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China llegó a Europa para quedarse

19 de marzo, 2020 · Actualidad> Europa

En los noticiarios de radio y televisión de España e Italia los diplomáticos chinos son las nuevas estrellas. Conforme la relación de China con EEUU se deteriora más y más, más cerca se sitúa Xi de Sánchez y Conte, con los que habla en línea directa y a los que garantiza una ayuda superior a la que se ha comprometido a dar a la UE en conjunto. Si hace un año constatábamos como Europa se había convertido en un bocado en disputa entre China y EEUU, ahora la situación comienza a decantarse.

Alemania y Francia muestran el espíritu de su imperialismo dentro de Europa

El punto de arranque fue el pedido de socorro de Italia, la ausencia de respuesta de la Bruselas y la reacción de Alemania y Francia: cerrar fronteras y exportaciones de mascarillas, respiradores y material médico. Las mascarillas se convirtieron en el símbolo de una Europa cuyas clases dirigentes eran incapaces de transformar las cadenas productivas más simples -las mascarillas no son ningún prodigio tecnológico- en mitad de una emergencia. Pero también -y no es menos importante- del carácter rapiñero sin ambages de la hegemonía alemana sobre Europa y de que, a la hora de la verdad, Francia, lejos de ejercer de «contrapoder al Sur», se convierte en el eco de las peores barrabasadas merkelianas.

El socorro chino

Migrantes chinos llevan mascarillas, gel y gafas plásticas a hospitales y comisarías de toda España.

China vio su oportunidad inmediatamente. Fue el primer país en acudir en socorro de Italia con materiales, expertos y «los resultados del trabajo de millares de médicos». Si en las guerras imperialistas la primera forma de intervención son los asesores militares y los médicos de campaña, ahora lo son los logistas y los virólogos.

España, en cuanto la propagación comenzó a estallar vio que poco podía esperar de la UE y se puso a la cola de Italia. «Necesitamos ayuda urgentemente y la propaganda china nos da igual» declaraba una fuente del Ministerio de Exteriores español. La embajada china en Madrid comenzó a movilizar inmediatamente a los migrantes chinos en toda España para llevar materiales y mascarillas traídos previamente por valija diplomática a los hospitales. Tras los envíos a Italia y España, la ayuda china se está ampliando a Francia, Grecia y Serbia.

Vestir el imperialismo de paternalismo solidario

Merkel y su ministro de Sanidad presentando como una fatalidad que entre el 60 y el 70% de la población alemana sufran la neumonía de Wuhan.

No solo es una demostración del poder chino para movilizar recursos incluso con aviones y fronteras cerradas. Xi quiere mostrar a los países europeos que la ayuda es parte de una política de estado capaz de movilizar hasta al mismísimo Jack Ma, para que pague de su bolsillo 500 mil kits para diagnóstico de coronavirus y 1 millon de mascarillas a los países más afectados: EE.UU -que, cuando Ma se involucró, todavía negaba serlo-, Japón, Corea del Sur, Irán, Italia y España.

China se proyectaba además como el socio fiable que está a las duras y las maduras y que ayuda incluso a sus rivales directos. Frente a la criminal «dejar pasar» de las potencias anglosajonas y Alemania ante la propagación y los tics rapiñeros del imperialismo franco-alemán, China estrena una máscara paternalista para sus ambiciones imperialistas globales. Ha entendido que la epidemia le da la oportunidad de presentarse como la potencia del bienestar, capaz de construir hospitales en una semana, sacrificar una parte de su éxito económico por su población y, en el peor contexto, reservar recursos para socorrer al resto del mundo.

Mucho más que relaciones públicas

Caricatura griega sobre el uso masivo de esquiroles por la empresa china que gobierna los puertos de Algeciras y el Pireo.

Cuando Di Maio declaró que «muchos países suspenden los vuelos y los contactos con Italia, nos acordaremos de todos los que han estado a nuestro lado en este momento y lo tendremos bien presente en el futuro», Xi se anotó su primer tanto importante. Pero lo que está en juego es mucho más que una simple cuestión de «imagen país» y relaciones públicas. Mucho más incluso que los contratos de Huawei para la red 5G. China lleva tiempo jugando a controlar y capitalizar las infraestructuras clave del eje mediterráneo, desde la entrada ferroviaria en los Balcanes que desemboca en el Pireo, hasta Trieste y Algeciras, todos puertos son gestionados por Cosco. Y siguiendo hacia el Atlántico, la empresa china gestiona los nodos marítimos más importantes de Portugal además de las bases de lanzamiento de pequeños satélites chinos en Azores que tanto molestaron a EEUU.

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Por mucho que la diplomacia asiática asegurara que su expansión en el Este y Centro de Europa no buscaba socavar a la UE China encontró pronto la oposición de Alemania y Francia. Alemania era especialmente sensible porque por un lado perdía la ventaja tecnológica en industrias clave frente China y por otro veía ocupado su «patio trasero». En 2018 el capital chino representaba ya más del 60% de la inversión extranjera en Portugal y el segundo socio más importante de Grecia, complicando aun más las cosas a un imperialismo alemán cada vez más estancado. La respuesta fue contundente: Alemania y Francia utilizaron la UE para poner en marcha políticas defensivas que hicieron caer un 40% la inversión China en 2018.

Sin embargo China arraigaba en el Este y el Sur del mapa europeo y el nuevo mapa imperialista que entonces comenzaba a delinearse era cada vez menos un juego a tres (Europa-China-EEUU). La UE se fragmentaba, Alemania y Francia eran incapaces de mantener una estrategia común y Europa pasaba a ser el tablero de juego de una batalla de fondo entre China y EEUU que iba mucho más allá de la guerra comercial.

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Cambio de juego

Xi en Moncloa

Hoy por hoy los capitales nacionales europeos tienen miedo de que la caída a peso de las cotizaciones bursátiles de sus campeones nacionales permita a fondos buitre estadounidenses -pero también chinos- comprar a derribo sus «campeones nacionales». Por eso Sánchez prometió impedir directamente las compras por capitales no europeos en su plan de emergencia. Las dos grandes potencias UE van más allá: temen sencillamente que quiebren o pierdan posición competitiva en un grado tal que no puedan recuperarse. Por eso los ministros de economía alemán y francés han sacado a paseo de nuevo las nacionalizaciones. Como aseguró Bruno Le Maire, ministro de Economía de Macron, «Francia está inmersa en una guerra económica y financiera que será larga y violenta».

La cuestión es que la epidemia no solo puede cambiar el lugar competitivo y el acceso a mercados de los grandes capitales europeos. También va a cambiar la correlación de fuerzas dentro de la UE. A día de hoy es dudoso que Italia, Portugal, España, e incluso Grecia apoyaran de nuevo la aprobación de «medidas defensivas» frente a China desde Bruselas. En unas semanas, cuando la crisis sanitaria y la económica exacerben aun más los brutales instintos de la burguesía alemana, es más que posible que Alemania y Francia, y no China, sean los que estén en una posición incómoda en el mapa imperialista europeo.