La implosión venezolana

Saqueos en los primeros días del año 2018 en Bolivar, Venezuela.
La crisis venezolana, tras el episodio del pernil ha entrado en una fase de descomposición acelerada que va mucho más allá de la quiebra técnica del estado y el colapso de servicios básicos.

La situación hoy por hoy es de verdadera urgencia humanitaria. El gobierno está intentando distribuir raciones de comida en las barriadas sub-proletarias para contener minimamente la tensión y los saqueos. Intenta contener también como puede la migracion masiva y la descomposición de las fronteras imponiendo los primeras prohibiciones de vuelos y viajes a las islas más cercanas. Pero la verdad es que decenas de miles de trabajadores están saliendo del país y migrando a donde pueden ante el desespero de unos salarios que dan para comer durante menos de una semana al mes.

Ni siquiera cabe hablar de huelga en unas condiciones así. En la industria del petróleo los trabajadores simplemente rehusan trabajar en condiciones de hambre en las que llegar al trabajo resulta poco menos que heroico ante la ausencia de medios de transporte. Los siguientes vídeos son de Petrocedeño, al Sur del Tigre, la empresa ligada a PDVSA que explota la mayor parte de la faja del Orinoco.

No hay terreno de clase

Trabajadores de Petrocedeño -una de las filiales de Pdvsa- tocaron cacerolas como medida de protesta.
Todo este panorama con las calles desiertas, la violencia en máximos, el abastecimiento en colapso, centenares de pequeñas empresas cerradas y la producción petrolera cayendo en picado, no puede sino ahondar el desespero. Las fantasías de un cambio en la situación se confunden con la expectativa de un nuevo Caracazo. Pero hoy un movimiento así solo significaría más caos, al punto de convertir posiblemente a Venezuela en un nuevo estado fallido.

A día de hoy, con el estado y la producción cayendo en barrena, no hay ya un curso de acción claro y accesible capaz de revertir la situación. Las movilizaciones están movidas por angustia y hambre auténticas, movilizan rabia legítima, pero ni por esas afirman un terreno independiente de clase.

Protestas en Caracas por la ausencia de cestas de navidad subvencionadas con el tradicional «pernil» (pata de cerdo).
¿Qué es, en lo concreto, tal terreno? Tenemos un ejemplo las pasadas semanas: cuando los trabajadores iraníes claman contra las intervenciones militares del estado iraní en otros países, afirman un terreno de clase que hace que sus huelgas y movilizaciones pongan directamente en cuestión al estado iraní y cuanto le ha llevado hasta ahí. Vayamos a algo más pequeño: cualquier huelga por las condiciones de vida que no se deja atrapar por el discurso de «salvar la empresa». Ahí también hay un terreno de la clase firme: la afirmación de las necesidades humanas universales por encima de las necesidades del capital. A partir de ahí vienen otro tipo de cuestiones (cómo organizar las luchas por ejemplo), pero un mundo nuevo se hace posible.

Eso no se da hoy en Venezuela. La idea de que los salarios deberían poder cobrarse y que debería de poderse llegar al trabajo y comprar alimentos en el mercado, es la descripción de la «normalidad burguesa», de un capitalismo que explota rutinariamente. Algo que puede parecer ya un lujo inaccesible a la mayor parte de los trabajadores venezolanos pero que firmaría cualquier burgués del mundo. Pero lo que nos llega va aun más allá.

Los siguientes hilos de mensajes están corriendo en este momento por las redes móviles de trabajadores directos de PDVSA. En ellos los trabajadores toman como propios los problemas del capital y amenazan con dejar de trabajar porque «no es posible mantener la producción en las condiciones actuales». Es decir, no por sus propias necesidades y las de la población, sino por las necesidades del capital:

PDVSA SAN TOMÉ: Van 500 renuncias del personal. Todos los equipos están parados y son muchos los trabajadores que están anunciando que van a renunciar. Denuncian que no es posible mantener la producción en las condiciones actuales.

FAJA PETROLÍFERA: Eliminaron el comedor del Edificio principal de PDVSA SERVICIOS, las comidas empacadas son altamente racionadas, sólo para pocos. Denuncian que les sirven arroz con una ala de pollo.

CAOS EN PDVSA:

  1. En las áreas de producción no se ha invertido en mantenimiento de las plantas compresoras y bombeo. No tienen repuestos ni aceite para motores, lo que condujo a su parcial o total paralización. Ej. Campo Dación, Distrito San Tomé; Campo Oritupano -Leona, etc.
  2. Los pozos productores parados porque no hay tubería de producción para completarlos. En algunos casos le sacan la tubería a un pozo activo de baja producción para metersela a otro de mayor producción. Es tubería vieja con corrosión que falla a los pocos días de instalada.
  3. No hay equipos de levantamiento artificial, es decir, no hay Bombeo Mecanico, Bombeo de Cavidad Progresiva (BCP) ni mucho menos Equipos o bombas Electrosumergibles (BES). No hay contratos con proveedores de estos equipos. Sólo empresas Mixtas con socios pueden adquirirlas.
  4. Muchas empresas de capital mixto de PDVSA (ECM) paralizadas porque no hay ningún tipo de contratos para operar, es decir, no hay contratos de vacuums, ni de bateas, tanques, no hay transporte de personal ni taxis.
  5. Denuncian que ninguna contratista quiere participar cuando los invitan a licitar servicios porque saben que las tarifas no les permiten sostener sus operaciones y tambien saben que si les pagan es dentro de 6 meses a 1 año cuando ya esos ingresos están devaluados. Denuncian que no hay contratos de transporte para llevar a los trabajadores a las áreas operativas. Las contratistas no quieren licitar. Por tanto, no hay quien opere las plantas y equipos.

En PDVSA denuncian que hay personal sin pericia ni experiencia operacional en todas las áreas operativas y todos los procesos productivos. Para colmo hay miles de reposeros. La producción está condenada al fracaso.
CAOS EN PDVSA: No hay equipos de completación para los pozos, por ejemplo, empacaduras de producción, camisas, equipos de empaque con grava, grava sintética, etc.

PDVSA No hay taladros suficientes activos para preparar pozos de alto potencial de producción para entrada de equipos como Colied Tubing, Well Testing etc. Cientos de pozos paralizados esperando por entrada de equipos especializados. Esto genera una diferida de crudo de miles b/d

PDVSA – FAJA: No hay cabezales de producción para instalar en los pocos pozos completados. La producción está comprometida. Dicen que la Alerta Roja no sirve para nada.
Existe una terrible Planificación por parte de Optimizacion PDVSA al momento de asignar pozos para reactivar. Intervienen con equipo de Rehabilitación pozos con potencial de producción de 50 BPD cuando hay pozos con potencial de producción de más de 500 BPD.

PDVSA: No hay equipos de protección personal (EPP) para los trabajadores.

PDVSA: Personal de ingeniería sin la suficiente preparación tecnica, lo que repercute negativamente en los procedimientos técnicos para una correcta selección, procedimiento de trabajo y optimización de los yacimientos.

PDVSA: Solo entre el 10 y el 15 % del personal de PDVSA está capacitado. Vienen de empresas transnacionales como Weatherford, Halliburton, Shlumberger, etc.

El coste del encuadramiento nacional

Ninguna lucha bajo una bandera nacional llevará a nada que no sea más miseria y desomposición. La nación y el nacionalismo son la primera cárcel de la que hay que salir.
La pregunta obvia es por qué los trabajadores venezolanos no están pudiendo afirmar un terreno independiente de clase.

El capitalismo venezolano está llegando al colapso tras una larguísima crisis de casi un siglo. Ha conocido en ese periodo todas las variaciones posibles sobre un mismo tema: la «unidad nacional» con la burguesía, desde Pérez Jiménez a Chávez pasando por el turno democrático entre socialdemócratas y democratacristianos. Ninguna forma de gobierno, ninguna facción burguesa, ha conseguido ganar para el capital venezolano una mínima independencia. Es sencillamente imposible. Venezuela es un buen ejemplo de la imposibilidad de un proyecto nacional viable bajo el capitalismo del último siglo.

Y, sin embargo, este verano pasado partes centrales de la clase trabajadora venezolana tomaron partido por unos u otros en la batalla entre gobierno y oposición. La impotencia y la desesperanza de hoy es el resultado de haber caído en aquella trampa nacionalista: elegir entre dos facciones, a cual más «patriótica», de la burguesía venezolana, entre chavismo y oposición, no podía significar otra cosa que el desarme de la única fuerza social potencialmente capaz de afirmar en todo el mundo una alternativa a cien años de desastre capitalista.

La impotencia y la desesperación de hoy es el resultado de haber caído en la trampa nacionalista: elegir entre dos facciones, a cual más «patriótica», de la burguesía venezolana, entre chavismo y oposición

Lecciones

En Polonia las manifestaciones a favor y en contra de las tendencias autoritarias del gobierno exhiben el mismo nacionalismo… como en Venezuela… o en Cataluña.
La realidad nos enseña cada día que no hay facciones «progresistas» posibles en un capitalismo que es cada día más incapaz de ofrecer progreso alguno. Por eso apoyar a alguna de las partes en las batallas internas de la burguesía y la pequeña burguesía, sea bajo la forma de la «liberación nacional», la «regeneración democrática», el proteccionismo o el antifascismo, nos desarma por igual.

Pero de la implosión venezolana -que posiblemente se acelere dramáticamente en este 2018- debemos aprender una lección: caer en la trampa de elegir entre facciones burguesas no queda sin consecuencias. No es algo que tenga fácil remedio una vez se ha cruzado la línea. Porque si dejamos las manos libres a la burguesía, en cualquiera de sus facciones, lo que sigue son los «sacrificios» por la nación y estos a su vez son el preludio -antes en los países débiles, después en los centrales- de la guerra o el colapso. Y en ese camino de descomposición pueden desaparecer las condiciones mismas de una respuesta de clase.

La implosión venezolana nos enseña que elegir entre facciones burguesas no queda sin consecuencias: conduce a «sacrificios» y desastres que bien pueden hacer imposible una reacción de clase después

Por eso fue tan importante el abstencionismo de los trabajadores en la huelga fake nacionalista del 3 de octubre en Cataluña, por eso no caben las medias tintas con los movimientos «bolivarianos», «progresistas», nacionalistas o de «izquierdas» pretendidamente socialistas. En el capitalismo actual, en el que las contradicciones fundamentales del sistema se tensan hasta el límite y la guerra es un fantasma permanente, no hay segundas oportunidades.

No caben las medias tintas con los movimientos nacionalistas de «izquierdas». En el capitalismo actual, en el que las contradicciones fundamentales se tensan hasta el límite no hay segundas oportunidades para los trabajadores.

Sobre los orígenes y desarrollo de la crisis venezolana lee también «¿Tiene Venezuela futuro?»