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4 básicos que no debes olvidar en el conflicto entre taxis y VTC

24 de enero, 2019 · Actualidad> Lucha de Clases

Los taxistas de Barcelona aprueban acabar sus protestas mientras los de Madrid siguen en pie de guerra. Los medios nos hablan de un «conflicto contra la tecnología», pero la realidad es muy diferente.

1. Por qué «los taxistas» votan en dos urnas distintas

Bloqueo de calles de Barcelona por taxistas movilizados.

Todos estos días la televisión ha repetido imágenes de asambleas de taxistas en las que veíamos dos urnas. Hay dos urnas porque en realidad no existe la categoría «taxista» con unos intereses iguales. Hay taxistas que son propietarios de uno o varios taxis y sus licencias -y votan en en la urna que cuenta de verdad- y hay taxistas que son asalariados suyos que votan si apoyan o no a sus patrones. Entre los conductores de taxis en Madrid 51,89% son propietarios de licencia y 48,11% asalariados.

Los dueños de taxis tienen que invertir entre 130.000 y 150.000€ solo en la compra de la licencia, que no es sino la participación en un monopolio protegido de la competencia. Muchos de ellos las amortizan antes explotando trabajadores. Un trabajador viene a ganar unos 1200€ y dejar como beneficio al propietario unos 1300€ con su trabajo. Es decir, los llamados «taxistas» sonpequeña burguesía protegida por un monopolio de «licencias» que mantiene en la precariedad a un número igual de asalariados. Hay dos urnas porque las movilizaciones de taxistas no son en realidad «huelgas» como dicen los medios, sino cierres patronales.

En las asambleas de taxistas hay dos urnas porque no son «huelgas» como dicen los medios, sino cierres patronales. Hay propietarios que votan si se trabaja o no, y trabajadores que expresan apoyo a sus patrones

2. El monopolio VTC no es de Uber y Cabify

Los protagonistas de la «normalización» del sector VTC como monopolio verticalizado (con Cabify).

Estando el negocio del taxi protegido como un monopolio de los dueños de licencias otorgadas por el estado, el estado creo otras licencias para los chóferes de toda la vida, los «Vehículos de Turismo con Conductor» («VTC»). Estas licencias, por motivos obvios resultaban muchísimo más baratas y rara vez pasaban de unos cientos de euros.

Cuando Uber y Cabify crearon un sistema de reservas que permitía a cualquiera ofrecerse como chófer para cualquier tipo de trayecto y los taxistas protestaron, el estado recordó que solo los propietarios de licencias VTC podían ofrecerse como chóferes, ya fuera en las páginas amarillas o usando una app. Lo que cambió entonces fue que con los números que exhibían unos y otros, pequeños especuladores primero y el gran capital después se percataron de que esas licencias iban a aumentar su valor. Comenzó un gran movimiento de capitales encabezado por «grandes figuras» de la burguesía española con 200 millones de un fondo buitre detrás. Uber y Cabify quedaban así como mera plataforma comercial de un nuevo monopolio que explota el trabajo de miles de chóferes, esta vez propiedad del capital financiero.

Uber y Cabify no son sino una plataforma que consigue viajeros a un nuevo monopolio que explota el trabajo de miles de chóferes y que es propiedad esta vez del gran capital financiero

3. No es un problema tecnológico

Si vemos qué ha pasado en estos años entre el taxi y las empresas VTC, el resultado dista mucho de ser «la tecnología contra los taxistas». Lo que hemos visto es que aprovechando un nuevo canal de comercialización, el capital se concentra y absorbe a un sector controlado hasta ahora por la pequeña burguesía. Uber y Cabify simplemente mostraron a la burguesía española que podía colocar masivamente capitales hasta ahora improductivos en licencias y automóviles. La capitalización masiva por supuesto que reduce la tasa de ganancia y produce salarios medios más bajos. Los trabajadores se ven cada vez más precarios.

El conflicto taxi-VTC no es la batalla de la pequeña burguesía taxista defendiendo un monopolio legal frente a «la tecnología» sino frente al gran capital organizado que quiere absorber su negocio.

4. No hay un conflicto entre trabajadores, sino entre patrones apoyados por sindicatos y partidos

Un ballet orientado a crear un conflicto entre trabajadores para legitimar una competencia entre capitales.

Ya hace unos meses, la nueva alianza de burguesía española, Uber y Cabify se dedicó a organizar movilizaciones con la idea de neutralizar el coste político de enfrentarse a los taxistas y asegurarse una regulación a medida. Para conseguirlo tenían que mostrar a los trabajadores apoyándoles. Y para eso están siempre los sindicatos, siempre atentos a vender que las necesidades del trabajador dependen de los dividendos del patrón. Y como aquí hay dos patronales en conflicto -la de taxistas y la de VTC- pasaron a dividirse apoyando cada uno a uno de los grupos burgueses en competencia: UGT al nuevo monopolio, CCOO a la pequeña burguesía del taxi.

En realidad es un avatar más de lo que vemos en Venezuela o en Cataluña: nos invitan a ser carne de cañón en batallas entre distintos grupos y facciones del capital. Pero, como vemos estos días en México, no tiene por qué ser así. Los trabajadores podemos y debemos luchar por nuestros propios intereses frente al ansia destructiva del capital. No va de tomar bando, va de afirmar que los trabajadores tenemos uno propio frente a cualquier grupo patronal. Todos ellos nos traen más precarización, peores salarios y condiciones de vida y trabajo; y en conjunto… cada vez más guerras y destrucción. Es hora ya de pararles los pies

No hay un conflicto entre trabajadores, sino entre facciones del capital apoyadas por sindicatos y partidos. No va de tomar bando, va de afirmar que los trabajadores tenemos uno propio frente a la precarización que imponen unos y otros

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