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Caída del petróleo

21 de abril, 2020 · Actualidad> Actualidad global

Campo petrolero en la Argentina.

En teoría la bajada de precios del petróleo debería ser una buena noticia porque reduciría los costes de producción aumentando el poder de compra de los salarios. Y sin embargo, las bolsas se llevan a las petroleras por delante después de que el cierre de los contratos de mayo acabara en precios negativos, es decir, se pagaba dinero a quien se hiciera cargo del petróleo comprado anteriormente, algo que no había pasado nunca hasta ahora.

El precio de referencia del petróleo crudo en los Estados Unidos cayó a -37.63$. Eso significa que si hubieras estado en condiciones de recibir 1.000 barriles de petróleo [=5 camiones cisterna], la cantidad mínima en el contrato de futuros, en Cushing, Oklahoma, durante el mes de mayo, podrías haber recibido 37.630$ por hacerlo.

¿Por qué cae tanto el petróleo que te pagan por hacerte cargo de él?

Tanques y oleoductos en Cushing, Oklahoma, una de las reservas nacionales de EEUU.

En primer lugar resulta obvio que la iniciativa de Trump de consensuar una reducción de la producción mundial con Rusia y Arabia Saudí, se ha quedado corta. A día de hoy las petroleras están extrayendo por debajo de coste, aguantando solo para no afrontar el coste de clausura de los pozos. Los países petroleros, desde Arabia Saudí a Rusia, ven sus cuentas públicas en un desequilibrio brutal al habérseles reducido a menos de una cuarta parte los ingresos. Las reservas nacionales están llenas con lo que los estados apenas pueden aumentar las compras y los superpetroleros se han convertido en macro-depósitos flotantes en los que guardar la producción en tanto se recupera la demanda. La industria, no solo la de extracción, toda ella frágil hace mucho por la financiarización empieza a ver ya las primeras quiebras importantes.

De fondo, cómo no, está el parón de actividad. Los stocks, y no solo de petróleo, se acumulan, los costes de almacenaje crecen y las empresas bajan sus precios. Pero ni siquiera a un precio menor encuentran mercado, así que las empresas comienzan a despedir… y la demanda cae aun más, no solo por los parados no tienen con qué consumir sino porque los que siguen trabajando retraen los gastos cuanto pueden por si las cosas empeoran. Así que las empresas bajan aun más los precios, poniendo en marcha una espiral en la que el desempleo crece y los precios bajan mientras los stocks sin vender se acumulan. Es el desarrollo deflacionario típico de cualquier crisis. Por supuesto la sobre-producción es solo aparente: las necesidades sociales siguen ahí, pero los mecanismos de mercado no sirven para satisfacerlas. Lo que la caída de los precios del mercado de futuros está diciendo es que los especuladores no creen que la demanda vaya a rehacerse lo suficiente en los próximos meses como para absorber todos esos stocks que hoy esperan en un almacén. Porque no es solo el petróleo, los precios futuros del maíz en EEUU han caído un 19% por ciento desde principios de febrero.

¿Por qué en el petróleo se ha notado más?

El paso del siglo XX al XXI aumentó el nivel del conflicto imperialista. Las principales zonas productoras se convirtieron en el foco de todas las tensiones entre potencias mundiales y regionales. Cuando no en guerras «eternas». El mapa de gasoductos marcó el camino de expansión de la guerra y la llevó hasta Ucrania, a las puertas mismas de Alemania. Las principales potencias empezaron a constatar que la dependencia petrolera fragilizaba de modo drástico a sus capitales nacionales. Las principales burguesías europeas empezaron a soñar con alternativas y dar forma al «pacto verde», una salida compleja porque significaba acuerdos internacionales difíciles y, de ponerse en marcha, una dependencia temporal aun mayor de Rusia pero que prometía también una transferencia masiva de rentas hacia el capital.

En EEUU, aunque la perspectiva del «green new deal» estuvo muy presente como deseo de futuro hasta la llegada de Trump, la industria petrolera, fundida desde hace más de un siglo con bancos y fondos de inversión, forma una parte muy relevante del corazón del capital nacional. La apuesta de EEUU desde los años Bush fue ayudar a la industria a multiplicar su productividad para hacer a EEUU independiente energéticamente. Fueron los años en que se desarrolló la extracción de bituminosas y esquisto, la técnica del fracking, los oleoductos de Alaska… Con tanto éxito que EEUU pasó a ser un exportador neto. El sector petrolero se reforzó políticamente al emplear a más trabajadores. Y EEUU se convirtió en una de las potencias más reticentes al «pacto verde».

La cuestión es que las capacidades extractivas de EEUU son rentables en un intervalo de precios que, aunque inferior al de las energías renovables, es mucho más alto que el del petróleo ligero de las zonas productoras. Mientras la demanda global fue suficiente como para mantener los precios en cierta franja todo marchó bien. Al caer, el resultado negativo para el capital invertido en la industria petrolera norteamericana se amplifica exponencialmente a toda la inversión extra recibida para producir hidrocarburos donde más caro y difícil resultaba hacerlo.

La caída de precios del confinamiento ha dejado en evidencia la irracionalidad y la ineficiencia de una división internacional del trabajo condicionada al extremo por el imperialismo, magnificando el impacto industrial del shock deflacionario sobre una industria tan gigantesca como fragilizada.