Diario de Emancipación

¿Cómo puede el «trotskismo» fundirse con el stalinismo?

21 de mayo, 2019 · Emancipación> Escuela de marxismo

«Adelante Andalucía» replica el modelo de «o Bloco» en Portugal y «Syriza» en Grecia: el «reencuentro» de «trotskistas» y stalinistas en un partido con peso electoral. ¿Cómo es posible? ¿Los herederos de Trotsky con los del stalinismo más rabioso, juntos? Entonces ¿no era para tanto? Para entenderlo publicamos una colección de textos que nos permiten entender una evolución que se truncó en degeneración con la guerra imperialista.

Teresa Rodríguez, candidata de Podemos a la presidencia de Andalucía y dirigente de «Anticapitalistas», haciendo exaltación del reclutamiento bélico bajo capa de feminismo.

En Andalucía, Podemos está controlada por «Anticapitalistas», la rama española del la llamada «IVª Internacional» de Mandel y Krivine. ¿Su rasgo diferenciador respecto a la dirección de Iglesias? Empujar con ahinco la fusión con los restos del PCE stalinista en «Adelante Andalucía». Sigue los pasos del «Bloco de Esquerda» portugués, también el resultado de la fusión del representante local de la misma familia «trotskista» con ultrastalinistas pro-albaneses y restos del PCP, el PC oficial más stalinista de Europa. Un modelo que fue muy parecido en sus mezclas aparentemente contra natura al que dio lugar, también, a Syriza en Grecia.

Desde comienzos de siglo, los descendientes de la IVª Internacional degenerada abrazan y se unen con relativo éxito electoral en todo el Sur europeo con los restos del stalinismo más furibundo. La primera conclusión es un «no sería entonces para tanto» y no sería injusta, porque efectivamente el «trotskismo» con todas sus múltiples «cuartas internacionales» y el stalinismo se fueron haciendo cada vez más indistinguibles desde la segunda guerra imperialista mundial.

Brevísima referencia histórica

Segundo Congreso de la IVª Internacional, Paris, 1948. De izq a decha: Pierre Favre (PCI Francia), S. Santen (RCP Holanda), Pierre Frank (PCI), Jock Haston (RCP GB), Colin de Silva (LSSP, Ceilán) y G. Munis (España)

Fue entonces cuando, muerto ya Trotski, las direcciones de los partidos francés, estadounidense, inglés y cingalés imponen una política oportunista que intenta esquivar el derrotismo revolucionario y acaba de cabeza en la unión sagrada con la burguesía a través del apoyo a las «resistencias nacionales» en los países ocupados por Alemania y el «apoyo incondicional» al imperialismo ruso. Los internacionalistas -incluidos la sección española en pleno y la mismísima Natalia Sedova- se enfrentarán a esta deriva hasta el IIº Congreso, el primero sin Trotski. Allí la mayoría de ellos romperán y denunciarán a «la Cuarta» restante, formando la «Unión Obrera Internacional» que diez años después se convertiría en el FOR.

El «trotskismo» stalinizado

Pero «la IVª» siguió adelante. Estaba desprovista ya de espíritu revolucionario, seguía anclada en fórmulas como la «defensa incondicional de la URSS» cuyo significado había cambiado radicalmente al cambiar la naturaleza misma del estado soviético. El resultado, como no podía ser de otra forma fue un «ir de mal en peor» que acabó haciendo del «trotskismo» esa izquierda del stalinismo que todos hemos conocido. En los sesenta, Krivine y Mandel -antecesores de los dirigentes de Anticapitalistas de hoy- pedían la «rehabilitación» de Trotski… ¡por sus asesinos! y ser reconocidos por éstos como parte de un movimiento común. Pero si en vez de mirar a Trotski, nos fijamos en la práctica política de los Mandel, Krivine, Moreno o Posadas, tenían desde luego todo el derecho a hacerlo. En 1984, los compañeros de FOR en Francia escribían:

Las diversas tendencias trotskistas, líderes de esta extrema izquierda «revolucionaria», tienen por su parte una gran responsabilidad en el estancamiento de la lucha revolucionaria actual. Al actuar como fieles perros guardianes de los partidos pseudocomunistas o socialistas, defendiendo al capitalismo de estado ruso contra el bloque norteamericano, demuestran cada día su actividad pro-capitalista y ser sepultureros de la emancipación del proletariado, del que se atreven a decir que son las vanguardias esclarecidas y esclarecedoras. Pero no lo repetiremos lo suficiente, el programa trotskista es ahora capitalista:

– Por su llamado a votar, a apoyar a la coalición P«S» / P«C» cuya naturaleza capitalista ya no hace falta demostrar, su gestión del capital dondequiera que esté en el poder representa uno de los ataques más formidables contra la clase obrera, especialmente porque se beneficia de la bendición sindical. La coalición de izquierda y extrema izquierda deja atrás a la derecha reaccionaria del capitalismo privado, por el impacto que todavía tienen en la clase históricamente revolucionaria.

Su defensa de la economía nacional a través de la reivindicación de las nacionalizaciones, totalmente reaccionarias, ya que sólo transfiere la dominación del capital sobre el proletariado, agudizando la competencia de los proletarios públicos/privados, y fortaleciendo el poder económico, político y social del Estado capitalista.

– Su apoyo a la democracia parlamentaria, a la legalidad y a la lucha contra otras formas de dominación política sobre la clase obrera en beneficio de la democracia, contra el fascismo por ejemplo, reclutando al proletariado para la mistificación electoral, y relegando al olvido el interés de la clase, interés que no puede ser acomodado por ninguna barrera legal o social.

– Y al fin, por su participación, presencia y apoyo al sindicalismo, que demuestra a diario su carácter capitalista, rompiendo de raíz la solidaridad de los trabajadores a nivel nacional e internacional. Desde el primer conflicto mundial en 1914, cuando [el sindicalismo] ayudó a reclutar a la clase obrera detrás de la bandera nacional en lugar de adoptar el derrotismo revolucionario, principio fundamental del proletariado; pasando el frente popular que ahogó la efervescencia violenta de la lucha de clases y preparó la segunda carnicería de 1939; y hasta el aplastamiento del movimiento [de huelgas de masas] de 1968 en colusión abierta con el actual gobierno capitalista del estado francés por la salvaguarda y la rentabilidad de la economía nacional.

Para el movimiento trotskista, la clase obrera es sólo una masa de maniobra que nunca puede alcanzar la conciencia comunista. Por lo tanto, espera que el partido revolucionario la salve de la condenación eterna. Mientras tanto, este partido, o los componentes de este nuevo partido trotskista, transmiten la conciencia que cree que puede ser entendida por esta pobre masa incluta: ¡la que está a medio camino entre la cumbre y…. el delegado sindical! Luego vendrá la imitación sabática que prodigará el partido que como todo el mundo sabe ha sido visitado por Marx, Engels, Lenin y Trotsky, revelando la verdad al comité central, único capaz de entender las tareas de la lucha de clases, y por lo mismo actuar revolucionariamente. Los proletarios, en nombre de tácticas demasiado complicadas para que las entienda, deben seguirlas y sobre todo seguir haciéndose explotar.

La lucha de clases es, sin embargo, un todo. Implica una ruptura con las sacrosantas separaciones que buscan castrar al movimiento subversivo de la sociedad. Requiere la misma ruptura con los esquemas intelectuales/ manuales, conciencia revolucionaria/ consciencia sindical, los buenos dirigentes/ malos dirigentes… Si la emancipación del proletariado debe ser obra del proletariado mismo, sólo lo será contra el trotskismo, el sindicalismo y los partidos stalinistas o los llamados socialistas. Lo que estamos afirmando aquí no es gratuito, sino que resulta de nuestra perspectiva: la destrucción inmediata de la sociedad de explotación basada en el trabajo asalariado. Con esa meta nuestra crítica del capitalismo es una crítica que no apunta a fortalecer el estado (nacionalizaciones), ni a desarrollar la forma de explotación (autogestión y otros subterfugios), sino a afirmar la necesidad inmediata de la abolición del trabajo asalariado a través de todas las luchas cotidianas, a desmitificar el pseudo PC y el PS, promoviendo la urgencia de una independencia de clase organizativa y pragmática. ¡La consciencia revolucionaria y comunista del proletariado sólo puede surgir a este precio!

Por su defensa incondicional de Rusia, el bastión del capitalismo de estado, las tendencias trotskistas comprometen a los proletarios en la defensa de un bloque capitalista e imperialista contra otro, en nombre de los logros positivos (¿cuáles?) de una revolución proletaria barrida por la contrarrevolución stalinista y que en ningún momento pudo abolir las relaciones capitalistas de producción. El papel del proletariado no es investigar etapas hacia el comunismo, sino la lucha contra el capitalismo oriental y occidental, desde Rusia hasta los EE.UU., y desde China hasta Nicaragua o Cuba, y todo ello inmediatamente.

El papel del proletariado es trabajar por la destrucción de fronteras, entidades de explotación, y no por la creación de nuevos estados, ya sean palestinos o zulúes, en nombre de alguna liberación nacional contra el imperialismo americano o cualquier otro, como dicen nuestros representantes electos camaradas trotskistas buenos defensores del imperialismo ruso. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la ayuda militar y económica del imperialismo ruso a los diversos movimientos de liberación nacional, desde Vietnam hasta Laos, pasando por Argelia, Nicaragua o El Salvador, no ha sido más que un pretexto para sostener la explotación nacional en nombre del capitalismo de estado en su búsqueda de beneficios y el aplastamiento de las posibles luchas subversivas del proletariado en beneficio de los intereses capitalistas rusos. No hay pueblo que defender: el interés del proletariado es un interés de clase que no puede obtener nada de mezclarse con campesinos, comerciantes, pacifistas-feministas-ecologistas y nacionalistas, que apuntan en el mejor de los casos sólo a un ajuste de las taras del capitalismo, y en el peor, a la alianza con la clase obrera para sacar provecho mejor de su explotación. Por ejemplo, el consenso social en Lorena es actualmente muy explícito.

Finalmente, afirmaremos que para poner fin al trotskismo, el proletariado debe reencontrarse con sus elementos más avanzados y conscientes. El papel de una vanguardia revolucionaria no es pegarse al trasero de la clase obrera. Se distingue de ella, y en primer lugar de ella, por su práctica que va en contra de la alienación política y social que la sociedad capitalista impone principalmente a la clase que debe emancipar a la Humanidad. También se distingue por la neta y franca ruptura con la ideología capitalista, las tácticas y otros artificios de mistificación para la perpetuación de la sociedad de explotación.

El movimiento trotskista se pega al culo de una clase obrera completamente atomizada y embrutecida. De la demagogia al más cínico paternalismo, cava cada día la tumba del proletariado empujándolo a los callejones sin salida del nacionalismo, de la legalidad, de la planificación de la explotación, de la perpetuación del mito del socialismo en el Este, etc…

La abolición del trabajo asalariado debe ser hoy la consigna por excelencia de la clase obrera. Sólo se materializará violentamente, a través de la dictadura del proletariado contra la dictadura capitalista del Este y del Oeste, extirpando en todas partes la base de esta sociedad capitalista en decadencia, la compra y venta de la fuerza de trabajo, ya sea con salsa trotsko-stalinista o con salsa ketchup.

Una colección de textos

Cabecera del número 24 de la tercera serie de «Alarma», junio 1987.

En la Escuela de Marxismo de Emancipación publicamos además del anterior una colección de textos sobre la evolución y la stalinización del trotskismo publicados entre 1961 y 1984. No se trata de «cotilleo» histórico sobre los desastres de tal o cual grupo o tendencia. Se trata de entender cómo, cruzadas las fronteras de clase, la degeneración de «la cuarta» no podía llevarles a otro lugar que al que han llegado sin una puesta en cuestión radical de aquello sobre lo que habían definido el «trotskismo» y que al final no era sino la defensa y promoción de las formas más centralistas de capitalismo de estado.

Resumen en tuits

«Adelante Andalucía» replica el modelo de «o Bloco» en Portugal y «Syriza» en Grecia: el «reencuentro» de «trotskistas» y stalinistas en un partido con peso electoral.¿Los herederos de Trotsky con los del stalinismo más rabioso, juntos?
El «trotskismo» con todas sus múltiples «cuartas internacionales» y el stalinismo se fueron haciendo cada vez más indistinguibles desde la segunda guerra imperialista mundial hasta hoy
Los últimos internacionalistas rompieron con la IVª Internacional en 1948. Lo que quedó no podía ir a parar a otro sitio que el stalinismo al que siempre defendió y al que exigía reconocimiento como parte de la misma cosa
La defensa de la economía y la independencia nacional, el fetiche de las nacionalizaciones, confundir socialismo con capitalismo de estado... el «trotskismo» degenerado es una ideología del capital nacional pintado de rojo
El papel del proletariado es trabajar por la destrucción de fronteras, entidades de explotación, y no por la creación de nuevos estados, ya sean palestinos o zulúes, en nombre de alguna liberación nacional contra el imperialismo
Para el movimiento «trotskista», la clase obrera es sólo una masa de maniobra que nunca puede alcanzar la consciencia comunista. Solo ellos creen poder salvarnos de la condenación eterna
De lo que se trata es de extirpar en todas partes la base de esta sociedad capitalista en decadencia, la compra y venta de la fuerza de trabajo, ya sea con salsa trotsko-stalinista o con salsa ketchup
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