Diario de Emancipación

¿Cerrará EEUU su frontera con México?

2 de enero, 2019 · Actualidad> Américas> México

Soldados estadounidenses despliegan alambre de espino en la frontera entre EEUU y México.

El triunfo de AMLO en las presidenciales de 2018 marcó un cambio de rumbo en la orientación y el discurso de la burguesía mexicana. Meses después las tensiones con EEUU son mayores que nunca y ni siquiera puede descartarse un cierre de fronteras. En la interna, las primeras «realizaciones» del gobierno pasan por el llamado a la rentabilidad y la militarización de la sociedad y el estado.

AMLO celebra su triunfo electoral en el Zócalo.

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Entre el triunfo electoral y la toma de posesión tocaba, cuando menos, guardar las apariencias. El referendum sobre aeropuerto de México, ejemplo de una vieja práctica de corrupciones y megalomanía, sirvió para mantener el «espíritu» hasta el 1 de diciembre. Toda la prensa internacional dudaba de que el previsible «no» de las papeletas se materializara finalmente en un cierre de las obras. Pero así fue. AMLO mostraba a la patronal mexicana, que había dado por imposible la cancelación del proyecto, que venía con fuerza y capacidad de imponerse sobre ella. ¿O no? La verdad es que en ese momento, el corazón de la vieja burguesía mexicana rodeaba ya a AMLO. Incluso el capital español, más temeroso que ninguno de cualquier cambio, mientras entonaba el «amigos para siempre» a Peña Nieto, sacaba al «gallo azteca» un abuelo migrante y colocaba sus piezas alrededor del nuevo presidente.

A pesar del show ejemplificador del aeropuerto, cuando AMLO toma posesión, los sectores decisivos de la burguesía mexicana y las finanzas ya lo escoltan abiertamente en todo momento.
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Eso no quiere decir que baje la retórica. Retórica cardenista, por supuesto, reminiscente de la vieja mentira de las nacionalizaciones petroleras. El presidente:

No exagero. Es algo parecido a lo que tuvo que hacerse en 1938. Es un nuevo rescate de Petróleos Mexicanos

AMLO con retratos de Madero y Lázaro Cárdenas tras de sí.

Y hay que reconocer cierta sinceridad: como en los treinta se trata de bajar costes y aumentar producción metiendo al ejército en las plantas para reprimir mejor no solo los robos de combustible, bien organizados por el propio aparato de la burguesía de estado sino, sobre todo, cualquier eventual brote de contestación. Una parte nada anecdótica del primer elemento articulador de la nueva orientación del poder: militarizar la sociedad y el aparato del estado de arriba a abajo. En un movimiento característico de los estados que están al borde del colapso, se trata de modificar la constitución para dar más poderes a las fuerzas armadas, militarizar la seguridad pública y… convertir al ejército en la «constructora» del estado, comenzando por… el famoso nuevo aeropuerto.

La militarización de PEMEX es instrumental a la reducción de costes y el aumento de la producción, pero también parte de una militarización general del aparato del estado y la sociedad.

Caravana migrante

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En un movimiento de «rearme» del capital nacional alrededor del estado y a todos los niveles, la relación con EEUU, destino del 90% de sus exportaciones, no podía quedar al margen. Sobre todo tras sustituirse el TCLAN por el T-MEC firmado durante el G20 como último acto de gobierno de Peña Nieto.

Maquiladora en el Norte de México.

La estrategia de AMLO ha sido intentar involucrar a Trump en una reordenación de Centroamérica que, recibiendo capitales estadounidenses frene los flujos migratorios hacia EEUU y coloque a México como «tutor» y gendarme de la región, un «win-win» imperialista que sin embargo ha chocado una y otra vez con el núcleo del proteccionismo Trumpista. López Obrador comenzó proponiendo un «Plan Marshall» para Centroamérica en un intento de sacar partido de las caravanas de migrantes… que obtuvo como respuesta una amenaza de cierre de fronteras. Intentó vender luego el proyecto como una forma de frenar la penetración china. Tuvo un poco más de eco: la promesa de un fondo de inversión de 5.000 millones de dólares. Pero, atascado en el choque con su propio congreso por la construcción del muro fronterizo volvió a la exigencia de que «México pague el muro» amenazando de nuevo con un cierre de fronteras. De fondo, en realidad, una vez más la incompatibilidad entre los objetivos estadounidenses, repatriar la producción y los del capital mexicano: AMLO ha intentado suavizar el golpe convirtiendo buena parte del Norte en una zona especial con impuestos mínimos para evitar la marcha de maquilas, plantas transformadoras y capitales… Justo lo contrario del objetivo estratégico trumpista. De ahí la amenaza no solo de cierre de fronteras, sino de vuelta a los tiempos pre-globalización. Trump no podía ser más claro:

EEUU pierde tanto dinero en el comercio con México bajo el TLCAN, más de 75 mil millones de dólares al año (sin incluir el dinero proveniente de las drogas, que sería muchas veces más que esa cantidad), por lo que consideraría el cierre de la frontera sur como una operación de lucro. Construir un muro o … el cierre de la frontera sur. Traer nuestra industria automotriz de regreso a EU donde pertenece. Regresar al preTLCAN, antes de que muchas de nuestras empresas y empleos fueran enviados tan tontamente a México. O construimos (terminamos) el Muro o cerramos la frontera.

El capital mexicano se ofrece para parar los flujos migratorios pero sus intereses estratégicos y los del proteccionismo estadounidense son opuestos. El problema es si el capital se repatría o no a EEUU, no el muro.

Fábrica de la industria automotriz en Querétaro, México.

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Visto desde el proteccionismo trumpista México está enfrente desde todos los ángulos posibles: el flujo migratorio centroamericano, la repatriación de capitales e industrias hacia el interior del país y la guerra comercial con Europa de momento en treguasolo de momento. Así que es muy probable que durante 2019 las tensiones y tiras y aflojas entre EEUU y México se agraven. Entre otras cosas porque la única estrategia posible de AMLO para ganar algún valor extra frente a EEUU, es intentar ganar peso regional más allá de Centroamérica. Su única opción evidente a corto: jugar a mediador frente al régimen venezolano, útil en la interna frente al nacionalismo de izquierdas, pero peligrosísima en un contexto de rivalidades imperialistas cada vez más abiertas.

Las tensiones entre México y EEUU solo pueden crecer. La única opción a la mano del capital mexicano para ganar peso frente a EEUU es involucrarse en el creciente choque interimperialista en Sudamérica y el Caribe
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