Brexit: el estancamiento de una potencia decadente

El gobierno May con las siluetas coloreadas de sus «caídos».
En menos de 24 horas han dimitido dos ministros británicos: el del Brexit, David Davis, y el de Exteriores, Boris Johnson. «Gran Bretaña se encamina hacia el estatus de colonia», aseguraba Johnson mostrando su profundo rechazo al «acuerdo» de propuesta británica en las negociaciones con la UE aprobado por el gabinete de May en su reunión de Chequers. Según el calendario pactado con Bruselas, quedan solo nueve meses de negociaciones. Si no hay un acuerdo antes, el «Brexit duro» será -en teoría- una realidad1. Las dimisiones de Davis y Johnson difícilmente pueden resultar sorprendentes. El Brexit ha fracturado a la burguesía británica hasta llegar a convertir los debates gubernamentales en la representación obscena de una pelea de bandas. Se habla ya de una moción de censura a May dentro del partido conservador. ¿Pero qué hay debajo? ¿Cómo se ha llegado hasta aquí?

El #Brexit ha fracturado a la burguesía británica hasta llegar a convertir los debates gubernamentales en la representación obscena de una pelea de bandas. ¿Pero qué hay debajo? ¿Cómo se ha llegado hasta aquí?
Cameron durante la campaña del Brexit.
1

El resultado del referendum del Brexit fue la primera expresión «exitosa» en uno de los países centrales de la deriva centrífuga e identitarista de la pequeña burguesía. Alimentada por el propio estado y el juego del entonces primer ministro Cameron. Cameron jugó con fuego, derivando hacia la UE y la fantasmal amenaza de la llegada de una oleada de trabajadores del Este, los problemas internos de cohesión social generados por el ataque a las condiciones de vida de los trabajadores: destrozo del sistema nacional de salud, precarización salvaje vía «contratos de cero horas», descomposición de sectores sociales enteros... La idea de Cameron era «colocar el enemigo fuera», negociar la recuperación de las fronteras con Bruselas y desarticular de paso a la minoría ultranacionalista dentro de su propio partido. La jugada le salió «tan bien» que el viejo espíritu xenófobo y chovinista de las clases medias zaheridas por la crisis se infló. Y el referendum colocó a una facción minoritaria de la burguesía británica en una posición de veto dentro de un gobierno, el de May, cuya principal función era «salvar los trastos» del capital financiero en un marco, ya de principio, adverso.

El referendum colocó a una facción minoritaria de la burguesía británica en una posición de veto dentro de un gobierno dedicado a «salvar los trastos» del capital financiero en el #Brexit.
«City» de Londres, centro financiero con leyes, tribunales y administración autónomas propias.
2

El resultado ha sido la parálisis política de la burguesía británica, pinzada entre sus propias disensiones internas y una presión imperialista creciente. Ni el viejo imperio, ni un eventual acuerdo de libre comercio con EEUU son alternativas realistas al acceso al mercado continental europeo. En el marco de una guerra comercial global, que se traduce en Gran Bretaña en el crecimiento más débil desde 2009, el declive económico -irremediable con o sin Brexit- de la potencia isleña se hace evidente: Alemania y Francia aumentan a costa de la City su capacidad para atraer al capital financiero e incluso pequeños roces imperialistas como el «asunto Skripal» muestran la creciente soledad internacional de la burguesía británica.

Sin alternativa realista a los mercados de la UE, la burguesía británica está pinzada entre sus propias disensiones internas y una presión exterior acrecentada por la guerra comercial.
Leo Varadkar, primer ministro irlandés.
3

En la pelea de hienas que es el juego imperialista global, hasta la miserable burguesía irlandesa ha visto su oportunidad para exigir una libra de carne del viejo colonizador, amenazando cada vez menos veladamente con una nueva guerra sucia en el Ulster. Una posibilidad de la que Bruselas y París tomaron nota rapidamente. El fantasma de una vuelta a los «troubles» convenció a la burguesía británica de mantener abierta a toda costa la frontera norirlandesa. Lo que llevó a sucesivas, e infructuosas, propuestas del gobierno May a la UE que respondía una y otra vez que o bien la frontera se re-establecía en el Ulster o bien Gran Bretaña aceptaba que el Ulster quedara bajo legislación irlandesa y colocaba aduanas a todo lo que cruzara el mar de Irlanda.

Los negociadores UE del #Brexit dejaron claro que o la frontera se re-establecía en el Ulster o bien Gran Bretaña aceptaba que el Ulster quedara bajo legislación irlandesa
Corbyn durante la campaña del referendum del Brexit.
4

El resultado era un rompecabezas irresoluble para el gobierno May. Desde el primer borrador de propuesta de Bruselas quedó claro que Gran Bretaña no puede recuperar el control de las fronteras y afirmar soberanía sobre la regulación comercial, y al mismo tiempo mantener la frontera del Ulster abierta. Como dijo May ayer, permitir que el Ulster se rigiera por leyes irlandesas como proponían provocativamente los negociadores europeos, no podía ser aceptado por ningún político británico. Los «brexiters» tenían que ser sacrificados de la manera menos dolorosa posible alcanzando de paso algún tipo de unión aduanera aunque para ello hubiera que sacrificar a May y colocar en Downing Street a Corbyn. La propuesta de Chequers que ha llevado a la fractura del gobierno de May es la materialización de ésto.

Los «brexiters» tenían que ser sacrificados de la manera menos dolorosa posible alcanzando de paso algún tipo de unión aduanera aunque para ello hubiera que sacrificar a May y poner a Corbyn
Roland van Hauwermeiren, ex-«country manager» de Oxfam en Haití
5

Una decisión tan contundente no se alcanza en el seno de ninguna burguesía a base de «fair play». Ni con los vecinos de la UE, como descubrió pronto la burguesía española en Gibraltar y su imagen internacional, ni en el seno de la propia clase dirigente británica donde la epidemia de escándalos en ONGs señalaba el fuego cruzado entre las facciones en lucha en el poder con tanta claridad o más que las protestas y maldiciones de Boris Johnson. En el camino, a pesar de la labor de «coche escoba» de Corbyn, las fuerzas centrífugas de la pequeña burguesía, estaban lejos de neutralizarse. No puede esperarse que la pequeña burguesía nacionalista escocesa renuncie a su propio juego cuando desde sectores de la burguesía británica se llegó a rogar al Sinn Fein que mandara sus diputados a Wensminster.

La batalla del #Brexit no ha tenido un solo momento de «fair play» ni entre GB y los países UE, entre ellos España, ni dentro de la propia burguesía británica: escándalos de ONGs, ministros...
6

Así llegamos a la actual crisis de gabinete. Sin haber conseguido mover a sus socios/rivales europeos, la única manera en que la burguesía británica tiene para no perder el acceso a los mercados y mantener la soberanía sobre el Ulster y hacer la limpieza étnica de la clase trabajadora británica que había prometido es aceptar en bloque la legislación europea sobre regulación de productos, recaudar aranceles para la UE y renunciar a la libertad de movimientos en la UE. Lo que, evidentemente es inaceptable para los brexiters, como reconocía David Davis tras su dimisión a la BBC.

El #Brexit se saldará con una pérdida irremediable de poder de la burguesía británica -que tendrá que aceptar la regulación UE sin influir en ella- y una «limpieza étnica» dentro de la clase trabajadora en Gran Bretaña
Exportaciones alemanas de automóviles por destino.
7

La última de las razones invocadas por Davis -ha llegado el momento de negociar a cara de perro con la UE y no se puede dar nada de entrada- nos da una pista de lo que viene ahora. Una parte minoritaria de la burguesía británica quiere un «Brexit duro» porque su apuesta es separarse del aparentemente agotado eje franco-alemán y para eso necesita poder firmar sus propios acuerdos comerciales... lo que tampoco podría hacer con un acuerdo basado en Chequers. Por otro lado, la «dureza» de los negociadores de la Unión se ha sostenido hasta ahora por la ausencia de interferencias públicas de los gobiernos. Nadie imaginaba que iba a ser precisamente Alemania quien rompiera esa tónica. Pero la crisis interna de la burguesía alemana, parece impulsar a Seehofer, ministro del Interior y líder de la CSU bávara, a no perder una sola oportunidad de sabotear a una UE diseñada a la medida alemana. Trasluce en realidad el miedo y la falta de entereza de sectores industriales, en especial del automóvil, que tienen un poder inmenso dentro de la burguesía alemana, unos líderes soprendentemente pueblerinos y una dependencia total de los dos grandes mercados anglosajones: EEUU -que se encamina a fijarles un arancel del 20%- y Gran Bretaña, que en caso de un Brexit «duro», cerraría posiblemente su mercado automovilístico.

La guerra comercial con EEUU ha hecho que una parte de la burguesía alemana pierda los nervios y tema tanto o más que la británica un #Brexit «duro»

Notas



1. En teoría porque en realidad el objetivo original de Bruselas, dar una lección ejemplarizante que disuada a las fuerzas centrífugas que atormentan a la UE ya incluso en Italia, empieza a relativizarse en el contexto de una guerra comercial abierta y del estancamiento de la burguesía alemana y su agotamiento para liderar el proyecto europeo.

 
Sígueme en Feedly