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Crisis en Nicaragua

19 de julio, 2018 · Actualidad> Centroamérica y Caribe

Jornada de protestas y choques con la policía en Managua en abril.

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En abril pasado se consumó la ruptura en dos en el seno de la burguesía nicaragüense. Un rifirafe entre la asociación patronal y el gobierno, a cuenta de la reforma de las pensiones, enganchó inesperadamente con el descontento masivo de la pequeña burguesía. Los trabajadores, víctimas de la reforma, pero también de la contrareforma propuesta por uno de los empresariados más cerriles del continente, marcharon sorpresivamente tras éstos. Las primeras manifestaciones son realmente masivas, pero están encuadradas ya bajo las banderas nacionales. Ortega, que se da cuenta del peligro dada la fragilidad del empresariado tradicional para liderar un movimiento nacional, comete un error: les reconoce como único interlocutor, lo que sirve a la burguesía empresarial para encuadrar a los trabajadores y tomar la dirección de las protestas abiertamente. Temeroso de una radicalización, Ortega derogó su reforma de la Seguridad Social para abrir una brecha en el liderazgo creciente de los empresarios.

Las protestan arrancan contra una reforma de las pensiones que enfrentan a la burguesía empresarial y la de estado y que, para sorpresa de todos, moviliza a la pequeña burguesía y encuandra a los trabajadores

Barricada de estudiantes en los accesos a la universidad.

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Pero la verdad es que en ese momento España, Venezuela, EEUU, Rusia, China, no pocos estados hispanoamericanos y hasta el Vaticano estaban ya buscando cómo sacar partido de la fractura en la clase gobernante nica. Hay que decir que tampoco veían una oportunidad demasiado clara y se vigilaban mutuamente sin acabar de lanzarse pero también sin soltar presa. A fin de cuentas Ortega había conseguido satisfacer razonablemente a todos los imperialismos interesados en la región y no viéndose ninguno en cuestión en los magros intereses locales que representan ni viendo a los demás dispuestos a batallar para obtener una hegemonía en solitario, para ninguno era perentorio pasar a la acción. La burguesía española por ejemplo veía a Ortega mucho más sólido que a Maduro y temía un nuevo fiasco exterior, pero al viejo estilo, se puso pronto a preparar «recambios» desde Madrid.

Los imperialismos regionales y globales no provocaron el estallido, pero han jugado por debajo sin llegar a ser determinantes, hasta ahora, en el curso de los acontecimientos.

Manifestaciones en Managua a finales de mayo.

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El estancamiento de la situación al retirarse la ley por Ortega pero seguir movilizado el descontento, dio el protagonismo al único cuerpo social organizado de la pequeña burguesía: el estudiantado. La espectacularidad de la organización estudiantil -con bazukas caseros, barricadas en llamas y portavoces de gesto dulce- le permitió protagonizar las primeras negociaciones con el gobierno… y poner en marcha al destacamento más importante de la pequeña burguesía nicaragüense: el campesinado.

La retirada de la ley estancó la situación sin resolverla. El grupo más concentrado y politizado de la pequeña burguesía, el estudiantado, tomó la dirección y movilizó a la pequeña burguesía rural: el campesinado

Manifestación en Managua en julio.

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El movimiento estudiantil nicaraguense, se mostró desde el principio como un elemento de descomposición política y social. Como sus primos del 15M español o el Occupy norteamericano, hizo lo posible por desestructurar los barrios y reforzar el nacionalismo de las expresiones del descontento de masas. No en vano se llaman «autoconvocados» en una trágica e involuntaria parodia de un individualismo políticamente impotente pero deseoso de «expresar» su frustración «nacional», esto es, frustración ante la incapacidad para mantenerse cohesionada de la matrecha burguesía nicaragüense. Bajo esos auspicios, cuanto mayor fuera la manifestación más vacío y reaccionario se tornaba su programa. Lejos de entender que el incremento de la violencia del estado y sus redes era posible porque los propios estudiantes estaban desarmando políticamente al descontento, abrazaron el martirilogio refocilándose en su propia impotencia. Cuando Ortega dio la orden de disparar a matar era evidente que el curso hacia una matanza bajo los pabellones del nacionalismo nicaragüense, estaba abierto.

Los estudiantes fueron un elemento de descomposición desde el primer día: hicieron lo posible por desestructurar los barrios y reforzar el nacionalismo de las expresiones del descontento de masas.

Opositores en Monimbó, Masaya, Nicaragua.

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La dirección política del estudiantado solo ha conseguido llevar al éxodo a parte de esa vieja clase venida a menos que ya miraba de perfil ante la incompetencia política de sus vástagos. Empezó entonces un rosario, matanza tras matanza, con ambos lados bajo la bandera blanquiazul de la patria. En junio Masaya, «ciudad liberada», se convirtió en el símbolo de la impotencia política que es característica de la pequeña burguesía en nuestra época. Difícilmente puede llamarse «movimiento» a algo que ni siquiera se mueve físicamente, que solo «ocupa» sin tomar jamás la iniciativa política. El ballet de banderas, la sustitución de manifestaciones -que «van» hacia los centros del poder- por ocupaciones que no toman una sola medida mientras esperan durante semanas su propia represión, demostraba con claridad la incapacidad de la pequeña burguesía y el estudiantado para llevar la crisis a algo distinto de una carnicería. El saldo de los primeros dos meses apenas podía contar con nada mejor que una pila de cadáveres. Porque mientras tanto, la paupérrima y miserable burguesía de estado sandinista, se atrincheraba y reforzaba en el ruinoso estado nacional, preparando la ofensiva contra las ciudades, una suerte de guerra civil de «baja intensidad».

Las «ocupaciones», la ausencia de toda iniciativa política, demostró en Managua y en Masaya la incapacidad de la pequeña burguesía y el estudiantado para llevar la crisis a algo distinto de una carnicería.

Ortega declara fiesta oficial el día de ayer y mañana, aniversario del triunfo del FSLN y moviliza a sus bases hacia la capital.

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Viendo venir un desastre para ella misma, a partir del 10 julio la burguesía empresarial capitalina toma de nuevo la iniciativa. La bandera nacional omnipresente no es solo ya la mortaja coloreada que ata de pies y manos a los trabajadores y campesinos, es el lazo que la burguesía de Managua les pone en su llamado a una intervención de imperialismos regionales o externos que no acaba de tomar brío. La represión del estado se desata a contrarreloj pero sin perder la puntería simbólica: primero los estudiantes en Managua, hoy mismo los arrabales de Masaya, simbólica capital campesina que fue fundamental en 1979 para Ortega y sus comandantes. Declarada fiesta nacional hoy y mañana, en conmemoración del triunfo del FSLN hace 39 años, el gobierno movilizará mañana a bases y militantes de todo el país en una marcha sobre la capital con la que espera recuperar la iniciativa y cerrar, cuanto antes, la crisis.

La bandera nacional omnipresente no es solo ya la mortaja coloreada que ata de pies y manos a los trabajadores y campesinos, es el lazo con el que se convida a la intervención exterior
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Trabajadores textiles en una de las maquilas de las zonas francas.

Desde el punto de vista de los trabajadores esta experiencia tiene que servir para entender de una vez, tras décadas de sacrificios en nombre de la patria, qué significa la bandera nacional. Esté en manos de quien esté. Cuando está en manos de la burguesía de estado o de la burguesía empresarial no significa otra cosa que ataques a las condiciones de trabajo, que es lo que necesita el capital nacional para rejuvenecerse a nuestra costa. Cuando está en manos de la pequeña burguesía, no es sino el reclamo de un camino hacia el abismo, martirilogio vacío, impotencia e incompetencia para construir ninguna alternativa. Y siempre: represión, crimen y matanza.

Fiestas del Palo de Mayo en Bluefields.

Hoy en Nicaragua como en todo el mundo, la única manera de defender la vida, el acceso a las necesidades básicas, la salud, la infancia, la seguridad… pasa por dejar de lado la bandera nacional. La bandera de la nación es y solo puede ser la bandera del capital nacional y sus necesidades: recortes sociales, control, beneficios a nuestra costa. Solo los trabajadores podemos romper la lógica perversa de los sacrificios en nombre de la nación y la economía nacional. Nos toca ser la guía que saque a todas las clases explotadas y a la Humanidad entera del callejón sin salida de la crisis perenne del capitalismo. Si nos colocamos bajo las banderas patrias, si dejamos que nos guíen los burócratas, los patrones o los estudiantes, no tenemos nada que esperar que no sean sacrificios, guerras y miseria.

Lleve quien lleve la bandera nacional significa lo mismo para los trabajadores: empobrecimiento y represión. Tras la bandera nacional solo se desfila hacia la muerte y la miseria.

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