¿Cómo «funciona» la consciencia de clase?

Carlos y Jenny Marx atienden una charla de Proudhon dentro de un pícnic comunista icariano en París. Escena de la película «El Joven Marx»

Una de las conquistas más importantes de la izquierda comunista fue alcanzar una posición clara sobre la naturaleza de las organizaciones políticas de la clase trabajadora. Desde su estadio como un conjunto disperso de núcleos militantes a su materialización en dirección efectiva de la clase, el partido, en cualquiera de sus estadios, no es más que una herramienta, segregada por la propia clase, para profundizar y desarrollar su consciencia. Por eso el debate sobre las tareas y las formas organizativas depende, en realidad, de la comprensión previa sobre en qué consiste y cómo se extiende la consciencia de clase.

El debate sobre las tareas y las formas de las organizaciones políticas de clase depende de la comprensión previa sobre en qué consiste y cómo se extiende la consciencia de clase

De una forma general, definimos la consciencia de clase como el:

conocimiento y afirmación de las necesidades y posibilidades máximas abiertas históricamente a la clase revolucionaria y de los medios necesarios para realizarlas.

«París a sangre y fuego», uno de los primeros relatos sobre la Comuna de 1871 publicados en España.

Las consecuencias directas de esta definición son mayores de lo que pudiera parecer a primera vista. En primer lugar, el conocimiento tiene profundidad. Por eso el acendramiento de posiciones a partir de la experiencia histórica, constituye un avance real, material, de la consciencia de clase aunque en largos periodos históricos solo se produzca en minorías exiguas. Pero la consciencia de clase no es un conocimiento sin más, es conocimiento hacia un fin, «conocimiento anhelante de acción humana y listo para mudar su existencia subjetiva en existencia objetiva». Es decir, es un conocimiento que busca, que persigue, que necesita de su extensión en el conjunto de la clase para convertirse en una fuerza objetiva de transformación. Por eso las dos principales tareas de toda organización política de clase son acendrar minorías -comenzando por ella misma- e intervenir en la clase para extender lo ganado.

Las dos principales tareas de toda organización política de clase son acendrar minorías -comenzando por ella misma- e intervenir en la clase para extender lo ganado.
Mitin de Carlos Liebknecht durante la revolución alemana.

Ambas dimensiones son complementarias, pero la extensión de la consciencia no es una proyección del programa, el resultado de un ejercicio de proselitismo o de un esfuerzo por convencer a millones. La consciencia de clase no es una «opinión» que nace de la información o la educación de multitudes, es un conocimiento útil para resolver las luchas que como clase el proletariado se ve abocado a sostener. Por eso,

No se trata de saber lo que tal o cual proletario, o aun el proletariado íntegro, se propone momentáneamente como fin. Se trata de saber lo que el proletariado es y lo que debe históricamente hacer de acuerdo a su ser. Su finalidad y su acción histórica le están trazadas, de manera tangible e irrevocable, en su propia situación de existencia, como en toda la organización de la sociedad burguesa actual.

Marx y Engels. La sagrada familia, 1844

Asamblea de estibadores

Es decir, la consciencia de clase no es más que la expresión teórica de lo que el proletariado «es». Y ese ser «tangible e irrevocable» no es otra cosa que su naturaleza como clase universal: universal por su extensión mundial como una única clase con iguales necesidades en todo el mundo y universal porque estas necesidades, expresadas en sus reivindicaciones, no buscan ningún privilegio particular para explotar a otros.

Pero el proletariado no solo es la clase revolucionaria del capitalismo, también es la clase explotada y dado que el capitalismo ha desarrollado la explotación hasta el límite, también la más alienada y oprimida, la que más sufre el peso de la ideología de la clase dominante. Por eso la «consciencia de su situación y de sus posibilidades máximas» solo puede extenderse, hacerse masiva, en la lucha como clase. Porque solo las necesidades de desarrollo de la propia lucha llevan a las reivindicaciones particulares de los distintos grupos de trabajadores a converger y descubrirse objetivos de clase y por tanto universales; obligando al mismo tiempo al orden establecido a presentarse en confrontación a las necesidades humanas que solo se expresaban de forma latente en los primeros estadios de la lucha.

Tanto para engendrar en masa esta conciencia comunista como para llevar adelante la cosa misma, es necesaria una transformación en masa de los hombres que solo podrá conseguirse mediante un movimiento práctico, mediante una revolución, y que por consiguiente, la revolución no solo es necesaria porque la clase dominante no puede ser derrocada de otro modo, sino también porque únicamente por medio de una revolución logrará la clase que derriba salir del cieno en que se hunde y volverse capaz de fundar la sociedad sobre nuevas bases.

Marx y Engels. La ideología alemana, 1845

Huelga de masas en Jerada.

Insistimos: la consciencia de clase no es una opinión, es la forma políticamente articulada de las necesidades universales que surgen de la condición de la clase trabajadora bajo el capitalismo. Solo se expresan masivamente como tales en el curso de las luchas. Por eso no tiene sentido ni pretender «convencer a las masas» de sus propias necesidades, ni «insertar» consciencia desde un presunto «exterior». De lo que se trata al acendrar es de desarrollar organizaciones útiles para aportar en las luchas la dirección concreta que les permita desarrollarse extendiendo y profundizando la consciencia en el conjunto de la clase.

La validez teórica es importantísima a la larga, como lo es también, en lo inmediato, para la formación de organizaciones aptas. No obstante, ni la mejor de éstas conseguirá introducir consciencia en la clase revolucionaria. En tal empeño, la escuela del proletariado no será jamás la reflexión teórica, ni la experiencia acumulada y bien interpretada, sino conquista de sus propias realizaciones en plena lucha

Consciencia revolucionaria y clase para sí, 1976

La consciencia de clase no es una opinión, solo se expresan masivamente como tales en el curso de las luchas. No tiene sentido ni pretender «convencer a las masas» ni «insertar» consciencia desde un presunto «exterior»
Concentración de trabajadores del INTI, Buenos Aires

Las luchas de nuestra clase, aun en su forma más masiva, la huelga de masas, tampoco son «acumulativas», no se retoma el nivel de organización ni las plataformas reivindicativas donde quedaron en el pasado. Las luchas no arrancan como resultado de una planificación, «explotan» cuando llega el momento; tienen históricamente subidas y bajadas y con ella la consciencia en el conjunto de la clase se expande y se retrae. La única «acumulación» posible se produce como acendramiento en las minorías políticamente organizadas, en el partido en devenir. Solo al incoporarse la experiencia al programa, a las propuestas y los argumentos, las luchas de hoy pueden nutrirse de la experiencia de clase del pasado.

La combatividad de la clase mana irresistiblemente, explosiva en determinados momentos, de su propio trasfondo histórico. Se cristaliza en hechos que sólo después son pensados por ella y le dan base y energía para ulteriores avances. Procede pues, en los hechos como en la consciencia, por saltos en el desarrollo, la continuidad de cuyo discontinuo ha de asegurarla su sector deliberadamente revolucionario. La propia victoria decisiva será para la mayoría de la clase una realización antes que una intención consumada. No en balde es la clase revolucionaria forjada por la historia a despecho de la opresión y el dirigismo intelectual que acompañan su vida cotidiana. Por lo mismo, en los núcleos obreros revolucionarios recae, mucho más que hace 150 años, un cometido en fin de cuentas determinante

Consciencia revolucionaria y clase para sí, 1976

Las luchas no se planean, «explotan», la única «acumulación» posible se produce en las minorías políticamente organizadas, solo a través suya las luchas de hoy pueden nutrirse de la experiencia de clase del pasado.
Trabajadores de los astilleros Lenin marchan durante la huelga de masas de 1980 en Gdansk, Polonia.

Estamos muy lejos de la idea del partido como «fuerza dirigente», como un estado mayor que señala desde las alturas del conocimiento histórico el rumbo a seguir a una clase cuya necesidad solo encuentra cauce cuando acepta el papel de ejército obediente. Las organizaciones políticas ni crean la combatividad ni decretan el comienzo de las luchas. Estas «estallan», explotan sorprendiendo casi siempre a los revolucionarios. Cuando esto ocurre, la clase se plantea problemas concretos en el curso de la lucha para sacarla adelante. Ahí es donde los revolucionarios deben convertir lo aprendido de la experiencia histórica en propuestas concretas que satisfagan esas necesidades. Al hacerlo, será la nueva situación la que permita la extensión y la profundización de la consciencia. La mayoría de la clase siempre irá a la zaga de sus propias realizaciones en el curso de la lucha, igual que el programa de clase solo puede ir a la zaga de la experiencia histórica.

Lo que la clase obrera en su conjunto, o uno de sus sectores, piensa de cualquier lucha en juego, se queda muy por debajo de lo que la lucha misma realiza o podría realizar. El contenido latente rebasa con creces el contenido aparente. Sólo cuando el primero adquiere cuerpo aparece la consciencia revolucionaria del hecho mismo consciencia concreta, no teorizada por la clase, pero si conversión de la teoría revolucionaria en realización, o nueva condensación de la experiencia en teoría. Así ha ocurrido invariablemente desde 1848 y la Comuna de París hasta la revolución española. Resulta por consecuencia imposible trazar un plan, siquiera muy aproximativo de desarrollo de la consciencia revolucionaria. Es el número de obreros conscientes dentro de la clase el que sí puede y debe aumentar y esa es incumbencia principalísima de los revolucionarios organizados. La consciencia de la clase obrera entera irá abriéndose camino en la medida en que los avatares de la lucha, que no dejarán de presentarse, la lleven a destrozar en la práctica las nociones que el capitalismo le inculca y las cadenas que las organizaciones políticas y sindicales del mismo le tienen echadas encima. Llegada esa tesitura, la concepción revolucionaria concreta, puesta en línea de combate por minorías de la clase, desempeñara un papel catalizador importantísimo. No gracias a cualquier planteamiento progresivo, sino al contrario, por su aptitud para favorecer y llevar al máximo esas situaciones bruscas.

Consciencia revolucionaria y clase para sí, 1976

La mayoría de la clase siempre irá a la zaga de sus propias realizaciones en el curso de la lucha, igual que el programa de clase solo puede ir a la zaga de la experiencia histórica.
El VI congreso del Partido Bolchevique, durante las jornadas de julio de 1917, trajo la fusión con el grupo interdistritos del POSDR y el comienzo de la masificación del partido que pronto cambiaría el nombre a «Partido Comunista».

El papel de las minorías que en el proceso histórico y a caballo de la lucha de clases se convertirán en partido es pues el de «catalizador» de los procesos de lucha que son, ante todo y necesariamente, procesos de desarrollo y extensión masiva de la consciencia… pues si no lo fueran colapsarían en insolvencia y derrota. Eso significa que la principal responsabilidad de los grupos militantes es «sacar adelante» las luchas.

Postular la revolución comunista, incluso flanqueada por la abolición del trabajo asalariado, no pasa de ser noción borrosa, aún suponiéndola –esperanza vana en el mundo presente– compartida por la mayoría. Porque la eliminación del salariato en cuanto objetivo directo una vez arrancado el poder al capital, está lejos de ser un acto único, cual la abolición de las leyes del mismo o el desmantelamiento de su armatoste estatal. Se descompone o subdivide en una serie de medidas, de cuyos efectos inmediatos y mediatos resultará la dicha eliminación, estructura social básica de la sociedad comunista. Las principales medidas, las más transcendentes se desprenden de la situación actual de la clase, de sus posibilidades máximas en contraste con un capitalismo apabullador y decadente, ya sin derecho a la existencia. ¿Donde, en qué sino en la formulación y defensa de las mismas cerca del proletariado puede aparecer la consciencia de una organización revolucionaria? Se condenan al bullicio inocuo, cuando no al charlatanismo, las tendencias que rehuyen hacerlo, cualquiera sea su cuantía numérica.

Consciencia revolucionaria y clase para sí, 1976

El papel de las minorías políticas de clase pasa necesariamente por ser útiles a las luchas y esto significa aportarles objetivos concretos conforme se desarrollan, no solo difundir anticapitalismo
Jornada de lucha y manifestación de ferroviarios y trabajadores públicos en Francia.

Ese «sacar adelante» no significa más que aportarles dirección, orientación en forma de reivindicaciones que permitan escalar la confrontación de la empresa o el sector a la clase, de lo concreto a lo político, de la necesidad precisa a las necesidades universales. No, no se trata de volver al famoso «programa mínimo» de la IIª Internacional, se trata de ser una parte activa en las confrontaciones de clase, planteando reivindicaciones que permitan extender las luchas y unirlas sobre plataformas que expresen el estado actual de desarrollo capitalista y enfrentan sus contradicciones, no para paliarlas, arreglarlas dentro del sistema, y menos aun para hacer cargo de ellas a los trabajadores, sino para comenzar en el propio proceso el desmontaje del sistema mercantil. Reivindicaciones que van desde la reducción de jornada a la gratuidad universal de los consumos básicos, son «transicionales» pues hacen la transición de la reivindicación «defensiva» a la ofensiva política de clase.

El programa mínimo de finales y principios de siglo estaba intencionalmente limitado en el seno del capitalismo, al aguardo de condiciones para acometer el programa máximo de la revolución. El Programa de Transición fundamento de la IV Internacional, quería fundir en uno sólo el máximo y el mínimo, pasando por la nacionalización, error cuyo origen se encuentra en Marx y Engels, aunque todavía sin las implicaciones reaccionarias después reveladas. […] Las tareas de nuestra época jalonan sin discontinuidad el acceso del proletariado a clase dominante y su propia desaparición, con las demás clases en la sociedad comunista. El impulso combativo del proletariado provendrá de reclamaciones que lo pongan en situación de no tener en lo sucesivo necesidad de reclamar nada, porque dispondrá de todo. Hay que hacer palpable la inmediatez de esa posibilidad para que la consciencia de la clase que insurja por la revolución y del mismo golpe haga saltar en añicos los aparatos políticos-sindicales que la estrangulan.

Consciencia revolucionaria y clase para sí, 1976

La organización debe aportar a la elaboración de reivindicaciones que permitan extender las luchas y unirlas desarrollando su potencial para el desmontaje del sistema mercantil.

En resumen…

Las tareas de las organizaciones políticas de clase derivan de cómo se desarrolla la consciencia de clase. Por la propia naturaleza de la clase, ésta solo es acumulativa en las minorías militantes que deben hacer de puente de lo aprendido entre unas y otras luchas y oleadas. Pero ese «servir de puente» no se consigue desde el proselitismo ni siquiera limitándose a una reflexión de carácter general. La forma de sintetizar el programa en cada momento de la lucha es la propuesta de consignas que permitan a la clase avanzar y plantear la lucha en un nivel superior. Ese tipo de plataformas se mantiene incluso durante el socialismo, cundo la consciencia se desarrolla y convierte en acción para desmercantilizar de forma efectiva la sociedad.

 

1 referencia

.

Sígueme en Feedly