Cómo viene 2018

Nadie preveía de 2017 otra cosa que un centenario triste, copado por el bombardeo anticomunista de los medios.

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Los restos de la pequeña burguesía agraria en Cataluña.
Proliferaban ya sin embargo movilizaciones locales que, sin tener carácter de clase, dieron espacio a la búsqueda de un terreno nuevo por los trabajadores. Se trató de movilizaciones y protestas contra reformas urbanas, el cierre de infraestructuras sanitarias o simplemente el desempleo generalizado. Su espacio fue la ciudad y por tanto «el pueblo», esa mezcla indiferenciada de intereses entre la pequeña burguesía y los trabajadores. Un terreno necesariamente difícil en un momento en el que la pequeña burguesía está cada vez más disparatada y reaccionaria. Y no solo en España, donde la «independencia fake» catalana perdió su oportunidad de llevarnos a una guerra civil al ser incapaz de encuadrar a los trabajadores, sino en todo el mundo donde representa cada vez más una fuerza centrífuga que amenaza al estado. La burguesía y el estado, sintiéndose amenazados cada vez más por el peligro inmediato, han ido visibilizando lo que durante años ha negado, la existencia de la clase trabajadora a la que intenta maneter alejada de la pequeña burguesía. Es una contradicción que posiblemente esté en el centro de la vida social y política en 2018: para enfrentar las fuerzas centrífugas de la pequeña burguesía, la burguesía de estado va a tener que apelar de forma cada vez más directa a los trabajadores cuyas condiciones de vida quiere atacar.

Para enfrentar las fuerzas centrífugas de la pequeña burguesía, la burguesía va a tener que apelar de forma cada vez más directa a los trabajadores cuyas condiciones de vida quiere atacar.
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Manifestación espontánea contra el alza de precios y el desempleo en Kermanash
Había sin embargo desde principios de año un rumor sordo de fondo: pequeñas huelgas que salían del marco sindical tradicional y triunfaban, un crecimiento de las redes informales en las que madura la conciencia de clase y pequeños grupos militantes de nuevo tipo aquí y allá. Y a fin de año… movilizaciones de masas y huelgas fuera del aparato sindical-estatal en Kurdistán iraquí e Irán. La clase empieza a despertar y mostrar su tendencia a actuar políticamente de forma independiente, por encima de fronteras nacionales, lingüísticas y étnicas en un lugar que es el centro del conflicto imperialista global.

La clase empieza a despertar y mostrar su tendencia a actuar políticamente de forma independiente, por encima de fronteras nacionales, lingüísticas y étnicas en un lugar que es el centro del conflicto imperialista global.
Misil iraní lanzado por los rebeldes yemeníes interceptado en Riyad (Arabia Saudí) por sus sistemas de defensa antimisiles.
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No es menor que este primer despertar se produzca a ambos lados de la frontera kurdo-iraní. Irán es el país con mayor concentraciones obreras de Oriente Medio, uno de los puntos calientes del conflicto imperialista mundial en un momento en el que la divisoria entre la guerra comercial y la militar se hace cada vez más borrosa. De hecho, la nueva doctrina es la de la guerra comercial total: concentrar bajo un única estrategia el poder político, económico y militar -incluyendo las armas nucleares- para renegociar la globalización desde la fuerza.

La nueva doctrina es la de la guerra comercial total: concentrar bajo un única estrategia el poder político, económico y militar -incluyendo las armas nucleares- para renegociar la globalización desde la fuerza
Evolución del PIB español desde 1960. Pocas cosas pueden describir mejor el colapso del capitalismo en España y su incapacidad para seguir desarrollando las capacidades productivas.
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Y es que la situación económica sigue siendo desastrosa. El capital no encuentra manera de salir adelante sin atacar de forma cada vez más directa a los trabajadores y tensar la situación hacia la guerra. Valga de ejemplo la economía española de lo que «crecimiento» quiere decir en estos días para la burguesía. A poco que rasquemos en los datos el «milagro español» se descubre como precarización, pobreza, paro, destrucción de capacidades y descapitalización productiva. El capital solo consigue mejorar cifras allá donde es capaz de arañar mercados a los vecinos e imponer condiciones cada vez más draconianas a los trabajadores. La violencia «hacia fuera» del militarismo tiene su correlato «nacional» en el desarrollo autoritario del estado porque la causa es la misma: un capitalismo asfixiado que a duras penas puede mantener cohesionada a la sociedad. El desarrollo hacia el autoritarismo de Venezuela, Polonia, Miamar o la América de Trump, tienen mucho más en común que de divergente.

El «milagro español» no es más que precarización, pobreza, paro, destrucción de capacidades y descapitalización productiva. No es una excepción: el desastre económico se acompaña en todos lados de pauperización, militarismo y autoritarismo.

¿Qué esperar de 2018?

2018 no puede traer otra cosa que una agudización de las tendencias militaristas y belicistas en la política imperialista y de la precarización en la interna. El capital no solo no puede ofrecer ya un futuro a la Humanidad es que cada vez le cuesta más engañar a la sociedad con que alguna vez va a poder volver a hacerlo. Así que, sin duda, la pequeña burguesía seguirá mostrando tendencias centrífugas cada vez más estridentes y reaccionarias. Y la clave estará en la clase trabajadora, el gigante dormido que parece estar abriendo un ojo. Si vuelve a cerrarlo y sumirse en el sueño, la Humanidad avanzará hacia donde el capitalismo le empuja: la guerra, la descomposición y la barbarie. Si somos capaces de abrir los dos y empezar a levantarnos, 2018 se convertirá en un año memorable.