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3 claves sobre la Constitución vista hace 40 años

7 de diciembre, 2018 · España> Historia

Ejemplares de la Constitución buzoneados por todo el país en 1978
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La Constitución del 78 se aprobó en medio de un ascenso de la combatividad de clase y como parte de una estrategia global de la burguesía española que buscaba descarrilarla y reencauzarla hacia el redil sindical.

Asamblea de trabajadores de Roca en «huelga salvaje» -rechazada por los sindicatos- en 1977.

La monarquía constitucional ya es una realidad. Lo iniciado por el verdugo Franco y prolongado por los nuevos demócratas se ha cumplido muy a pesar de la magnífica combatividad de que ha dado pruebas el pueblo en general y el proletariado en particular. Este inicia sus luchas ya en pleno régimen franquista con un carácter marcadamente clasista. Las huelgas, protestas y manifestaciones se sucedieron una tras otra. 40 años de despótica y sangrienta dictadura no logra ron resquebrajar en nada su rebeldía y su espíritu de lucha. En su haber cuenta con movimientos ejemplares. Asturianos y Vascos inauguran un ciclo de huelgas importantes. Es en Asturias que se crean y fecundan en casi todo el territorio las conocidas comisiones obreras. Comisiones que surgen espontáneamente y por propia iniciativa de los obreros mismos. Posteriormente es el método de lucha denominado asambleario el que se impuso: Cataluña, León, Burgos, Palma, Valladolid, Euskadi, Galicia, etc. Toda protesta o manifestación de descontento anterior a la establecida democracia tuvo un carácter netamente clasista. Vitoria reclamó todo el poder a las asambleas, Roca precisó la emancipación de los obreros es obra de ellos mismos, los sindicatos están en defensa del sistema. Lo importante de las huelgas asamblearias es que éstas ofrecían todas las características para crear las bases de un movimiento general y bien coordinado que desbaratase los proyectos del poder (hoy ya imperante) y orientase sus luchas abiertamente hacia la toma del poder.

La Constitución del 78 se aprobó en medio de un ascenso de la combatividad de clase y como parte de una estrategia global de la burguesía española que buscaba descarrilarla y reencauzarla hacia el redil sindical

Ejemplares de la Constitución buzoneados por todo el país en 1978

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Uno de cada tres ciudadanos se abstuvo en el referéndum mostrando un descontento que ahora nos ocultan.

La campaña pro-referéndum constitucional pecó de optimista. Los parlamentarios —de derecha e izquierda— preveían una votación masiva y un sí rotundo que demostrase el apoyo incondicional del país a su Constitución. El 6 de Diciembre demostró la falsedad de este optimismo. La constitución fue aprobada como es normal que desde hace años se apruebe todo en España. Los síes fueron mayoría.

Pero la abstención presenta un estremecedor (y para nosotros prometedor) 33% a los atónitos ojos de los líderes políticos. Ni en tiempos del franquismo el tanto por ciento de abstención había sido tan importante y, sobre todo, tan demostrativo de una indiferencia ante la política gubernamental.

La democracia de los partidos y centrales sindicales esperaba un apoyo mayor por parte del pueblo. Su fracaso ha sido importante. Importante porque ha demostrado que gran parte de los trabajadores están hartos ya de promesas incumplidas, de pactos mafiosos entre sus delegados sindicales y la patronal, entre sus líderes políticos y los representantes del Estado. Indiferencia, desengaño y apatía son las tres motivaciones más importantes de ese 33%; ellos y la consciencia de muchos que no pueden aceptar ni a las buenas ni a las malas el abandono de la lucha de clases como único medio para en un primer paso obtener del capital mejoras sociales, mantenerlas después y prepararse así y solo así a destrozar este tipo de sociedad, la capitalista, de la que es expresión a nivel de poder represivo un gobierno en el que cierran filas desde los representantes del capitalismo mundial a los falsos representantes de unos intereses de clase que nunca, nunca han pensado defender.

Uno de cada tres ciudadanos se abstuvo en el referendum sobre la Constitución del 78 mostrando un descontento que ahora nos ocultan.

Los pactos de la Moncloa fueron firmados por los partidos políticos de izquierda recién legalizados -PSOE, PSP, PCE- el nacionalismo y el gobierno, pero la clave fue su firma posterior por CCOO y UGT, encargados de vender el «sacrificio de los trabajadores por la democracia».

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Todo el diseño del aparato político buscaba crear un «nudo corredizo» entre un gobierno que, ante los primeros síntomas de crisis económica global de la posguerra, organizaba los primeros ataques a las condiciones de vida de los trabajadores y una oposición político-sindical centrada en reencauzar hacia la defensa del capital nacional la resistencia de los trabajadores.

Como revolucionarios que hemos preconizado la abstención, nosotros nos regocijamos de ese resultado electoral. En él y en sucesos como los de Parla y las huelgas desmandadas de los sindicatos, se descubre una gran reserva de combatividad, ideológicamente desorientada, metida en una situación difícil, pero no derrotada, pues en realidad todavía no ha entrado en liza, por sus propios fueros y objetivos. Una cosa no admite duda, sin embargo: para salir del atolladero actual, le es imperativo desembarazarse del patronato que la falsa izquierda ejerce ley mediante, sobre cada uno de sus movimientos. De lo contrario, el nudo corredizo formado por gobierno y «oposición» político-sindical ira apretándose hasta inmovilizarla en el atolladero actual; la perspectiva revolucionaria volverá a perderse en la lejanía como a finales del decenio 30, y los explotados se verán en la imposibilidad de declarar siquiera una huelga sin escolta sindical.

Todo el diseño del aparato político buscaba crear un «nudo corredizo» entre el gobierno y una oposición político sindical centrada en reencauzar hacia la defensa del capital nacional la resistencia de los trabajadores

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