Cómo salir del «día de la marmota» de las elecciones catalanas

Ningún partido del Parlament va a defendernos del machaque, la precarización y la exclusión. No es cuestión de lenguas ni de patrias, es cuestión de clase. Para salir del día de la marmota en el que viven la burguesía española y la pequeña burguesía independentista catalana, tenemos que salir del redil de la nación, el «pueblo» y la «ciudadanía».

Puigdemont viendo los primeros resultados electorales desde Bruselas.
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Ayer se celebraron elecciones catalanas. La participación fue inusualmente alta. El independentismo dio todo de sí y consiguió 50.000 votos más. Los «unionistas» se tiraron a tumba abierta para movilizar los barrios obreros y consiguieron arrastrar a las urnas a miles de trabajadores normalmente abstencionistas. El balance final ha sido un varapalo para la burguesía española. Puigdemont, desde Bruselas ha declarado feliz: «el estado español ha sido derrotado». Y es cierto: darle la vuelta al resultado utilizando la prisión preventiva de electos independentistas solo serviría para ahondar la deslegitimación del estado. Utilizar de nuevo el 155 «dentro de tres meses» como ha sugerido el candidato del PP, Albiol, sería aun peor. Pero la pequeña burguesía independentista tampoco tiene capacidad para llegar más allá de la independencia fake de la que viene. Decir que su victoria servirá «para hacer un poco más realidad la república», como ha hecho Rovira, la candidata de ERC, lo deja claro. Lo que demuestran sus declaraciones, con las de Albiol y Puigdemont es la impotencia de cada una de las dos partes para imponerse o seducir a la otra. Ni la burguesía española ni la pequeña burguesía catalana saben salir del «día de la marmota» en el que se han metido ellos solos.

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Lo que estamos viendo en Cataluña no es ajeno a lo que ocurre en muchos otros lugares, dentro y fuera de España. Tras diez años de crisis la burguesía no sabe ni satisfacer ni contener a la pequeña burguesía. Ésta, que normalmente es su panegirista y su aliado, es a día de hoy una fuerza sin Norte, reaccionaria y utópica a la vez, puro veneno para los trabajadores y una nueva fuerza centrífuga para la burguesía nacional y el estado.

Por todos lados la burguesía tiene cada vez menos capacidad para contener a una pequeña burguesía cada vez más reaccionaria y utópica, convertida en veneno para los trabajadores y en peligro para el estado
Manifestación por el «derecho a decidir»
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En la fase actual del movimiento de clase, los trabajadores no existimos todavía como sujeto político independiente. Todo el «procés» ha ido, una y otra vez, de aprovechar esa ausencia e intentar encuadrarnos, bajo una bandera o bajo otra. Por el momento sin ningún éxito decisivo. Ese fracaso de ambas partes para obtener un encuadramiento patriótico, ha sido importantísimo. La única opción que tenía el independentismo para escalar el conflicto era mostrar esa capacidad de encuadramiento y comprometer en su causa a un imperialismo adverso al eje franco-alemán (¿Gran Bretaña? ¿EEUU?), forzando al estado español a aceptar la derrota o comenzar una guerra. Su modelo llegado a ese punto, ya lo han dicho muchas veces, era el esloveno o el croata. Es decir haber aceptado el encuadramiento en uno u otro bando nos hubiera llevado probablemente al sacrificio en los altares de ambas patrias.

Ningún partido del Parlament va a defendernos del machaque, la precarización y la exclusión. No es cuestión de lenguas ni de patrias, es cuestión de clase.
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La movilización y la presión para llevar a votar a los trabajadores en estas elecciones ha sido el único éxito reseñable de la burguesía española. Para conseguirlo sus representantes políticos tuvieron que romper un viejo tabú que formaba parte del «consenso catalán», es decir del «contrato social» entre la burguesía española y la pequeña burguesía catalana: denunciar la opresión cultural y lingüística que sufren la gran mayoría de los trabajadores. Era una apuesta arriesgada: la coincidencia entre clase y lengua es demasiado cercana como para que no lo sea. A cambio tampoco han obtenido un encuadramiento como hubiera supuesto la huelga del tres de octubre para el independentismo. El voto por definición exige tan poco compromiso que es secreto y, por otro lado, no hemos visto precisamente grandes manifestaciones de entusiasmo en las calles.

¿Y ahora?

Inés Arrimadas celebra el triunfo de C’s como candidatura más votada.
No cabe duda de que muchos trabajadores votaron a C’s ayer como forma de mostrar su hastío ante la negación que la pequeña burguesía catalana independentista hace de los trabajadores hispanoparlantes -que son la gran mayoría en las zonas de alta concentración industrial- y que se ha exacerbado a lo largo del procés. Pero en esa negación rabiosa, los aspectos lingüísticos y culturales son solo la punta del iceberg. La división «nacional» o lingüística, las «identidades» y las «pertenencias», no son más que una forma más de excluirnos e intentar dividirnos generando una estúpida sensación de superioridad en esa pequeña burguesía cada vez más desesperada. En lo sustantivo, ese ninguneo, ese ataque permanente, no se diferencia en nada del que C’s y todos los demás partidos preconizan en sus programas económicos y ejecutan allí donde gobiernan. No es cuestión de lenguas ni de patrias, es cuestión de clase.

Huelga de MacDonalds este año en Gran Bretaña. La precariedad y la explotación son universales y universal es la lucha en contra y el sistema que las superará.
Puede que muchos trabajadores en Cataluña se den cuenta de éso ahora. Aunque no se lo van a poner fácil. La burguesía en todas sus formas y sabores nacionales quiere que nos sintamos derrotados y nos van a bombardear con derrotismo en los próximos días, semanas y meses. Solo una cosa podría marcar la diferencia. La aparición, no solo en Cataluña, sino en toda España, de luchas independientes que, por localizadas o «pequeñas» que pudieran parecer, visibilizaran que la clase puede luchar bajo su propia bandera, y alimentar una conversación fuera del redil de la nación, el «pueblo» y la «ciudadanía».

El objetivo que hemos de tomar es visibilizar que nuestra clase puede luchar de forma independiente y alimentar una conversación fuera del redil de la nación, el pueblo y la ciudadanía