como el audiovisual, y la estructura de clases que da forma a pueblos y ciudades.

Delhi Crime

De la mejor serie de esta temporada a la mejor del año pasado. «Delhi Crime» está basada en el caso Nirbhaya: la violación y asesinato brutal de una joven en un autobús cuando volvía de ver «La vida de Pi» en el cine con un amigo. El crimen tuvo repercusión internacional al conseguir movilizar masivamente al estudiantado y la pequeña burguesía urbana contra la inseguridad y la violencia contra las mujeres. El enfoque de la serie, contada desde el punto de vista de la inspectora encargada del caso, es realista y apunta bien a cómo las contradicciones del capital y el estado indio acaban convirtiéndose en una verdadera trituradora de carne que crea continuamente monstruos y víctimas entre la podredumbre. Es, de todas las series indias, una de las que relata con más claridad la vida cotidiana de los barrios trabajadores y el abismo entre la ciudad y la provincia. Las escenas que relatan la fragilidad y el papel del estado en zonas «naxalitas» no tienen precio para entender un estado gigantesco y poderoso pero al mismo tiempo «cogido con alambre».

Sacred Games

Del ciclo de Delhi vamos al de Bombai, capital de Bollywood, con una serie que fue el primer gran éxito internacional del audiovisual indio. Es una serie de aventuras y conspiraciones, no cine negro como las anteriores. Y sin embargo, se desarrolla en tiempo histórico, construyendo la vida de los protagonistas alrededor de los grandes hitos de la violencia «religiosa» y antimusulmana de las cuatro últimas décadas. El papel del partido de Modi, el engarce y los conflictos entre los distintos grupos «religiosos» de la burguesía, la organización clientelar de los partidos, la omnipresencia de los «servicios» -sea CBI (interior, pero también terrorismo) o la RAW (inteligencia exterior)… aparecen de forma natural en una historia, a veces un poco chiclosa, a veces demasiado «peliculera», pero siempre muy entretenida a lo largo de sus dos temporadas.

Made in Heaven

Y finalmente una serie también de Bombai y mucho menos violenta que las anteriores. A fin de cuentas transmite la visión del mundo de la pequeña burguesía y la burguesía anglificada de la ciudad a través de las experiencias de unos organizadores de bodas de lujo. Esté centrada, cómo no, en las relaciones amorosas y sexuales y toda la crítica se limita a la cultura de las relaciones interpersonales en las clases privilegiadas. Pero aunque el «mensaje» se limite a las buenas intenciones del progresismo sentimental y anglificado, la series es buena, adictiva incluso, con personajes bien construidos y lo suficientemente llena de detalles y ambientes diversos como para que un espectador europeo o sudamericano pueda disfrutar de descubrir piezas sobre la realidad india que aunque conociera o imaginara probablemente no llegaba a encajar.