Diario de Emancipación

4 razones para no perder el tiempo en el Facebook y el twitter «rojos»

28 de mayo, 2019 · Marxismo> Moral

Uno de los pocos memes que no hace alarde de mal gusto.

Aislados y frustrados por la falta de actividad, no pocos militantes comunistas ven las redes sociales como una forma de canalizar su energía. Pero se equivocan. Obtener quince «me gusta» en un comentario de Facebook dirigido contra un troll stalinista puede inflar su ego, pero no nos acerca ni un milímetro al comunismo.

Presentando discusiones teóricas como «combates» de tongo.

Todos tenemos amigos así. Nos cuentan épicas batallas virtuales como si vivieran en un episodio de «Games of Thrones»; comentan rifirrafes de oscuros grupos marxistas de los años cincuenta como si fuera la cena de Nochebuena; se emocionan por todas las batallas entre «tankies» (stalinistas), «libcoms» (izquierdistas) y «leftcoms», entre «leftcoms» y anarquistas, entre unos «leftcoms» y otros. Les encanta ver y participar en «debates» que no van a ninguna parte, juzgar a los diferentes «personajes», intentar ganar la «batalla de la inteligencia» buscando la cita más demoledora, la insinuación más venenosa, el golpe de ingenio y erudición definitivo… Podemos imaginarlos etiquetando a todos sus amigos para que se «unan» a ellos en la «guerra», imaginándose a sí mismos como la reencarnación de sus referencias y a sus rivales como la némesis de sus ídolos. Pero no es «World of Warcraft», ni una serie de fantasía interminable. Ni siquiera tiene el dudoso mérito de atraer grandes públicos. Viven en twitter, en facebook o cualquier otra red social.

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Es cierto que la discusión y el debate es una parte esencial de la actividad militante. También lo es la crítica (=demolición) de la ideología que nos envuelve. Pero la discusión y el debate tienen un propósito entre compañeros: debe ayudarnos a resolver problemas, a evolucionar, a llegar a un punto de acuerdo para poder actuar juntos y ser útiles al desarrollo de las luchas y, con y en ellas, de la consciencia de clase. ¿Sirven de algo las «batallas épicas» con gente que representa todo lo contrario y cuya moral y objetivos son los opuestos? ¿Aporta algo por poco que sea a la bronca interminable con trolls stalinistas en twitter? ¿Con izquierdistas profesionales o que aspiran a serlo y vivir a sueldo del aparato político del estado?

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La crítica, la demolición sistemática de la ideología que el sistema destila, tampoco es una actividad deportiva, tiene un propósito: traza fronteras de clase que separan lo posible y útil de los caminos cerrados y estériles, aclaran cuáles son nuestras tareas, y que sirven como herramientas para que las luchas reales lleguen más lejos. Si el debate se separa de la actividad práctica, colectiva y ligada al movimiento real, si se convierte en un pasatiempo, en un deporte competitivo o en un juego de rol, deja de tener ninguna utilidad desde el punto de vista de clase. Se convierten entonces en un mero ejercicio gimnástico intelectual que puede servir para reclamar atención, aceptación o mejorar la autoestima, pero deja de estar sostenido por eso que llamamos la moral comunista.

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Lo que hace «importante» una discusión es su utilidad en el proceso colectivo que es el desarrollo de la consciencia de clase. Ese proceso tiene dos dimensiones, la extensión de una consciencia comunista en el curso de las luchas en el conjunto de la clase; y la profundización del aporte de los revolucionarios a través de la construcción -organizativa y programática- de organizaciones aptas, útiles para la lucha de clases.

¿Sirven las discusiones infinitas en redes a extender la consciencia siquiera entre sus espectadores? La clase no se constituye como una agregación de individuos desde sus trayectorias particulares, no es una «confluencia» de experiencias personales o grupales. Desde el punto de vista de clase, lo personal es, simplemente, ajeno. Por eso la consciencia no se extiende a base de proselitismo sino de la lucha de la propia clase, lucha que para prosperar, pone en cuestión todo lo establecido en su práctica. La consciencia aparece entonces como una necesidad de la lucha concreta, no como magia pentecostal ni misionera sobre los individuos.

¿Sirven los rifirrafes en las redes a construir programáticamente una organización apta? Tampoco. Las discusiones programáticas, esenciales para resolver los problemas, no deben ser continuamente abiertas contra personas con las que no nos planteamos trabajar. No hay nada que resolver con los que han demostrado ser trolls, ser deshonestos, o estar al otro lado de la frontera de clase. Discutir por discutir no sólo no tiene sentido, sino que también tiene un efecto desmoralizador. Al no basarse en la actividad práctica y la lucha, todas estas peleas virtuales no producen nada concreto y sin embargo ocupan largas horas y energías que podrían ser mucho más fértiles. Las «batallitas de Internet» ni siquiera son formativas. Planteadas no para construir organización y programa sino para «ganar», muchos de los que participan en ellas discuten de mala fe y distorsionan cualquier cosa con tal de «derrotar a sus rivales», como en el más vulgar y cínico «club de debate» universitario.

¿Quiere todo esto decir que hay que rehuir los debates, que las discusiones apasionadas no pintan nada en la vida militante? En absoluto. Hay lugar para toda la pasión del mundo y para muchas horas de discusión… útil, orientada a resolver diferencias con compañeros para poder trabajar juntos, para vencer «ilusiones» y engaños paralizantes en una lucha. Pero no hay ni un minuto que perder en dar espectáculo a un teatrillo online de izquierdistas aburridos. Obtener quince «me gusta» en un comentario de Facebook dirigido contra un troll stalinista puede inflar el ego del comentarista, pero no nos acerca ni un milímetro al comunismo.

Resumen en tuits

Todos tenemos un amigo que cree «militar» por pasar horas en discusiones estériles en twitter y facebook. Pero tener favs y RTs en réplicas ingeniosas o eruditas en nada sirve al desarrollo de las luchas o la consciencia
La discusión y el debate tienen un propósito entre compañeros: debe ayudarnos a resolver problemas, a llegar a acuerdos para poder actuar juntos y ser útiles al desarrollo de las luchas y, con y en ellas, de la consciencia de clase
¿Sirven de algo las «batallas épicas» con gente con la que no vamos a luchar juntos y cuya moral y objetivos son los opuestos?
La demolición sistemática de la ideología que el sistema destila, no es una actividad deportiva, tiene un propósito: traza fronteras de clase que separan lo posible y útil de los caminos cerrados y estériles para las luchas
Si el debate se separa de la actividad práctica, colectiva y ligada al movimiento real, si se convierte en un pasatiempo, en un deporte competitivo o en un juego de rol, deja de tener ninguna utilidad desde el punto de vista de clase
Lo que hace «importante» una discusión es su utilidad en el proceso colectivo que es el desarrollo de la consciencia. Y ésta aparece como una necesidad de la lucha concreta, no como magia pentecostal o milagro misionero sobre los individuos
Discutir por discutir no sólo no tiene sentido, sino que también tiene un efecto desmoralizador. Las «batallas de Internet» no se plantean para resolver problemas sino para ganar mezquinas batallas de egos
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