Bolsonaro Presidente

Jair Bolsonaro se ha impuesto con amplitud en la segunda vuelta de las presidenciales. Se confirman, ya en el análisis de resultados y las primeras declaraciones de todas las partes, el análisis que hicimos en la primera vuelta y se apuntan tendencias cada vez más preocupantes.

Seguidores de Bolsonaro festejan los resultados esta noche.
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Bolsonaro es la materialización brasileña de la revuelta de la pequeña burguesía que hemos visto dinamitar el aparato político de la burguesía en medio mundo. Su mala relación con «la Folha de SP» y el triunfo arrasador del PSdB en Sao Paulo confirman el disgusto con que el capital financiero y multinacional brasileño ve el ascenso a la presidencia del militar.

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Que su base electoral en Rio haya sido decisiva confirma que sus dos principales vectores de enganche son el pánico a la lumpenización masiva y la desilusión de los sectores de la clase trabajadora que habían sido encuadrados por un PT ligado al aparato económico del estado -en especial el todopoderoso monopolio petrolero estatal- y sus corrupciones. El PT está tan podrido que ni siquiera ha sido capaz de encabezar el ticket antifascista con éxito y muchos dudan ya de su futuro. Bolsonaro no deja de haber recibido el «aval inverso» del lumpen organizado: el Comando Vermelho «prohibió» su propaganda en las favelas y amedrentó a sus activistas y el Primeiro Comando da Capital acabó intentando asesinarle.

Bolsonaro no es del gusto del capital financiero y multinacional brasileño, expresa la revuelta de la pequeña burguesía más miope contra un estado disfuncional y corrupto y el miedo a la lumpenización de los trabajadores
Paulo Guedes el «Chicago boy» de Bolsonaro encargado de satisfacer a la burguesía financiera y multinacional paulista.
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Es inevitable que un cierto dejavu levante las sospechas y defensas de la burguesía paulista. ¿Un militar nacionalista y golpista que gana unas elecciones destrozando al aparato político corrupto de la burguesía nacional? Ya lo vimos antes… en Venezuela. Por eso Paulo Guedes, un Chicago-boy, ha sido su gran avalista hasta el momento mismo de la proclamación de resultados. Bolsonaro garantiza a la burguesía que hará su programa… el mismo que quiere la clase dirigente en todo el mundo: reforma tributaria y ataque a las pensiones.

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A los trabajadores brasileños les viene una nueva oleada de ataques frontales. Temer ya le ha ofrecido llevar al Parlamento la reforma de pensiones durante el periodo de transición de poderes. Hay prisa: el rechazo a tocar las pensiones es mayoritario y aprovechar la confusión post-electoral de los trabajadores puede ser una táctica decisiva para la burguesía brasileña.

A los trabajadores brasileños les vienen ataques cada vez más frontales: Temer ya le ha ofrecido llevar la reforma de pensiones al parlamento durante el periodo de transición.
Pequeños comerciantes cariocas celebran en la calle el triunfo de Bolsonaro entre símbolos nacionalistas.
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A diferencia de Chaves, Bolsonaro no se apoya en la pequeña burguesía emergente de la gestión petrolera, sino en el pequeño comercio, y sus aliados en el poder económico no están entre los financieros, sino entre los ruralistas. Por eso es un facho de libro. Y por eso ve Mercosur y las condiciones sobre las que se negocia un espacio de libre comercio con la UE como un peligro. Las primeras declaraciones tras los resultados, el miedo explícito de la burguesía argentina y la actitud defensiva de la uruguaya son una parte del cuento. La otra: las connivencias con Piñera y la derecha chilena y el rechazo de China. El resultado: Bolsonaro pretende dinamitar desde dentro Mercosur y apoyarse internacionalmente en quienes quieren dinamitar el proyecto europeo alemán: Italia, Hungría… y EEUU.

El apoyo de poder de Bolsonaro está en la burguesía rural y los terratenientes del interior. Su promesa, dinamitar desde dentro Mercosur y apoyarse internacionalmente en quienes quieren dinamitar el proyecto europeo alemán
Todos los generales del presidente: Mourao, Ribeiro Pereira, Ferreira y Ribeiro Souto.
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Unamos el rediseño de alianzas imperialistas con el militarismo evidente del candidato y su entorno. La carrera armamentística que teme Macri y la desestabilización de Bolivia y Venezuela entran de lleno en la agenda, precisamente porque, aun, «no toca» una guerra. Eso sí, Bolsonaro va a ser clave para sentar a medio y largo plazo las condiciones que la harán inevitable.

No es tiempo de guerra, sino de sentar sus bases. Bolsonaro se apresta a alimentar el militarismo, comenzar una carrera de armamentos y desestabilizar Venezuela y Bolivia.
Manifestación en el centro de Sao Paulo contra Bolsonaro en Abril. El «ele nao» (él no) era propuesto hoy mismo como bandera de la oposición por la Folha de Sao Paulo.
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En ese marco de ataques crecientes a los trabajadores, militarización de la vida social y tensiones imperialistas, Bolsonaro va a alimentar inevitablemente el antifascismo del «ele nao» dentro y fuera de Brasil. A los trabajadores brasileños les viene aun más aislamiento y toneladas de nacionalismo democrático. Pero tanto para ellos como para el resto, apoyar a los sectores «democráticos» del capital brasileño o a las potencias vecinas -sean Argentina, Bolivia o Venezuela- es colocarse como carne de cañón disponible para la guerra futura y aceptar los mismos «sacrificios» por el capital nacional que Bolsonaro viene a imponer. No «es él», es el capital nacional el que empuja hacia la pauperización y la guerra. No es un frente común con la misma burguesía que ha sido incapaz de evitar el colapso de su sistema lo que puede ofrecer una alternativa, sino la defensa de las necesidades humanas universales que solo es posible en ruptura con el nacionalismo, en Brasil, en Venezuela, en Argentina y en todo el mundo.

El inevitable bombardeo nacionalista «antifascista», propondrá un frente común con sectores de la burguesía democrática brasileña o sus vecinos. Caer ahí sería aceptar los sacrificios que nos llevarían a la guerra
 
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