Capital financiero y capital industrial: un matrimonio muy dinamico

En las ferias medievales los cambistas se sentaban en «bancos» en la calle. Sus márgenes se prestaban como usura a los mismos comerciantes. Es el nacimiento de la banca burguesa.
Cuando hablamos de «capitalismo» nos referimos a un modo de organización social y productiva muy reciente organizado por la burguesía, sin embargo, el capital como relación social y proceso existe desde mucho antes. Puesto de la forma mas sencilla, el capital consiste en la siguiente relacion: D -> D’ donde D es una suma inicial de dinero y D’ una suma final mas elevada que la inicial. El capital es dinero que «crece por si mismo».

Una de las formas mas antiguas del capital -y la mas sencilla de comprender- es el capital usurero, los prestamos con interés (como veremos, esta relacion acabara transformándose en capital fianciero). En este caso, alguien que posee capital en forma de dinero D lo presta a otra persona que lo pagara de vuelta con un incremento en forma de interés (D’). Por su parte, el capital industrial tambien «crece por si mismo» desde el punto de vista del capitalista, pero con mas etapas interpuestas entre el dinero inicial y final: D -> M -> D’ donde M es la mercancia producida por la industria y que debe venderse para obtener un incremento de dinero final D’.

Desde el inicio del capitalismo industrial ambos capitales se han necesitado recíprocamente. El capital usurero acoplándose a la producción industrial para beneficiarse del incremento productivo y el capital industrial dependiendo del usurero para obtener liquidez y financiar nuevos proyectos para el desarrollo productivo. Sin embargo, esta relación aparentemente sencilla se ira entrelazando y complicando a lo largo del desarrollo del capitalismo y sus fases.

El capital industrial, «productivo» y el capital financiero, especulativo o usurero, se han necesitado mutuamente desde los orígenes medievales del capitalismo

La metamorfosis histórica del capital financiero

En mayo de 1893 se inaugura la Bolsa de Madrid en la Plaza de la Lealtad.
Como describe Marx en «La lucha de Clases en Francia», los capitalistas financieros y industriales franceses estaban inicialmente divididos en bandos enfrentados durante la Restauración francesa, con la aristocracia financiera cercana al estado controlando los prestamos, con tasas de usura, al creciente capitalismo industrial y al estado. Esta situación continuara durante el Segundo Imperio con Napoleón III abusando de prestamos para financiar su aventurismo político.

Sin embargo, un nuevo proceso se esta desarrollando dentro de la propia esfera de la producción industrial, los capitalistas industriales empiezan a intercambiar «credito industrial» entre ellos independientemente de la aristocracia usurera. Este proceso se desarrolla durante la segunda mitad del siglo XIX con el capitalismo industrial en plena expansión, es la era de la acumulación de grandes fortunas monetarias por parte de algunos industriales y la creación de bancos para facilitar la inversión de cantidades cada vez mayores de capital para los nuevos proyectos industriales a gran escala,

La figura del financiero como «robber baron» quedó en la mitología política norteamericana.
Sin embargo, a partir de los años noventa del siglo XIX, la tasa de ganancia del capitalismo industrial empieza a tocar fondo y las crisis a gran escala acechan. El capitalismo ha cambiado desde la libre competencia de la década de los cincuenta, la acumulación ha creado grandes empresas y bancos que necesitan captar cantidades ingentes de dinero para invertir. Paralela a esta transformación ocurre otra en el modo de administración y propiedad de las empresas capitalistas. Para financiarse, la propiedad de las empresas se divide en cantidad de acciones que se intercambian y circulan en bolsa. Esto permite teóricamente que gran cantidad de accionistas potenciales puedan invertir para captar mejor la liquidez que empieza a faltar en la economía. Sin embargo y debido a la acumulación capitalista, lo que acaba pasando es que los accionistas de las empresas mas grandes acaban comprando la mayoría de las acciones de otras empresas mas pequeñas, lo que lleva a fusiones cada vez mas grandes entre trusts y bancos que se vuelven enormes y dominan política y mercado. Ha llegado la era del imperialismo: incapaz de encontrar nuevos mercados no capitalistas que parasitar, ni concentrando el cada vez mas escaso capital circulante en pocas manos se consigue evitar el primer gran desastre financiero en 1895-96. La última gran expansión del mercado mundial, la africana, tendrá corto vuelo.

A finales del siglo XIX el capitalismo ha extendido el mercado mundial ya por casi todo el mundo. La tasa de ganancia del capital baja, los capitales se concentran brutalmente y se entra en una era de guerras imperialistas

El presidente Roosevelt inaugura la presa Hoover, la mayor del mundo en su momento, símbolo de cómo la concentración de capitales financieros bajo la dirección del estado prometía crear nuevas aplicaciones productivas a un capital cada vez más destructivo.
Ya en el nuevo siglo, la crisis financiera y productiva conllevara una cascada de guerra comercial que acaba en una brutal guerra mundial. La oleada revolucionaria mundial que comienza en Rusia, detiene la guerra, pero no consiguen derrotar finalmente el capitalismo. El ciclo de acumulación se retoma, la concentración prosigue ahora con la participación del estado. La organización del capital muta adoptando lo que durante la guerra había sido una concentración «in extremis» para reducir los costes de la anarquía capitalista. Estamos ya en el «capitalismo de estado», con toda la maquinaria estatal articulando y forzando a las distintas fracciones del poder, ya muy concentrado en monopolios y bancos, a someterse a los intereses generales de la acumulación. La tendencia se multiplica cuando en 1929 se llega a una nueva crisis aun más destructiva. Vuelve la guerra comercial y, sobre la derrota de los trabajadores, el capitalismo marcha de nuevo a una guerra mundial todavía más destructiva. La reconstrucción, destrucción de competidores y de capital fijo que trajeron crisis y guerra conseguirán relanzar el capitalismo industrial durante la posguerra. Se presenta un nuevo modelo «racional», «keynesiano», que teóricamente debe solucionar los problemas previos del capitalismo pre-1929. El capitalismo de estado ofrecerá regulación financiera, monetaria y un ajuste del salario a la productividad como «pacto entre trabajadores y capitalistas» que supuestamente habría de ser capaz de resolver los fallos de la máquina económica.

La tasa de ganancia vuelve a tocar suelo al final de los años setenta. La respuesta a esta crisis aun marca el estado del capitalismo hoy en día.

En la nueva era abierta por las guerras mundiales el capital se funde con el estado y las tasas de ganancia del capital se recuperan solo durante la reconstrucción postbélica

Crisis capitalista prolongada y nueva transformacion de la relacion industria/finanza

En agosto de 1971 Nixon acaba con la convertividad del dólar para asegurar una porcion mayor de la plusvalía global a un capital americano con cada vez menores tasas de ganancia tras la reconstrucción postbélica.
En Estados Unidos se empieza a transformar el sistema financiero y su relación con el capital productivo en los años setenta y ochenta. Donde a principios del siglo XX había bancos salidos del capitalismo pujante del siglo XIX ahora se sustituyen por los fondos de pensiones privados. Esta enorme cantidad de capital, originalmente parte del famoso «pacto entre trabajadores y capitalistas» y luego privatizada, se encuentra como activos en la bolsa y puede ser usada para reinvertir en la industria productiva por parte de los inversores privados. ¿Quiénes son estos inversores privados? En gran parte se trata otra vez de enormes conglomerados formados por fusiones entre grandes empresas, muchas de ellas originalmente sin relación alguna con las finanzas. Vemos entre ellos incluso a grandes cadenas de supermercados abriendo secciones financieras.

Estos conglomerados usan sus enormes cantidades de activos y capital para obtener mayores beneficios invirtiendo en otras empresas. En los años ochenta se cambiaron las reglas de la «corporate governance» para que los grandes fondos de inversión pudieran controlar mas directamente la actividad económica de las empresas a las que prestan capital o activos financieros. Se normalizo el «EVA» («Economic Value Added») como criterio, esto asegura un mínimo de beneficios a los inversores a expensas de trabajadores y empresa, tensión en la que siempre pierden los trabajadores que acostumbran a ser despedidos o a ver sus salarios rebajados para que las empresas puedan cumplir con el EVA para los inversores. El sistema será adoptado por Francia y otros a partir de los años noventa.

El capital carece de destinos productivos rentables y se dedica a especular y apostar sobre la economía productiva. Este capital ficticio triplica ya al productivo

Evolución histórica de la tasa de ganancia global.
Todo esto refleja la situación de un capitalismo extenuado donde la tasa de ganancia es tan baja que los conglomerados industriales mas grandes se dedican a la extorsión financiera en lugar de la producción para obtener un incremento de capital cada vez mas reducido. No teniendo donde colocarse en la producción -dado que hay una carencia crónica de demanda efectiva- el capital se dedica a apostar sobre el resultado del sector productivo por encima incluso de lo que este sector «vale»: este capital ficticio -que en vez de invertirse «apuesta» a través de la especulación- es ya hoy tres veces mayor que el capital empleado en la producción. Incluso el «casino» se queda pequeño y, para mantener el capital financiero vivo, se emiten activos financieros que hipotecan la producción futura… cada vez mas lejos en el tiempo. Hasta qué punto el futuro en el que se cifran es insostenible para el capital se materializa en que la tasa de ganancia a tan largo plazo ¡es prácticamente nula!

Cuando quede clara la insolvencia de la enorme masa de capital ficticio en activos financieros, el sistema financiero estará, de nuevo, en serio peligro de hundimiento…

La insolvencia real de la enorme masa de capitales ficticios proyectados hacia futuros cada vez más lejanos con tasas de ganancia menores, vaticina un nuevo hundimiento del sistema financiero
 
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